Cuando el problema es moral

No es una excepción, sino una regla: gravar y gastar son el alfa y el omega del universo frenteamplista
Comience por donde quiera. La pequeñez, por ejemplo, sobre la que informara Búsqueda el 25 de mayo, en cuanto a que el vice-presidente Raúl Sendic dispuso, a fines de 2016, suprimir la contratación a particulares de los servicios de filmación de las sesiones del Senado a fin de ahorrarle al erario más de US$ 100 mil anuales, además de darle "autonomía y capacidad técnica (¿?)" al cuerpo.

La nota incluye el previsible desenlace: Sendic ha creado una nueva oficina pública audiovisual, en la cámara alta, provista de cinco nuevos funcionarios, a un costo anual de más de US$ 300 mil. Resultado neto: de un plumazo, y en una nimiedad, el país se empobrece en US$ 200 mil por año. Aunque, claro, no llega eso a ser ni una mancha más para el tigre del dispendio vice-presidencial.

No es tampoco una excepción, sino una regla: gravar y gastar son el alfa y el omega del universo frenteamplista, así como lo es el imaginar que las arcas públicas son su botín de guerra, del que disponer al antojo de la oligarquía burocrático-sindical que el país se ha echado a la espalda.

Así es, por ejemplo, que producimos azúcar de caña a pérdida, llegando, incluso, a importarla de Brasil a fin de simular que la producimos, al mismo tiempo que la claque que dirige, desde una fortaleza de sueldos neoyorquinos, esta insanía, echa mano a la caja para repartir los dineros del estado entre "productores", o sus empleados, que da igual, en carácter de donación, préstamo, adelanto, o como Ud. lo quiera denominar (aunque sean, al final de la historia, salarios que las arcas públicas deberán seguir pagando, y mucho tiempo después que los mentecatos que los dispusieran se hayan ido a sus casas, a gozar de retiros palmariamente injustos).

O, en otro y reciente caso, así es como tomamos una política social, que consistía hasta hoy en incentivar financieramente a las familias con miras a que brinden un entorno básico a la niñez, orientado a su educación y sostén primarios, y que ahora será transformada en un desembozado pago estatal, desprovisto de todo contenido como no sea el de uncir al carro frenteamplista a los más necesitados, asegurándose al mismo tiempo que permanezcan en ese estado, si con ello se eterniza el desembolso de beneficios a la misma, incompetente, oligarquía.

El resultado acumulado de estos desquicios se conoce, y esta semana se ha visto una vez más confirmado: unos 40 mil puestos de trabajo han sido destruidos apenas bajo la segunda administración de Tabaré Vázquez, y muy a pesar de los 70 mil disfraces laborales que el frenteamplismo ha producido en su década infame, por la vía de ubicar a sus clientes en el presupuesto público.

La única política social que alimenta, educa, civiliza y promueve la dignidad del ser humano, consistente en trabajar y así contribuir al sostén de los individuos, las familias y la sociedad, está siendo sistemática y premeditadamente demolida desde 2005, a pesar de haber el país transitado un irrepetible ciclo de expansión económica.

Salga a la calle, y verá sus evidencias: indisimulable deterioro del ornato público, indigencia, crónica convivencia con residuos, exasperación del clima de convivencia social, normalización del delito, demoledor fracaso de todos los esfuerzos educativos.

La eternización de tal sistema, en tanto, se ha obtenido de la mano de la mendacidad como política pública. Aquellos episodios que, en otros tiempos y otras latitudes, hubieran despertado la exasperación del país por su carácter descarado, se han convertido para nosotros en una nueva normalidad, aceptada con paciencia bovina y un sacudón de hombros. "Así somos los uruguayos ..." se oye a diario confirmar esta especie de sumisión a un destino providencial, paradójicamente expresada por una sociedad que se proclama orgullosamente agnóstica.

A nadie, por ejemplo, parece conmover que se suprima un tipo penal delictivo con el solo propósito de salvarle el pellejo a quienes incurrieran en ese delito: ¿quién nos asegura que otros delitos no sean suprimidos mañana, en caso de que un integrante de la "nomenklatura" frenteamplista incurra en ellos? Ud. sabe que, en el estado de bien urdida banalización que estos 13 años han traído, ésta no es ya una hipótesis que procure razonar por el absurdo ... y eso también le tendría que llevar a la reflexión.

A nadie, por otra parte, conmoverá el que en pocos días debamos enfrentar otra andanada tributaria.
El régimen ya dispuso, en ocasión de aprobarse el presupuesto quinquenal, que su rendición de cuentas de este año sería, en los hechos, una nueva instancia presupuestal y, cuando así lo hiciera, no era simplemente para dividir la tarea, sino para dosificar el torniquete tributario, que ya anticipaba.

El ministro de Economía, claro, ha emitido sus engañosos ruidos tranquilizadores: no habría espacio ya para aumentar impuestos, y se buscarán fórmulas alternativas. Solo que ya vimos este espectáculo, y sabemos cómo termina: el deficit presupuestal visita el 4% del PBI; el Frente Amplio ha inflado el endeudamiento público a casi 62% del PBI, y los centenares de Raúl Sendic de que consiste la maquinaria electoral frenteamplista ya no pueden poner freno a sus proyectos de dotar de "autonomía y capacidad técnica" a todo lo que ellos y sus familiares tocan. Habrá, por tanto, aumento de impuestos.

La rama sindical del régimen es, en este sentido, la menos comedida y más franca. No precisa disfrazar sus naturales inclinaciones con buenos modales y afeites. Es la que custodia, al cabo, la llama de la complicidad con las violencias de la dictadura venezolana, tan entrañables hoy como lo fueran las soviéticas y cubanas de ayer, y es en el tema presupuestal la que tiene su rumbo claramente fijado.

Y esa rama es la que nos ha informado, por estos días, que la tributación al patrimonio, la renta empresarial, y todo lo que se mueva y permanezca, no podrá ser eludida. Guardabarro de la arremetida clientelística oficial, no le importa que las reservas a que quiere echar mano no sean, en realidad, reservas a las que se puede echar mano: lo que escape a su avidez se financiará con deuda, y lo que no ... pues será de otro modo.

A trancas y barrancas: de lo que se trata es de seguir avanzando en ese imaginario programa de "conquistas" y extensión de "derechos" que, por su acumulación, destruyen a martillazos inversión y trabajos, pero puntualmente perpetúa el cómodo nicho de su señorío sobre una sociedad anestesiada.

Nada de esto es una novedad, y poco tiene, al fin de cuentas, que ver con la economía. Es, a todas luces, un dilema moral.

Y eso lo saben los medios que acompañan las charadas oficiales que, en delegaciones al exterior, prometen traer imaginarios acuerdos, inversores y puestos de trabajo. Lo saben los opositores que cobardemente tranquilizan a quienes están a punto de perder más empleos, asegurándoles que ellos sí mantendrán las "políticas sociales" meramente recortando los "gastos superfluos", o mejor administrando el monstruo que cada día reclama mayores sacrificios a su voracidad.

Lo saben los intendentes municipales de todo pelo que a escala local replican los horrores nacionales, amparados en el escudo de la "obra pública". Lo saben los que vegetan en "empleos" que saben en sus huesos que no son tales, y lo saben los que ven a sus hijos huir de esa humillación y del país en avión.

Y si todos, pues, lo sabemos ... ¿quién es el que nos está impidiendo hacer algo al respecto? l

Acerca del autor