Costoso error en pautas salariales

Equivocada visión sindical, debilidad del gobierno y freno al combate a la inflación: eso deja el cambio en la pauta salarial.

Equivocada visión sindical cortoplacista, debilidad del gobierno y freno al combate a la inflación son las perniciosas comprobaciones que deja el nuevo cambio a las pautas para convenios salariales aceptadas por el Poder Ejecutivo. Es lógico que el PIT-CNT presione por mejorar el poder adquisitivo de los ingresos de los asalariados (y que además reconozca que se equivocó cuando señaló que las viejas pautas traerían pérdida de salario cuando las cifras a setiembre muestran un crecimiento del salario real). Pero el camino idóneo para lograrlo no es a través de aumentos salariales que generen incrementos de precios, que a su vez llevan a nuevos ajustes de ingresos en un círculo vicioso que el país ya ha sufrido varias veces. Más beneficioso para los trabajadores son los aumentos por productividad, que aunque en el mediano plazo sean menos ambiciosos, serán más estables porque contribuyen a derrotar la inflación, que es su peor enemigo.

La buena salud de toda economía exige la estabilidad de precios que solo se logra con una inflación muy baja. La medición anualizada a octubre del 8,45% no solo es excesiva, sino que su leve tendencia reciente a la baja es producto de la caída del dólar, factor ocasional que puede cambiar en cualquier momento, por impacto de la sorpresa electoral en Estados Unidos. En este escenario es inconveniente que el gobierno haya cedido a las presiones sindicales, al autorizar en las decenas de convenios estancados en los Consejos de Salarios ajustes anuales por inflación pasada y su inflacionario traslado a precios en algunas áreas. Las pautas salariales que el gobierno fijó hace más de un año establecían convenios por dos años, con ajustes nominales de salarios según la realidad de cada sector de actividad. Estos lineamientos estaban dirigidos a corregir el fracaso de la administración Mujica cuando intentó que los sindicatos aceptaran ajustes nominales, en vez del viejo esquema de correctivo por inflación pasada más un porcentaje de recuperación salarial.

Pero el PIT-CNT rechazó la vía razonable de desindexación, programada ahora para bajar la inflación, y finalmente volvió a torcerle el brazo al gobierno, como ha ocurrido desde que el Frente Amplio llegó al poder hace más de una década. Desde que la primera administración Vázquez restableció los Consejos de Salarios, el músculo sindical ha ido en aumento ante gobiernos temerosos de enfrentar la conflictividad laboral. Las nuevas concesiones que acaban de concretarse derivaron directamente de la amenaza de otro paro general y de huelgas en algunos sectores, señal de flaqueza que golpea a la capacidad del gobierno para encauzar al país en la ruta de la solidez económica. Lo debilitan aún más las notorias discrepancias dentro del Poder Ejecutivo, con un Ministerio de Trabajo proclive a las demandas sindicales y un Ministerio de Economía que programa medidas adecuadas pero es incapaz de implementarlas o de mantenerlas.

El sector empresarial ha reaccionado en general contra las nuevas concesiones al PIT-CNT, argumentando con razón pérdida de credibilidad del gobierno al acordar con la central sindical un cambio drástico en las reglas de juego, del que fueron excluidos los empleadores pese a ser la tercera pata del Consejo Superior Tripartito. La complacencia gubernamental con las exigencias sindicales y el error del PIT-CNT al imponer un curso que a la larga golpea el poder adquisitivo de los salarios, por corrosión inflacionaria, concurren en una costosa amenaza tanto a la capacidad productiva como a la conveniencia de los propios trabajadores.


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El Observador

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