Criaturas del pantano

La profundidad del mar amarillo, del creador de True Detective, reúne once relatos que destacan por su profundidad conceptual

Una de las señas de identidad más reconocible de la literatura estadounidense son los personajes que se rebelan contra un destino que amenaza con destruirlos. Dentro de esa poderosa corriente, la imagen más recurrente es la del joven que busca escapar de su pequeño pueblo natal para no ser devorado por las circunstancias y el pasado.

Algunos logran romper las cadenas y se van a las grandes ciudades para nunca más volver. Otros quedan atrapados para repetir la vida de sus padres, se transforman en muertos vivientes, en herencia maldita y son absorbidos por la tierra misma. Nadie sabrá nunca que existieron.

Este drama existencial que se repite generación tras generación en un país vasto y aterrador está presente en cada uno de los relatos de La profundidad del mar amarillo, el primer libro que publicó Nic Pizzolatto antes de hacerse famoso como creador y guionista de la serie de televisión True Detective.

Lo primero que llama la atención del autor es su excepcional talento para narrar. Pizzolatto tiene una prosa perfecta y brillante en los diálogos pero también en las descripciones geográficas. A esto suma una gran capacidad para manejar los tiempos narrativos para mezclar pasado y presente en una amalgama muy consistente.

Pero si hubiera que elegir una virtud por sobre las demás sería la capacidad que tiene para tratar varios temas simultáneamente dentro de un mismo relato. En Dos orillas, por ejemplo, el tema central es el embarazo de una camarera que escribe tres cartas a los posibles padres, pero lateralmente primero y con protagonismo después, emerge la soledad absoluta de uno de los personajes y lo que planea si resulta ser el padre.

En La profundidad del mar amarillo, un notable cuento que da título al libro, sucede lo mismo. Un viejo y un muchacho viajan a la gran ciudad para rescatar a la joven que se escapó y ahora es actriz porno. Pero a la larga lo que pesa son las motivaciones de los dos buscadores, el padre de la muchacha y un excompañero de liceo, sus propios agujeros interiores, su cobardía y su falsa superioridad moral.

Pizzolatto es además muy eficaz en el manejo de los personajes, se trate de una mujer o de un hombre, de un viejo o de un joven. Cada uno de los protagonistas se muestra en toda su complejidad psicológica, sin que para ello el autor deba recurrir a decisiones espectaculares o cambios bruscos de actitud.

Muy por el contrario, la verdadera esencia de una personalidad determinada emerge paulatinamente por medio de una acumulación de matices, recuerdos, frases dichas al pasar y momentos aparentemente triviales. Y todo esto cabe a veces en relatos cortos que destacan por su perfecta organización estructural.

Algún texto como 1987, en las carreras, alcanza la categoría de obra maestra. Contado desde la perspectiva de un niño de doce años que acompaña por obligación a su padre al hipódromo, resulta una metáfora genial sobre el desamparo y la importancia del vínculo filial. En solo unas horas (unas páginas) el niño se horroriza por el comportamiento de su padre pero termina, en un final memorable, actuando igual o peor que él.

Gente que lucha por escapar de los sórdidos pantanos del sur de Estados Unidos, miseria espiritual, hijos sin padre fruto de una sola noche de amor, madres que pierden a sus hijos sin saber el porqué, sueños que se postergan indefinidamente, gente bruta que es feliz, delincuentes patológicos, veteranos que no pueden olvidar la guerra, adultos desesperados por la vida que se les escapa en el reloj, jóvenes que buscan a quien amar. De todo eso está hecho La profundidad del mar amarillo, un libro sobresaliente.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli