Cristina, el papa y el Mercosur

Francisco recibió en Roma por cuarta vez a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, que le regaló, curiosamente, un libro uruguayo que no se vende en Argentina por trabas comerciales

El pasado domingo 7 de junio, el papa Francisco recibió en Roma por cuarta vez a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. Esta vez no la recibió en la residencia de Santa Marta, dados los excesos protagonizados por la comitiva presidencial, en especial los representantas del sector político ultrakirchnerista de La Cámpora. Francisco no quiso una segunda emboscada de tono político y recibió a la mandataria en los despachos pontificios. Con todo, CFK logró una audiencia más larga que la de Obama y la de Raúl Castro, que no alcanzaron a una hora. Cristina estuvo casi dos. Debe haber sido un fin de semana ajetreado para el papa, que el sábado viajó por el día a Sarajevo. Pero menos ajetreado de lo que podía preverse ya que Nicolás Maduro, el controvertido autócrata venezolano, canceló a último momento su visita al Vaticano por una “oportuna” otitis. Se evitó así de oír de labios del papa Francisco una dura reconvención respecto a la situación política en su país y a las condiciones de los presos políticos y de la vigencia de los derechos humanos en general.

Pero en lo que al Mercosur se refiere, la visita de Cristina al papa es importante por el hecho de que la presidenta argentina le regaló, entre otras cosas, un libro del escritor y filósofo uruguayo Alberto Methol Ferré titulado Los estados continentales y el Mercosur, que es un libro que Francisco deseaba leer y no lo había podido ubicar. Cristina supo de ese deseo y fue en su auxilio. Pero lo curioso es que el libro no se puede comercializar en Argentina debido a las trabas en las importaciones que existen en ese país desde 2011. Martín Fernández Buffoni, director editorial de Casa Editorial Hum y de Estuario Editora, responsable de la edición del libro, en declaraciones a El Observador, lamentó ese hecho, señaló que ese tipo de trabas no deberían existir para la cultura y ya en tono de broma, concluyó: “Yo no sé dónde habrán conseguido ese libro, no creo que lo hayan mandado a buscar a Tristán Narvaja desde Argentina”. Pero si no fue en la feria de Tristán Narvaja, seguro que viene de alguna librería uruguaya o quizá de otro país que no ponga trabas a las importaciones desde Uruguay. Lo pueden haber comprado en Chile, Paraguay, Bolivia o Brasil, por citar países vecinos que no ponen restricciones a las importaciones. A lo más, ponen aranceles pero no prohibiciones lisas y llanas.

Este ejemplo nos habla en forma más que elocuente del lamentable estado en que se encuentra el Mercosur en momentos en que se intenta avanzar en un TLC con la Unión Europea. Ante las trabas y dilaciones de Argentina, Uruguay y Brasil, y luego Paraguay, decidieron avanzar por su cuenta en el TLC con la UE, con el deseo de cerrarlo este año. De Europa vinieron señales mixtas, pero finalmente Angela Merkel dio su sí a un acuerdo de dos velocidades. Una con tres países y otra velocidad con Argentina, cuando este país decidiera si le interesaba el TLC, si estaba dispuesto a firmarlo y si estaba dispuesto a cumplir en primer lugar con la libre circulación de bienes, servicios y personas entre los miembros del Mercosur.

Cuando todo parecía indicar que habría “acuerdo a dos velocidades” la cancillería argentina decidió unirse a los otros países del Mercosur. Pero el tono de las declaraciones de Héctor Timerman nos torna muy escépticos de que se logre tal acuerdo. El inefable canciller argentino dijo que él estaba a favor de firmar el acuerdo “siempre y cuando sea beneficioso para ambas partes y no sacrifique un solo puesto de trabajo en Argentina”. Que un acuerdo debe ser beneficioso para ambas partes para que se firme es algo que está en la tapa del libro. Que en todo acuerdo de comercio será preciso hacer concesiones también.

Si el señor Timerman no está dispuesto a que “se pierda un solo puesto de trabajo en Argentina”, más vale que se cancelen de inmediato las negociaciones porque es algo que nadie en su sano juicio puede garantizar. Es más, seguro que ocurrirá. Con un TLC, habrá puestos de trabajo que se pierdan y otros que se ganen. Y cada país mirará el balance. Pero las palabras de Timerman no hacen más que reafirmar, por si alguien lo olvidó, que Argentina estableció un modelo ultraproteccionista y que no se puede contar con ella ni para el Mercosur ni para el TLC. Ahora, Uruguay y Brasil tendrán que decidir si siguen adelante o si esperan algo que nunca se producirá. Y si el papa quiere libros de Methol Ferré, deberá conseguirlos en Uruguay. En Argentina están vedados por más Mercosur que haya.


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