Daddy Yankee en vivo: musicalmente escaso y con poco de su propia voz

El reggaetonero se presentó el sábado en Uruguay en un show en el que la mayoría no vio nada
Dos guitarras, un bajo, batería, teclado, flauta, acordeón, instrumentos de percusión, tres coristas y más. Una decena de músicos desplegados en el escenario para cantar el tema Nota de amor, una colaboración entre Wisin, Carlos Vives y Daddy Yankee. Para suplir las voces de los dos ausentes, un artista se sube al escenario para interpretar su parte. Eso fue lo que sucedió el 15 de marzo, cuando el colombiano que hizo popular el vallenato en todo el continente se presentó en el Teatro de Verano.

En cambio, cuando Daddy Yankee interpretó el sábado esa misma canción en Landia (Parque Roosevelt) no había un solo músico en escena. Ni uno. Tampoco instrumentos. Solo él y una computadora, que ni siquiera tenía un DJ mezclando sonidos en vivo sino que se limitaba a darle play a la pista.

De esa forma, los más de 7.000 espectadores de la noche podían escuchar a Vives y a Wisin a través de los parlantes, pero también desde la grabación salía la voz de Daddy Yankee.

Sobre el escenario, el artista acercaba –a veces– el micrófono a su boca para decir algo o acompañar la letra en vivo.

Esa situación no ocurrió solamente en ese tema, sino a lo largo de todo el show.

En la mayoría de las canciones que formaron parte de este tercer concierto del reggaetonero portorriqueño en Uruguay el cantante no cantó, y corría con la ventaja de la pista de fondo. Estrictamente no se lo puede llamar playback, porque el micrófono estaba prendido y de tanto en tanto Daddy Yankee cantaba –o hablaba– encima de la pista. Pero tampoco se lo puede llamar, estrictamente, un concierto en vivo.

El único agregado era un grupo de diez bailarines en escena.

Ramón Ayala, como verdaderamente se llama el artista, se hizo conocido en América Latina hace más de una década, cuando en 2004 lanzó el álbum Barrio fino, que tenía el tema Gasolina. Pero con el paso de los años basó buena parte de su carrera y de los hits que lo llevaron a lo más alto de los rankings musicales en colaboraciones con otros artistas caribeños.

En el show en Uruguay hubo canciones que incluían a Nicky Jam, Chino y Nacho, Wisin & Yandel, Zion & Lennox, e incluso el éxito del momento, Despacito, que lo tiene a Daddy Yankee como apoyo de Luis Fonsi. Sus voces estaban ahí, aunque ellos obviamente no.

Los orígenes del reggaetón están en Panamá, pero donde verdaderamente se afianzó como género musical fue en Puerto Rico en la década de 1990 con la combinación de reggae y hip hop. Comenzó con DJs mezclando esos ritmos e intérpretes cuya mayor virtud podía ser la de hablar muy rápido.

La explosión de este tipo de música fuera de fronteras llegó con Daddy Yankee en los 2000. Pero desde entonces el género ha mutado, se ha perfeccionado, se ha fusionado con otros ritmos latinos y otros estilos. Prueba de ello es que pueda haber trabajos conjuntos con Fonsi o Vives. La computadora ya dejó paso a los instrumentos, que suenan claramente en las canciones. Pero nada de eso se vio en su show. Y no es que este artista se presente sin músicos solo en Uruguay. Lo hace en todos lados.

Poca visibilidad

Debajo del escenario al aire libre montado en Landia para la ocasión, el público estaba dividido en tres sectores: VIP, platea y campo. Los primeros dos grupos tenían entradas numeradas, cada una correspondiente a una silla de plástico ubicada sobre el predio. Los del fondo quedaban parados.

Quienes estaban más cerca habían pagado casi $ 2.900. Los que estaban unas filas más atrás, entre $ 2.100 y $ 2.400.

Cuando el show comenzó, los que tenían entradas VIP pero no estaban bien adelante se pararon sobre las sillas para poder ver algo del escenario.

Eso produjo que quienes estaban en la platea, que habían pagado unos $ 1.800 por estar ahí, también se pararan sobre los asientos.

Desde ese punto apenas se veía algo del escenario y las pequeñas pantallas que transmitían el show a los costados del escenario.

Cuando una señora, de unos 50 años, que había ido a acompañar a su hija adolescente se quejó ante uno de los que trabajaba en la organización porque no veía nada, la respuesta que recibió fue que eso era usual en los conciertos.

Atrás quedaban los que tenían entradas de campo. Habían pagado entre $ 1.200 y $ 1.700 para no ver nada. Ni siquiera las pantallas a los costados. Y escuchaban lo que salía de una computadora de fondo.

Gritos para que se bajaran, insultos de todo tipo, pero nada pudo hacer que los de adelante se bajaran y le permitieran ver algo a los que también habían pagado.

Afuera del predio, unas cien personas que no tenían entrada se habían acercado a escucharlo desde afuera. Gratis, veían lo mismo que miles que sí habían pagado.

El show duró apenas una hora y media e incluyó canciones como Lo que pasó, pasó, La despedida, Lovumba, Llamado de emergencia, Hasta el amanecer, Andas en mi cabeza, Limbo y Ella me levantó. Presentó, además, sus temas más recientes (Shaky Shaky, Hula Hoop).

"No es lo mismo verlo en YouTube o en la televisión que estar aquí. La sensación es diferente", dijo Daddy Yankee en un momento del show. Pero era lo mismo.

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