Cruce de fronteras

Libertad de movimiento, del escritor chileno Antonio Skármeta, reúne once relatos de calidad que giran en torno a la inmigración

Si una prueba hay del largo camino que aún le queda por recorrer a América Latina en materia de integración regional es el escaso intercambio cultural que se da aún hoy entre los países que la componen. Desde las restauraciones democráticas de la década de 1980 y a lo largo de treinta años, muy poco es lo que se ha avanzado. Y para colmo de males la televisión, hasta hace poco el medio de comunicación más poderoso, se encargó durante décadas de mostrar a los demás lo peor de cada país.

Me explico: generaciones de uruguayos crecieron pensando que lo mejor de Chile era El show de Don Francisco, que Argentina era Marcelo Tinelli, que El Show de Cristina era una referencia para todos y que la vida cultural de Brasil se reducía a producir telenovelas como churros.

Los movimientos migratorios tampoco han logrado cambiar esta realidad: en vez de enriquecer la cultura del país de acogida, terminan mimetizándose con la existente. Y precisamente un par de cuentos de este último libro del chileno Antonio Skármeta tratan directamente este tema, específicamente desde la mirada infantil.

En El portero de la cordillera, por ejemplo, un padre y su hijo pequeño recién llegados del país en que nació el autor tratan de sobrevivir en los suburbios de Buenos Aires. Mientras su progenitor busca trabajo sin descanso, el niño conoce a través de un partido de fútbol los códigos de un país que le es absolutamente ajeno pero que terminará absorbiéndolo.

En Chispas, otro niño trasplantado de país por decisión familiar ve la desesperación económica de sus mayores y decide hacer lo que sea para ayudar. El precio de esa decisión es la perdida de la inocencia, de la infancia, para dar un salto forzado a la adultez, con todas sus consecuencias.

Salvo un par de excepciones, los relatos del libro se sitúan fuera de Chile. Las referencias al país de origen se limitan a una partida desde el aeropuerto de Santiago o a las sensaciones del protagonista al pasar sobre la Cordillera de los Andes, metáfora del aislamiento geográfico de un país sitiado por las montañas y el mar.

Por eso (aunque Skármeta no lo explicite directamente), también hay una suerte de felicidad existencial en esos personajes que salen en busca de nuevos horizontes, que logran romper el cerco. Esto es particularmente patente en Borges, un buen relato donde el protagonista, abrumado por la sombra gigantesca de Pablo Neruda que le impide ser poeta, decide partir hacia París para encontrar su voz.

Otros relatos como Huso Horario, Una Navidad colombiana o Efímera, sitúan adrede al protagonista en tierras extranjeras para potenciar el valor de lo que se cuenta. En ellos el tema no es la inmigración sino la búsqueda del amor. En este terreno Skármeta se muestra como un escritor solvente y picante, que recurre al humor y el erotismo para reflexionar sobre los vínculos afectivos.

El mejor cuento del libro es El amante de Teresa Clavel, que en pocas páginas atrapa al lector con una historia de varias puntas. Lo que comienza como el relato de la peripecia de dos expresos políticos refugiados en Suiza deviene en una escalada de violencia que salta fronteras para mostrar las mezquindades de la vida y la hipocresía de las ideologías.

Skármeta tiene una prosa singular que huye constantemente de redundancias, descripciones o largas presentaciones. Por esa tendencia a la brevedad y al escaso adorno es, en cierta medida, un escritor más cercano a la tradición estadounidense que a la sudamericana. En cuanto comienza el relato, comienza la acción.

Los libros no escapan a las dificultades de integración cultural que sufre el continente.Por eso hay que saludar con alegría la llegada desde detrás de la cordillera de este ameno libro de un importante nombre de la literatura regional

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli