Cuando la política sube al escenario de la premiación

Los Oscar tendrán un blanco seguro para los dardos de Hollywood: Donald Trump
Casi todo el mundo del cine tenía la seguridad de que la Academia de Hollywood iba a premiar a Marlon Brando con la estatuilla dorada del Oscar a Mejor Actor por su papel inmortal en El padrino. Lo que muy pocos imaginaban es que en representación de Brando subiría al escenario una joven de origen apache llamada Sacheen Littlefeather, que no solo rechazaría la estatuilla –circunstancialmente entregada por Roger Moore y Liv Ullman– sino que se despacharía con un discurso en que justificó su actitud por la forma en que la industria del cine trataba a las naciones indias de los Estados Unidos y por el incidente en Wounded Knee, donde las fuerzas policiales habían matado militantes de las reservas indias.

Marlon Brando Oscar

La reacción mundial fue espontánea. Súbitamente, el mundo del espectáculo estaba hablando de acciones y reivindicaciones, de injusticias polémicas y de argumentos sociales: de política. Gracias a una plataforma de millones de espectadores alrededor del globo, la ceremonia de los Oscar se había politizado, en una coyuntura que había puesto a la denuncia política en el escalón más efectivo del estándar comunicacional.

La victoria del demócrata Jimmy Carter en 1976 trajo un soplo de renovación al panorama cinematográfico de Hollywood, que comenzó a tomar como tema la guerra de Vietnam y sus traumas como argumento de algunas de sus producciones más taquilleras. Para la ceremonia de 1979 dos filmes que se habían hundido en el fango de la guerra en el sureste asiático competían por la estatuilla a Mejor Película: Regreso sin gloria, de Hal Ashby, y El francotirador, de Michael Cimino.

Finalmente, el premio fue para la última, y ese espaldarazo fue tomado como un premio político que pretendía a través del mundo del espectáculo apreciar la llaga viva de la guerra en la sociedad yanqui para que por fin la herida comenzara a cicatrizar.

En 1988 las elecciones en Estados Unidos se definirían entre el republicano George Bush, sucesor de Ronald Reagan, y el demócrata Michael Dukakis. En la ceremonia de los Oscar de ese año el premio a la Mejor Actriz de Reparto fue para Olympia Dukakis, prima del candidato. La estatuilla no solo fue una señal de respaldo a los demócratas sino que su hermana culminó el agradecimiento con un tribunero: "¡Vamos, Michael!", respondido por un cerrado aplauso del auditorio.

Olympia Dukakis Oscar

En 1993 el documental ganador del Oscar fue The Panama Deception, de Barbara Trent, un duro alegato contra la invasión a Panamá y por ende contra la administración de Bush padre. Exactamente una década después, fue Michael Moore, ganador del Mejor Documental por Bowling for Columbine, el que arremetió contra Bush hijo, en pleno despliegue de la guerra de Irak. Cuando subió a recibir el premio, dijo: "Nos gusta la no ficción, pero vivmos en tiempos ficticios, donde se ganan elecciones de forma ficticia. Vivimos en un tiempo donde tenemos a un hombre que nos envía a la guerra por razones ficticias. Estamos en contra de esta guerra, señor. Debería darle vergüenza, señor Bush".

Michael Moore Oscar

La victoria en 2012 de Doce años de esclavitud, del inglés Steve McQueen, se interpretó como un guiño a la administración Obama.

Esta próxima edición de los Oscar tendrá un blanco seguro para los dardos de la Academia: Donald Trump. Seguramente se hable de muros, de puentes, inmigrantes, mujeres, discapacitados, con denuncias, discursos encendidos e incluso alguna burla contra el hombre del jopo naranja.

Hollywood es demócrata, aunque haya honorables excepciones republicanas que solo confirman la regla. Como el partido del burrito ahora está en la mala, el mundo del cine saldrá en su apoyo a tirarle de las orejas al novel mandatario. Meryl Streep tiene todas las fichas.


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