Creadoras de mundos ficticios

Salva Estudio de Vestuario, la primera store de vestuario, con prendas de todas las épocas y estilos al servicio de la publicidad y el cine

Por Cecilia Amorín

Detrás de una de las tantas puertas de la calle San Salvador, en el barrio Parque Rodó, crece inadvertidamente la primera store de vestuario en Uruguay. Las paredes de la casa albergan vastos percheros que sostienen una inmensa colección de prendas de distintas épocas y estilos, los estantes de los placares que se extienden de pared a pared soportan el peso de cientos de zapatos y allí Alejandra Rosasco y Lucía Mangado lideran Salva Estudio de Vestuario.

Pioneras

Cuando Alejandra salió al mercado como diseñadora industrial textil, se trataba de una carrera inexplorada en Uruguay. Corría el año 1992, las empresas no conocían la profesión y ella recién graduada salió a la lucha de buscar su camino y abrirse puertas. Comenzó diseñando colecciones y poco tiempo después montó una boutique junto a una colega.

El proyecto culminó un par de años más tarde, cuando Alejandra recibió la llamada de uno de sus profesores para trabajar como vestuarista en un rodaje publicitario, plantando así la semilla de lo que sería varios años después Salva Estudio de Vestuario.

Entró de a poco en ese mundo y en el camino descubrió su gusto por una nueva profesión. "Tenía gran pasión por el cine y por las divas de los años de 1950, unas mujeres espectaculares en unos trajes divinos. Yo quería estar en la cocina de todo eso. En ese momento, sabiendo que estábamos siendo pioneros en el rubro dije: 'Quiero que ser diseñador de vestuario sea una profesión en Uruguay'. Quería mostrar que el servicio que dábamos en materia publicitaria y cine era profesional", recordó Alejandra.

Sociedad perfecta

En el año 2000 realizó un gran comercial para Don Francisco. "Era un despliegue de vestuario importante al mejor estilo Broadway, con muchas chicas, plumas, galeras y Don Francisco cantando en el medio", ilustró la diseñadora. Para llevar adelante esa producción montó varios equipos, en uno de ellos estaba Lucía Mangado, que recién egresaba del centro de diseño y que impresionó a Alejandra con su trabajo. Así que cuando se concretó la película uruguaya El viaje hacia el mar (2003), la convocó nuevamente para trabajar.

En esa época comenzaron a llegar a Uruguay varias producciones del extranjero, lo que provocó un crecimiento del rubro. La dupla trabajó en películas locales como Artigas: La Redota (2011) y El baño del papa (2007), así como las producciones estadounidenses The Informers (2009) y Miami Vice (2006), que llegaron a Uruguay a filmar algunas escenas.

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Todas estas experiencias que venían desde el extranjero les permitieron conocer los servicios con los que contaban los diseñadores de vestuario en el mundo. "Por ejemplo, vimos que tenían grandes stores de vestuario de cada década y de diferentes estilos. Los diseñadores de vestuario buscaban y separaban lo que les servía, se llevaban el combo y eso les facilitaba el trabajo", explicó Alejandra.

En Uruguay, sin embargo, salvo por algún depósito de teatro, era muy difícil acceder a ese servicio. Esta nueva visión del rol de vestuarista hizo nacer en Alejandra la idea de montar un emprendimiento. "Era el momento de hacer algo acá, porque se laburaba mucho en la confección de vestuarios para distintas producciones, pero después todo eso se perdía. Ya hace más de 20 años que hago vestuario y en un momento me di cuenta de que una de las cosas que quería era tener un lugar que diera servicio a los vestuaristas", recordó.

Con esta idea en mente, Alejandra y Lucía fundaron hace tres años Salva Estudio de Vestuario. Juntaron algunas prendas y accesorios, compraron mucho y también recibieron como regalo todo lo que en la actualidad conforma su colección, con el objetivo de asistir al mundo del cine, de la publicidad y de la televisión, a través de los vestuaristas.

Paralelamente atienden las necesidades de las agencias o fiestas de empresas. "Todos los que necesiten ponerse detrás de un personaje y requieran vestuario de ficción para representarlo", afirmó Alejandra.

Volver al origen

Rápidamente las socias notaron que necesitaban potenciarse empresarialmente y resolvieron algunas de sus carencias apoyadas por el programa Más Emprendedoras de Endeavor, que les prestó mentorías grupales junto a otros proyectos liderados por mujeres. "Uno piensa inicialmente que lo que necesita son fondos, pero en realidad lo primero es alguien que te guíe en cómo ser empresaria; tener un plan de negocios y todas esas cosas de las que no teníamos ni idea", reflexionó Alejandra.

El negocio tenía muchos altibajos, producto del trabajo zafral de la publicidad y otras producciones. Principalmente el invierno era una estación en la cual el camino se volvía muy cuesta arriba, ya que las filmaciones en Uruguay se paralizaban por completo.

Las socias buscaron una alternativa para poder mantener el negocio y, volviendo a sus orígenes como diseñadoras industriales en textil y moda, pensaron que podían generar algún producto aplicado a vestuario.

El concepto de salvar a las vestuaristas, que accedían en su estudio a aquello que no podían encontrar en ningún otro lugar, lo trasladaron a los padres, que muchas veces deben resolver disfraces para sus hijos, ya sea para actos escolares, fiestas o simplemente como un juego. En el estudio la parte dedicada a niños era muy poca, entonces lanzaron una colección de disfraces para ese público. "En el mercado se ofrecen cosas que no nos gustan, son de materiales muy baratos que se destruyen fácilmente y son personajes totalmente comerciales. Por eso pensamos una línea que ayude a los chicos a desarrollar más la intuición del juego, sin dirigirlo al consumo de un personaje", explicó Alejandra. La iniciativa comenzó hace cuatro meses y hoy venden a demanda, a través de su tienda online salvadisfraces.com. Además, y como forma de potenciar la propuesta, ya contactaron a algunas tiendas del interior del país a las que comenzarán a enviarles sus productos.