Cuatro tramas de suspenso que pueden sacudirnos

Uruguay como oasis en un mundo que parece haberse vuelto loco
Sabíamos todos al empezar el año que la incertidumbre política sería alta. Desde que Donald Trump ganó las elecciones prometiendo sacar más carbón, hacer más fracking, arrasar al Nafta y ser amigo de Putin, era claro que el mundo empezaba a jugar una peligrosa ruleta rusa y había que estar preparado. Ojos bien abiertos y cuerpo bien alerta porque lo impredecible se haría realidad. Si como país queremos prolongar nuestro crecimiento y consolidar las chances de desarrollo, habrá que resistir unos cuantos vendavales en los próximos meses.

Sabíamos que un presidente muy poco racional que juega a ser el sheriff del planeta chocaría con el insólito régimen de Corea del Norte. Que los ensayos de misiles seguirían, cada vez con más alcance, cada vez más amenazantes desde una sociedad que parece la puesta en escena del 1984 de George Orwell.

Era evidente al empezar el año que Venezuela estaba muy mal y solo podía ir peor por aquel principio de Einstein de que no se pueden lograr resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Y el dogma chavista madurista condena a que todo siga a peor.

Y sabíamos finalmente que en Brasil el dominó de la corrupción seguiría tumbando a figuras políticas de todos los partidos.
Todo eso era relativamente claro. Pero la magnitud que ha adquirido la turbulencia regional y global tiene pocos precedentes. La magnitud del caos que hay a cinco meses de iniciado el año y la sensación de que la ola de estos tsunamis está en pleno crecimiento obliga a mirar con todavía más atención y con los músculos bien tensos para aguantar los posibles cimbronazos. Porque esos cuatro focos de inestabilidad tienen mucho que ver con Uruguay.
En EEUU la situación de su insólito presidente es de una gravedad increíble a menos de un año de mandato. La palabra impeachment se instaló esta semana. Acostumbrado a ser un patrón incuestionable dijo que sí entrego secretos a Rusia y qué.

Su situación se hace más insostenible semana tras semana. El dólar se cae, la bolsa empieza a ir a los tumbos y los servicios secretos de todos los países dan instrucciones de no hablarle. Mientras queda cada vez más claro que Rusia intervino de múltiples maneras para facilitar su triunfo. ¿Un segundo Nixon? Parece cada vez más probable. Rusia torciendo un resultado electoral y poniendo a su candidato favorito en la Casa Blanca.

James Bond es un poroto. Pero como en las películas, es difícil que el final sea que los rusos se salen con la suya y persista por mucho tiempo un presidente que les revela secretos de Estado. Mientras, la semana que viene Trump va a reunirse con sus amigos saudíes, que siembran el veneno del fanatismo en miles de escuelas a lo largo y ancho del mundo y solventan a los grupos terroristas en Siria. Acordarán jugoso negocios por más armamento.

Por supuesto que a Uruguay le incide como a todos los países del mundo una inestabilidad tal en EEUU, por ejemplo presionando hacia un mayor atraso cambiario –tomando éste como el desfasaje entre dólar e inflación–. En esta semana el dólar se aflojó fuerte en todo el mundo, como siempre que un país no genera confianza, debilita a su moneda.

Más cerca, impacta el desastre de Venezuela. Allí se va directamente hacia una catástrofe humanitaria si no es llama a elecciones rápidamente. Y no parece que se vayan a llamar a elecciones porque la democracia implica una justicia independiente.
Y con una justicia independiente a Maduro y la camarilla que lo rodea le espera la justicia por más y más crímenes o huir a algún régimen que le de cobijo. Ha decididoapostar un baño de sangre y hambrear a millones con tal de permanecer encaramado al poder y preservar su impunidad. Pero a la gente de todos los pueblos e ideologías el hambre les saca el miedo, y cuando un pueblo pierde el miedo no hay dictador que resista. El estallido social ha llegado y no parará.
Viene la hambruna, tal vez la guerra civil. El que fuera nuestro principal comprador de quesos, el patético entrado al Mercosur cuando ya su condición de democracia era dudosa, ahora es un desastre que abarcará a millones.

Deberíamos ser más solidarios con quienes llegan huyendo del horror de una dictadura pura y dura, tal como ellos fueron solidarios cuando nosotros tuvimos nuestra dictadura.

Para Uruguay este desastre tiene implicancias más fuertes. Hay un saldo de lácteos vendidos que parece ya incobrable, hay negocios que serán investigados cuando el dictador caiga. Porque como bien sabemos por experiencia propia, cuando una dictadura ya no puede asustar, su caída se vuelve irreversible.

Más cerca, aquí al lado, sabíamos que las delaciones premiadas en Brasil seguirían haciendo caer a políticos de todos los partidos y posturas. Pero las grabaciones de JBS en esta semana implicando al presidente Temer en la compra del silencio del ex presidente de la Cámara de Diputados Víctor Cunha son un gran cisne negro que cambia potencialmente muchos supuestos sobre los que están basadas las proyecciones para este año.

Veníamos con un dólar presionado a la baja apostando a una gradual recuperación de la economía brasileña. El primer trimestre había generado un cierto crecimiento, los inversores apostaban a esta nueva etapa de la economía brasileña.

Ya no será. La salida de la recesión queda postergada. El sector lácteo y el arrocero que habían mejorado en forma importante sus colocaciones en el país vecino pasan a una situación de incertidumbre. Tras un largo período un año atrás en el que la sociedad brasileña se paralizó detrás delForaDilma, ahora viene el período deFora Temer.
¿Y quien vendrá después? Incertidumbre máxima, dólar que sube y precios de los productos uruguayos que bajan. ¿Cuánto será la devaluación de Brasil en los próximos meses? Cómo impactará esto en las cuentas de JBS, la empresa que antes recibió favores y ahora hace delaciones y que ya viene golpeada por el affaire carne fraca y ahora está en el medio de este gran lío? Acompañará el dólar uruguayo una eventual suba del dólar en Brasil?
Una vez más la resilencia de Uruguay será puesta a prueba por fenómenos que en 2002 nos llevaron puestos. Lo de Brasil es una amenaza, pero también es una oportunidad. Diferenciarnos debe ser una obsesión. Un oasis donde no debe haber corrupción de ninguna escala ni presidentes que se perpetúan desconociendo al Parlamento.

Y mientras todo eso pasa Corea del Norte sigue testeando misiles y amenazando con una guerra nuclear, justo cuando la selección Sub 20 de Uruguay se apresta a disputar un Mundial de fútbol a escasos kilómetros, en la Corea pero del Sur.

Cuesta entender como se puede disputar un mundial a pocos kilómetros de un país que puede lanzar una bomba atómica en cualquier momento y desatar un pandemonio. Y allí en el medio, 20 jóvenes uruguayos soñando poner a Uruguay una vez más en los titulares del mundo. Porque si se ganó un sudamericano se puede ganar un Mundial. Eso, si el loco que gobierna Corea del Norte no aprieta el botón rojo durante el torneo.

En una globalización que parece cada vez más inestable, secuestrada por liderazgos enceguecidos por el poder, Uruguay está amenazado. Pero puede confirmarse como un pequeño ejemplo de que las cosas pueden ser de otra manera. Un país donde pueden venir personas de todo el mundo a cantar el Imagine de John Lennon, invertir y construir el desarrollo desde la lógica de la paz y la democracia.

Al fin y al cabo fueron los conflictos de otros los que alimentaron las oportunidades que el país tuvo en el siglo XX y que luego no supo aprovechar. En este siglo no podemos dejar de aprovechar la oportunidad. Imagine.

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