Crisis con Argentina: Cuando el río se partió

Hace 10 años el conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de dos plantas de celulosa hizo que en pocos meses los gobiernos pasaran de amigos ideológicos a enemigos irreconciliables

Algunos hechos alimentan la teoría de que hace 10 años Uruguay y Argentina pudieron terminar en una guerra por la crisis de la pastera Botnia: amenazas de piqueteros argentinos de actuar contra la planta que se construía en ese entonces, la decisión del presidente Tabaré Vázquez de ordenar la vigilancia militar del establecimiento, el pedido de apoyo explícito al gobierno de George W. Bush, manifestaciones con agresiones a marineros uruguayos y, según trascendió este año en un libro del periodista Andrés Alsina, ejercicios militares en la frontera.

Pero antes de todo eso hubo momentos de paz. Cuando Vázquez ganó las elecciones en octubre de 2004, los proyectos de las plantas de celulosa ya estaban marchando en Uruguay y desde Argentina aparecían los primeros reparos: cuestionaban una clara violación al Estatuto del río Uruguay, que obligaba a tomar decisiones de este tipo en forma conjunta.

Mientras se preparaba para llevar al Frente Amplio al gobierno por primera vez, por enero de 2005, Vázquez se reunió con Botnia y transmitió tranquilidad: la obra contaba con su respaldo.

Nada de eso impidió el clima de hermandad entre el nuevo presidente y su colega Néstor Kirchner aquel 1o de marzo. En medio de la multitud y fiesta de la izquierda de América Latina Kirchner se acercó a la multitud en la plaza Independencia y fue ovacionado por miles de frenteamplistas. Con un ambiente así, ¿qué podría salir mal?

De los abrazos a las piñas

La escalada fue vertiginosa: en mayo, Argentina pidió relocalizar las plantas. Vázquez y Kirchner se reunieron en Buenos Aires y acordaron formar una comisión de seguimiento, pero ya en la conferencia que dieron por separado el presidente uruguayo y el canciller argentino Rafael Bielsa quedó en evidencia que las lecturas de cómo seguía el tema eran diferentes: Argentina entendía que cualquier paso era sin obras en camino. Uruguay se negaba a detenerlas.

El gobierno de Kirchner intentó evitar que el Banco Mundial habilitara préstamos para llevar a cabo las obras, lo que aumentó la irritación en Uruguay. Los activistas en Gualeguaychú incrementaron sus movilizaciones.

De ahí a diciembre, cada vez peor: Kirchner tomó el tema como un "asunto nacional", los activistas generalizaron los cortes de ruta entre ambos países para afectar el turismo y el caso llegó al Tribunal Internacional de La Haya. Solo nueve meses después de los abrazos y ovaciones, todo estaba muy mal. Y apenas era el principio.

Examigos

El conflicto fue entre los gobiernos, pero la relación personal entre los presidentes se deterioró a tal grado que luego, en 2009, Vázquez aplicó un veto a Kirchner como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas.

Después de esa reunión en la Casa Rosada en mayo de 2005 volvieron a hablar en marzo de 2006 para anunciar juntos, ante las cámaras, una posible salida: pedían "un gesto" a los piqueteros (cese de cortes) y a las empresas Botnia y Ence (detención de obras). No lo lograron y una cumbre en Anchorena fue suspendida imprevistamente. Un año más tarde, cuando Vázquez resolvió habilitar el funcionamiento de Botnia, cansado del apoyo de Kirchner a los piquetes, los presidentes se cruzaron en un fuerte enfrentamiento con reproches.

Se viene la tercera

Néstor Kirchner dejó la presidencia y asumió su esposa, Cristina Fernández. En 2010, Kirchner murió en forma sorpresiva. Con José Mujica como presidente hubo un acercamiento y los cortes se levantaron. Medidas proteccionistas argentinas y la famosa frase de Mujica "esta vieja es peor que el tuerto" volvieron a enrarecer el clima. La Haya reconoció que Uruguay había incumplido al no informar, pero rechazó el pedido de desmantelar las plantas.

A 10 años del peor momento del conflicto, las dos fábricas funcionan en Uruguay, aunque en manos de UPM (Río Negro) y Montes del Plata (Colonia). Además, el gobierno espera confiado concretar la tercera planta, también de UPM.

La llegada de Mauricio Macri a la presidencia argentina trajo una mejora en las relaciones entre los gobiernos. A esta altura parecen muy lejanas y hasta de ciencia ficción esas imágenes de movimientos militares previendo lo peor.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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