¿Cuál ha sido la suerte de los actores de Game of Thrones en el teatro?

Kit Harington y Richard Madden son algunos de los intérpretes que han intentado sumergirse en el lenguaje de las tablas

Mientras que el arduo camino del teatro a la televisión o al cine está reservado para solo un puñado de actores prodigiosos, el recorrido inverso suele ser más ágil. Cuando los nombres ya están forjados, la sola presencia de los actores de la pantalla en las tablas se convierte en un atractivo ineludible para el público, mientras que entre los críticos los sentimientos dominantes son la suspicacia y la reticencia.

Para los artistas mismos el pasaje es tanto consagración como oportunidad para liberarse de las casillas que les imponen las productoras. Ese fue el caso de Daniel Radcliffe, quien, ansioso por roles que se alejaran de su famoso Harry Potter, tomó el protagónico en Equus, una obra sobre un chico de establo obsesionado con los caballos que logró que la crítica contemplara aún más su capacidad actoral.

En otro universo fantástico, empero, la transición no está arrojando resultados tan positivos. Con la consolidada popularidad de Game of Thrones, varios de sus nombres estelares comienzan a migrar hacia otros formatos y lenguajes, con el caso de Emilia Clarke (Daenerys Targaryen) como el más exitoso, gracias al filme Yo antes de ti, cuya llegada al cine uruguayo está prevista para el 23 de junio.

No obstante, en lo que respecta al teatro, varios actores actuales y pasados de la serie de HBO han comenzado a adoptar roles protagónicos en producciones de su Inglaterra natal que logran garantizarse oleadas de público incluso antes de su estreno. Los medios, empero, identifican la migración como un peligro para el teatro del West End británico (el equivalente inglés de Broadway), que comienza a colocar actores televisivos en un lenguaje que no todos han navegado con suficiente asiduidad.

"Mientras que GoT puede estar cargando de potencia las carreras de muchos jóvenes actores, no nos está haciendo ningún favor", afirma la periodista de The Telegraph, Holly Williams, quien identifica en Kit Harington, rostro de Jon Snow, uno de los ejemplos más claros. Luego de fugaces y secundarios pasajes por el teatro, el actor adoptó este año el papel de Fausto en Doctor Faustus, una adaptación moderna del clásico homónimo de Christopher Marlowe. En esta versión, dirigida por Jamie Lloyd, el Fausto de Marlowe es convertido en un mago célebre que tiene la chance de conocer al papa y a Barack Obama, decisiones ya de por sí criticadas por los periodistas especializados.

Sin embargo, en lo que atañe específicamente a Harington, el actor no ha logrado liberarse de los juicios negativos y de una atención más enfocada en su torso desnudo que en su interpretación. Mientras que el crítico Dominic Cavendish, de The Telegraph, considera a Harington "obstinadamente anclado en la tierra" y Williams afirma que el actor "no puede llevar la obra", otros valoran positivamente la interpretación, como en el caso de Michael Billington, de The Guardian, quien ubica a Harington cercano a la desesperación de Fausto, aunque su veredicto no logra superar la marca de las dos estrellas.

Para Richard Madden, el difunto Robb Stark, el panorama no demuestra grandes diferencias, aunque para él el clásico fue Romeo y Julieta, uno de los primeros roles que interpretó en su carrera, junto al legendario Globe Theatre.

Ahora bajo la dirección del legendario Kenneth Branagh, "Madden, robusto pero menos móvil, se traga sus palabras. Suenan más como un matrimonio concertado que como una pareja perdidamente enamorada", opina Sussannah Clapp, de The Guardian. Aunque la obra en términos generales recibió mayor homogeneidad en las opiniones, tendiendo a una visión positiva del montaje de Branagh, la actuación de Madden fue una de las más atacadas. Para Dominic Cavendish, "el héroe de Madden es exasperantemente ordinario", más "otro de los chicos que un héroe romántico y poético", mientras que Henry Hitchings, del London Evening Standard, calificó la interpretación del actor como "de una sola nota", con un Romeo que falla en generar química con su Julieta.

El mayor fracaso, empero, correspondió a Clarke, quien se aventuró en Broadway con una producción de Desayuno en Tiffany's, obra que encumbró a Audrey Hepburn en el rol de la elegante y compleja Holly Golightly. "No hay suavidad ni fragilidad en su Holly", sentenció el Hollywood Reporter, y la obra salió de cartelera antes de lo previsto.

Más allá de lo cualitativo en la calidad actoral y de dramaturgia de las obras, el costo de las entradas también se vio impactados por estas decisiones de casting. En el caso de Doctor Faustus, los tickets llegaron a las 100 libras (casi $ 4.500), mientras que en Romeo y Julieta a 95 libras ($ 4.300). El mismo Jamie Lloyd, director de la obra de Harington, identificó el grave problema económico que conlleva incorporar estrellas: "Hay muchas compañías y productores que efectivamente explotan el perfil de los actores de ciertos programas (...), lo cual considero escandaloso".

Pese a las dificultades, hay enseñanzas en las decisiones del elenco: Jack Gleeson, antes Joffrey Baratheon, conquistó a la crítica con el show alternativo Bears in Space, mientras que Gemma Whelan (Yara Greyjoy) impresionó en dos obras. "Puede que actuar en lugares más modestos, zonas que ya no sean icónicas y cargadas de expectativas, sea el camino a una transición más fresca", señala Williams de The Telegraph. Y, en ese sentido, el hermano televisivo de Whelan, Alfie Allen (Theon Greyjoy) parece haber aprendido, sumergiéndose en el West End con un rol secundario en una obra protagonizada por Jesse Eisenberg (La red social), dando un paso a la vez.


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