Crisis brasileña se precipita

La decisión judicial de anular la trapisonda del nombramiento de da Silva precipita la crisis gubernamental brasileña

La decisión judicial de anular la trapisonda del nombramiento ministerial de Luiz Inácio Lula da Silva precipita la crisis gubernamental brasileña, acerca al expresidente a ser juzgado y encarcelado y afloja más la cuerda en que se tambalea su cómplice presidencial Dilma Rousseff. La burda maniobra de Lula para eludir la Justicia convierte en caricatura su prédica de años atrás, cuando se presentaba como el salvador de los millones de brasileños sumergidos en el hambre y la miseria. Afirmó entonces que “cuando un pobre roba va a la cárcel, pero cuando un rico roba, se vuelve ministro”. Cándidamente consecuente con sus palabras, ya enriquecido durante la ola de corrupción en Petrobras bajo tres gobiernos de su Partido de los Trabajadores (PT), optó por hacerse ministro entre gallos y medianoche, lo que le confería fueros para impedir ser enjuiciado por coimas. Contó con la demostrada complicidad de su protegida, la presidenta Dilma Rousseff, bochorno que augura al PT el fin de una década de gobiernos que han sumergido a la mayor economía latinoamericana en una de sus peores crisis recesivas.

Lula pretendió zafar del juicio penal bajo el juez Sergio Moro, a cargo del caso Petrobras, haciéndose nombrar ministro de la Presidencia, el cargo de mayor poder en el gabinete. Pero 40 minutos después de haber prestado juramento, un juez del Tribunal Federal de Brasilia anuló la asunción y acusó a Rouseff de un posible delito contra la “probidad” en la administración pública al nombrar a una persona acusada de delitos graves. El fallo se fundamentó tanto en la comprometida situación de Lula y el salvavidas que intentó tirarle Rousseff como en las circunstancias del nombramiento. Escuchas telefónicas revelaron que Rousseff le avisó a Lula que le estaba enviando el nombramiento antes de que se lo anunciara oficialmente, para usarlo en caso de que la Policía fuera nuevamente a apresarlo para llevarlo ante el juez Moro.

La grabación fue publicada por medios de prensa y propalada en plena sesión de la Cámara de Diputados por Narciso Perondi, legislador del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el mayor del país y por ahora integrante de la coalición gobernante. Precisamente del PMDB depende en gran parte el futuro del gobierno. Muchos de sus dirigentes exigieron que el partido se retire de inmediato, lo cual dejaría a la administración Rousseff aislada en un callejón sin salida. Los jefes del PMDB resolvieron esperar un mes para resolver si abandonan el gobierno y se pliegan al juicio político de destitución que enfrenta la presidenta. En la decisión final del PMDB con seguridad influirán, además de las claudicaciones de Rousseff en sus años de gobierno, el escándalo del nombramiento ministerial de Lula.

Lo que ocurra en las próximas semanas tendrá profunda incidencia tanto en la posición de Brasil, una de las principales potencias emergentes del mundo como en la economía de Uruguay. El gigante norteño ya ha sido desplazado por China al segundo lugar como comprador de bienes uruguayos, deterioro que seguirá profundizándose a medida que Rousseff y su mentor Lula agudicen la declinación de su país. Nos beneficiaría, en cambio, un pronto epílogo de la crisis brasileña con la salida del escenario de un gobierno ineficiente y desacreditado y su reemplazo por figuras que, además de escapar de la generalizada corrupción en gran escala, sean administradores competentes.


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