Cuando se rompe el amor y lo que une es la conveniencia

El FA perdió la affectio societatis, lo que dificulta cumplir los planes políticos

El gobierno entra en una fase clave: tras el descanso largo, estirado este año con el feriado corrido del 19 de abril, el tiempo se va más rápido para definir la obra que dejará el período; el presidente lleva la batuta, pero su equipo es una orquesta grande, y la melodía resultante dependerá del talento y esfuerzo de todos los participantes.

El problema del Frente Amplio, como “partido de gobierno”, es que algunos músicos desafinan, y otros tocan porque hay que tocar, pero perdieron el entusiasmo o la emoción de hacerlo. Sobre eso, hay ejemplos en administraciones anteriores, porque en cada caso gobernó una alianza de partidos y cuando los lazos que unen a la coalición se desgastan, el riesgo a que se rompan contamina los resultados de la gestión.

+Luis Alberto Lacalle (1990-95) acordó con colorados una “coincidencia nacional”, la que se dio con un enfoque liberal, y fundamentalmente con apoyo de los sectores colorados de Jorge Batlle y Jorge Pacheco.

Para su segundo gobierno (1995-2000), Sanguinetti pudo armar gobierno de coalición porque el entonces presidente del Directorio blanco, Alberto Volonté, ofreció apoyo para eso.

Ya con la reforma que introdujo el balotaje, Jorge Batlle armó coalición antes de la segunda vuelta, con respaldo concreto de Lacalle (2000-2005), la que comenzaría a resquebrajarse en medio de la crisis, con el alejamiento de una corriente nacionalista (Larrañaga)

Todas fueron coaliciones lideradas por un sector político con otros aliados: primero fue la coalición liderada por el Batllismo Unido (listas 15 y 85), luego la liderada por el Herrerismo, después otra igual a la primera, y más tarde otra orientada por la Lista 15.

La victoria del Frente Amplio implicó un cambio, porque aquella coalición nacida como tal en 1971 había mutado a partido, pero sin perder los rasgos de alianza de partidos, y con un giro especial dado en 1989, cuando se había quebrado por el alejamienteo de su “ala moderada” (PGP y PDC), seguido por el ingreso de un nuevo socio: el MLN-Tupamaros. Y además, fue cuando emergió Tabaré Vázquez como un líder con mando propio.

El primer gobierno frentista (2005-10) fue el de la coalición conducida por el “partido progresista”, con un gabinete en el que estaban los jefes políticos de todos los sectores: PS (RREE), PCU (Mides), MPP (MGAP), Asamblea Uruguay (MEF), AP-PDC (MTD), AP-Confa (MTOP), Vertiente (Mvotma), el propio presidente del FA (MEC) y la vicepresidencia (AP-78).

Era coalición, pero con la estrategia central fijada por Vázquez, el creador del “Encuentro Progresista”.

Luego vino otro gobierno de coalición “tupamaro-frentista”, con la particularidad que José Mujica delegó la política económica al astorismo, pero la impronta dada por él, que se veía en los entes industriales (ANCAP, ANTEL, Puerto, AFE), en el impulso a planes propios (puerto de Rocha, regasificadora) y a una forma de producción autogestionada por obreros.

Y ahora la coalición liderara por el “partido de Tabaré”, con un gabinete armado sin pedir ni esperar consejos y mientras en el Frente afloraba el choque de posturas ideológicas con desgaste de relaciones personales.

Las coaliciones colorado-blanco tenían fecha de vencimiento aproximada, con el inicio de otro ciclo electoral. Las coaliciones frentistas contaban un vínculo de permanencia, pero ese lazo se ha deteriorado.

No aparece riesgo de ruptura o de alejamiento de sectores como se dio en 1989, pero sí hay una cantidad de frentistas que se han parado en la frontera y se tientan con salir del círculo.

Eso sucede con muchos “comunistas precaída del Muro de Berlín” que sienten que el MLN-T les cambió el Frente, que le quitó la esencia. Con o sin razón en eso, no toleran a Mujica expuesto como faro o como filósofo; hicieron el esfuerzo de aceptar la convivencia, pero nunca dejaron de verlos como “vecinos”; no como familiares.

No son los ex PCU que mantienen cargos de gobierno, sino los que se han ido desilusionando de lo que abriga su vieja bandera. También hay socialistas de siempre, que no quieren ver a su partido dominado por la corriente ortodoxa, que va marcando la cancha del PS.

Algunos expresaban esperanza de la reconstrucción de una corriente frentista-frentista que desplazara al MPP y al nuevo PCU del predominio de la estructura de la coalición, pero la gente de Mujica les gana en votos y los comunistas les ganan en militancia.

Así que ahora hablan de una nueva asociación con los socialdemócratas y social cristianos del Partido Independiente, para armar una corriente interna de ese lema.

¿Son pocos? El Frente subestima a esos disgustados, y también pierde dimensión de su crisis, porque aunque los grupos se mantengan en el lema, se ha roto la affectio societatis como lazo de cooperación con un fin común y para compartir beneficios, en este caso políticos.

Por eso el problema del oficialismo no está en la pérdida del “voto 50” en Diputados sino de la pérdida de su esencia de asociación política. Vázquez sabe que debe convivir con eso y tiene capacidad de manejo para llevar su curso.

Ahora, mirando al futuro, está claro que el próximo gobierno también será de coalición, y no se sabe qué partido o corriente política lo liderará, ni cuáles serán los socios, pero lo que sí está bien claro, es que tanto la interna del Frente como las particularidades de una oposición de abanico amplio, determinan que mantener la affectio societatis será una tarea muy compleja.

En un supuesto gobierno de coalición de los partidos que hoy están en la oposición, esa tarea demandará mayor esfuerzo al que ha tenido que hacer la izquierda.

Mientras, el Frente Amplio mantiene una unidad de acción basada en lazo histórico, espíritu de izquierda, espanto de la derecha, y necesidad de mantener el poder para que sus cambios no se desmoronen. Pero sin sueño común a la coalición, sin affectio societatis, con desconfianza y cuentas a cobrar, y así, no es fácil cumplir objetivos.


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