Cuando ya los consideraban sus hijos, el Estado se los quitó

Madres “sustitutas” y voluntarias de hogares cuestionan proceder del INAU

Las autoridades del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) le pidieron a fines de 2009 a Mónica Castro, cuidadora o “madre sustituta”, que se hiciera cargo de un bebé de dos días. Había sido abandonado en el hospital de Durazno. Accedió pero pidió que el bebé estuviera en su casa un máximo de 30 días. “Yo no quería apegarme a un niño recién nacido, que quizás luego fuera dado en adopción, y si eso sucedía el resto de la familia (su esposo y sus tres hijos biológicos) también sufriría”, contó a El Observador. Pero los 30 días se transformaron en 45, y luego en 21 meses. “Empezó a decirnos ‘ajo’, a reconocer a mis hijos como hermanos y a mí y a mi esposo como sus padres”, señaló.

Decidió pedir la tenencia. Sin embargo, en marzo pasado la citaron desde una oficina de la institución en Durazno y le pidieron que entregara al menor. “No me aceptaron en el Departamento de Adopción porque yo soy funcionaria”, dijo.

A pesar de que una psicóloga de INAU recomendó que el niño permanezca con la familia, las autoridades desoyeron esa opinión técnica. La profesional concluyó: “El niño tiene una familia sustituta, que por el vínculo establecido con él a partir de los dos días de nacido, el amor que se tienen, el niño con la familia y la familia con el niño, está dispuesta a adoptarlo”.

La psicóloga advirtió que “la separación del niño de dicha familia podría reeditar el abandono ya sufrido por su familia de origen, y generar un daño psíquico mayor”.

El dolor de Mónica no le es ajeno a Alejandra Giménez y a su marido. Luego de cerrar su negocio decidieron donar la mercadería que les había quedado a un hogar de acogida del INAU en Durazno. Luego sumaron a más amigos que les donaron ropa y otros artículos que llevaron a la institución. En esos viajes benéficos conocieron a la niña Gisella García. Había ingresado en octubre de 2009 al hogar “Artigas” por orden judicial, luego del fallecimiento de su mamá.

Los viajes se transformaron en estadías de fin de semana completo. El matrimonio alquiló un apartamento en Durazno para estar cerca de la niña.  A tal punto se afianzó el vínculo, que iniciaron la solicitud de tenencia. Pero el INAU sorpresivamente prohibió las visitas a la menor -que habían sido autorizadas por un juez- y la trasladó a un hogar en Montevideo.

Hay más casos. Jeanette Marrero dirige desde 2009 el Hogar Familiar Canelones. Decidió dedicarse al cuidado de niños huérfanos junto a su esposo, luego de la muerte de un hijo pequeño. El INAU le pidió cuidar de Thiago, un niño de seis meses con parálisis en el lado derecho.

Pasaron dos años, y Marrero se encariñó con el niño por lo que decidió adoptarlo, como antes había adoptado a Margarita, una niña con leucemia que ahora tiene 5 años.

Una vez iniciada la tenencia de Thiago, técnicos del Departamento de Adopciones del INAU le informaron que una familia había sido seleccionada para adoptar al pequeño y que en diez días -en plena feria judicial- deberían entregarlo. Marrero y su esposo enviaron un telegrama colacionado para informar que no se presentarían y esperarían a la audiencia judicial fijada para octubre por la tenencia.

El 4 de agosto pasado abogados de INAU se presentaron en su domicilio y se llevaron al niño, con la ropa que tenía puesta. Hasta la fecha no lo han vuelto a ver.

A estas tres mujeres ahora, además del dolor, las une el estar enfrentadas al INAU por la tenencia de los menores. Aunque sus realidades y vínculos con la institución son distintos, se les ha trabado la posibilidad de paremanecer con niños a los que consideran sus hijos y van a dar batalla por ellos.

En total son cinco las “madres sustitutas” que pretenden lograr la tenencia de niños sobre los que tenían la custodia legal por parte del INAU. 

Por otra parte, hay otras seis mujeres que, como Gimémez, establecieron vínculos con los niños al acercarse a los hogares con fines benéficos y han iniciado los trámites judiciales para la adopción.

Y en la mayoría de los casos existen informes psicológicos favorables a la permanencia de los niños en esos hogares.  Aún así el INAU ha negado la tenencia a esas mujeres y ha optado por entregar los niños a otras parejas.

Algunas de estas mujeres señalan a la directora del área de adopciones, Beatriz Scarone, como la responsable de los traslados de los menores y la negación de información posterior. Aseguran que se incumplen las visitas fijadas por la Justicia.

Incluso la denunciaron ante sospechas de irregularidades con las adopciones, pero se desconoce si se llevaron a cabo las investigaciones y qué resultado tuvieron.

Consultada por El Observador, Scarone afirmó: “En todos los casos ha habido información a las cuidadoras y en varios casos mantienen vínculo con esos niños”. Pero advirtió: “No es posible que las cuidadoras quieran adoptar. Es ilegal, porque sino se las priorizaría por sobre la familia adoptiva seleccionada”.

Sin embargo, la ley de adopaciones (el Código de la Niñez y la Adolescencia) coloca en pie de igualdad a las cuidadoras de la institución con personas que tienen lazos de sangre con los niños y con las parejas aspirantes a adoptar y que componen el Registro que lleva el INAU.  

El director del INAU, Jorge Ferrando, explicó a El Observador que las cuidadoras “no tienen prioridad para ser madres adoptivas”.  El asesor legal de estas mujeres, el abogado Sergio Rodríguez, señaló que en el expediente 443-158/10 hay un decreto judicial donde el juez señala que dos menores de uno de estos casos “fueron trasladados por el INAU sin autorización judicial”.


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