Crisis italiana golpea a Europa

La onda expansiva de la anunciada renuncia del primer ministro Matteo Renzi no solo precicipta a Italia a otro frecuente sacudón
La onda expansiva de la anunciada renuncia del primer ministro Matteo Renzi, luego de su derrota en un referéndum para reformar la Constitución, no solo precipita a Italia a otro de sus frecuentes sacudones institucionales. Los alcances de la crisis amenazan la supervivencia del euro y pondrán a prueba el tensado tejido de la Unión Europea (UE). La caída del gobierno de Renzi, número 60 en 70 años de vida democrática, venía precedida por la salida de Gran Bretaña de la UE y el fuerte surgimiento de movimientos nacionalistas y populistas en varios países del bloque, incluyendo España, Francia, Holanda y Polonia. La UE tuvo un fugaz respiro el domingo, cuando los austríacos derrotaron en la elección presidencial a un candidato nacionalista de extrema derecha. Pero pocas horas después cayó la mala noticia italiana.

A diferencia del brexit, no significa el retiro de uno de los miembros principales de la UE. Pero sus consecuencias son potencialmente más graves, al generar presiones sobre el euro y un debilitamiento de la economía italiana que puede desencadenar una crisis financiera generalizada en todo el bloque. El sistema bancario, actualmente en problemas por necesidades de capitalización, sufrirá de inmediato el nuevo ambiente de crisis y puede reclamar un salvataje oficial que ni el Estado ni la UE están en condiciones de solventar en una economía del volumen de la italiana, la cuarta del bloque. Existen además en Italia reclamos crecientes contra la austeridad que impone la conducción de la UE desde Bruselas y para salirse del euro, cuya introducción privó a ese país de la flexibilidad monetaria con la lira que, a través de devaluaciones, facilitaba la competitividad de sus exportaciones. Incluso Beppe Grillo, el comediante cuyo partido populista Movimiento 5 estrellas tuvo un papel primordial en la derrota de Renzi, ya reclamó un referéndum para eliminar el euro y eventualmente independizarse de la UE.

Líderes de la oposición y la mayoría de los votantes meten en la misma bolsa de culpabilidad a la UE y a Renzi por la caída del 25% de la producción industrial italiana desde la crisis de 2008, el desempleo de casi el 40% de los jóvenes y el peso costoso de recibir a cientos de miles de inmigrantes de África y Medio Oriente. La amplia mayoría del No en el referéndum fue un rechazo directo a la UE y al propio Renzi, más que a las propuestas de reforma constitucional. El líder del gobernante Partido Democrático, en sus menos de tres años como jefe de gobierno, impulsó infructuosamente medidas, cuestionadas por muchos, para tratar de encauzar por vías estables la economía y la estructura política. El paquete de reformas incluía agilizar el enredado proceso legislativo mediante una reducción del Senado de 300 a 100 miembros y cambios en sus procedimientos.

Frustradas las reformas, los principales partidos opositores reclaman ahora prontas elecciones, para hacer frente al despeñadero en que se halla Italia. Pero el fuerte rechazo a Renzi y a Bruselas apunta a que el nuevo gobierno que surja favorecerá el movimiento hacia separación del país del euro y del bloque integrador que, junto con otras cinco naciones, ayudó a crear hace 70 años con la Comunidad del Carbón y el Acero. El período de incertidumbre surgido en Italia se extenderá a la UE, con ramificaciones en muchas partes del mundo, lo que generará otro período de inestabilidad al que no se le ve salida fácil o cercana.

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El Observador

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