Cuando ver el debate en un casino es lo normal

Crónica de Trump vs Clinton con un grupo de conservadores republicanos de Nevada

Desde Reno, Nevada.

Era muy difícil que la evaluación en este casino de la ciudad de Reno, Nevada -pasara lo que pasara en la Universidad de Hofstra (Nueva York)- no fuera un apabullante apoyo a Donald Trump.

Allí habían decidido ver el debate del magnate versus Hillary Clinton una de las alas más conservadoras del Partido Republicano de Nevada.

Reno es la ciudad de los casinos. Tanto, que a penas uno se baja del avión lo primero que ve en la sala de espera del aeropuerto son las máquinas tragamonedas. Por eso es natural que se junten ahí para ver la discusión y -además- recaudar fondos para la campaña.

Al principio el debate fue seguido en silencio. Tal vez porque los participantes estaban más atentos al buffete que a las pantallas gigantes.

Los primeros embates de Trump apenas fueron festejados.

Trump Hillary Clinton Reno Nevada

Sin embargo, cuando Clinton pasó al frente y lo dejó en falso en los temas impositivos, fue cuando hubo más apoyo del público local a Trump.

Nevada no es un estado más. No lo es en esta elección ni lo ha sido en el último siglo. De las 27 elecciones presidenciales norteamericanas desde 1912 a la fecha, en 26 oportunidades en Nevada ganó el que triunfó a nivel nacional. La única excepción fue en 1976 cuando en el estado del oeste de EEUU ganó Ford y Jimmy Carter fue electo presidente. "El que gana en Canelones, gana en todo el país", dice una vieja frase de la política uruguaya. En EEUU pasa algo similar con Nevada.

Pero además el estado es importante porque es de los que no están definidos. Es uno de los "swing states", como le llaman los norteamericanos a los que nadan de un partido a otro. En esta campaña las encuestas son muy parejas y el líder cambia semana a semana.

En Nevada el voto latino representa poco más del 20%. Pero en esa sala del casino Atlantis de Reno, no había ninguno presente. Salvo por un periodista africano, todos eran blancos.

En la pantalla hablaba Clinton. Trump, a lo largo de la hora y media, la interrumpió 51 veces. Y esos cortes que en la mayoría incluían chistes, lejos de ser consideradas agresiones a la candidata, fueron los más festejadas por el auditorio republicano.

La que generó más risas y empatía fue la de los impuestos. Clinton le cuestionó que pese a ser multimillonario, siempre pagó poco. "Soy inteligente", rebatió él.

Los gritos de apoyo ganaron la sala del casino.

Trump Hillary Clinton Reno Nevada

Una vez finalizada la transmisión -que como no podía ser de otra manera en esa sala era seguida a través de Fox News- los republicanos hicieron su evaluación. Micrófono en mano, trataron a Clinton de "mentirosa" y la cuestionaron por el affaire de sus e-mails. La mayoría concentró sus comentarios en ella y muy pocos elogiaron la figura de Trump. Uno de ellos se limitó a decir que el candidato republicano fue "exitoso" en su vida "a diferencia" de Hillary.

Una mujer rubia, de poco más de 50 años, analizó también la referencia de Trump a su "inteligencia" para no pagar impuestos. Pero no defendió la ocurrencia, sino que aprovechó para cuestionar los planes de impuestos de Clinton para que paguen más las clases altas. Su argumento es que los más ricos siempre se las ingenian para no pagar, entonces a quienes más afectarán los planes de la candidata demócrata serán a las clases medias.

¿Quién ganó? En esa sala no había dudas que Trump. No tanto por su performance o por lo que lo valoran, sino sobre todo por el odio que le tienen a Hillary. Y esa es una clave de esta elección: dos candidatos con mucho rechazo.

Pero el resultado siempre dependerá del receptor. Porque lo que para muchos puede ser una actitud matona de Trump contra su rival, para los concurrentes al casino de Reno, fueron de las mejores cosas de la noche.


Populares de la sección

Acerca del autor