Daniel Hendler: "Con El otro hermano me reí, me emocioné y me sentí violentado"

Actor, director, guionista y ocasionalmente productor, el uruguayo protagonizó el último filme de Adrián Caetano, una historia negra que se estrenó el jueves

Matías Castro, especial para El Observador

Depués de 20 años de carrera entre el teatro, la televisión y el cine, Daniel Hendler (Montevideo, 1976) se acaba de ensuciar las manos con un papel denso y sórdido en El otro hermano. Se trata de un viaje sin retorno en el que su personaje, Cetarti, llega al pueblo en el que su madre y su hermano fueron asesinados, y se enreda con un policía (Leonardo Sbaraglia) que le propone repartir un seguro de vida a cambio de ciertos favores. La vigésima película de Hendler como protagonista se aparta del minimalismo que ha caracterizado a buena parte de sus papeles y lo reúne por primera vez con Adrián Caetano.

Esta película es todo un viaje para el espectador. ¿Cómo fue para usted, que estuvo metido en ella durante varios meses entre ensayos y rodaje?

Al leer el guión original ya sabía que me metía en un viaje fuerte, con oscuridad, pero recién salí de ese camino cuando la vi terminada. Quizá en mis primeras experiencias de actuar en cine, cuando veía la película finalizada me costaba no evaluarme. Recién a la segunda vez podía ver la película como un todo. Ahora lo puedo hacer de primera, y creo que para evaluar mi propio trabajo es mucho más efectivo ver toda la película. Porque si funciona, mi trabajo está bien; y si miro detalles de lo que hice me estaría perdiendo lo que importa. Así que esta la pude ver como un espectador más: me reí, me emocioné y me sentí violentado, porque por momentos me pareció demasiado fuerte.

Dirigió El candidato unos seis meses antes de actuar en este filme. ¿Esa cercanía le influyó para ver su trabajo desde la óptica del actor y del director a la vez?

Tengo una herramienta de actor, que tiene que ver con ser director, y que es saber lo que se está contando. Eso te ayuda a actuar, porque a veces, en la sala de montaje se rompen el cráneo tratando de salvar situaciones que capaz que el actor las hizo brillantemente pero no para el plano que se precisaba o para los cortes entre tomas. Entonces si uno entiende más o menos el lenguaje y lo que busca el director, tenés un recurso para dar opciones de corte, para tener continuidad entre plano y plano y para no actuar de más o de menos según lo que se busca capturar.

¿El guion tenía tan poca información sobre los personajes como la novela original?

El guion no aportaba demasiados datos sobre mi personaje. Se saben algunas cosas, que son como pistas que no te llevan a ningún lado, porque hay algo de él que empezamos a percibir de la mitad para adelante. Eso nos obligó a mí y a Caetano a armarle una historia, pero que no hicimos explícita entre nosotros. Le dimos posibles historias al personaje, con las que se podría justificar su accionar. Por ahí alguna de ellas me servía, como imaginarle ciertas carencias afectivas que lo llevaban a esa falta de moral y a que estuviera dispuesto a hacer cualquier cosa en busca de alguna luz.

Lo seguro sobre su personaje es que, al principio por lo menos, está fuera de la corrupción de Sbaraglia. Tiene un atisbo de sensatez cuando le dice "¿Y esto no será ilegal?".

Hay cosas que descubro viendo la película, porque ves que el personaje escondía algo que se empieza a revelar y que nos sorprende. Creo que el personaje es el mismo del principio al fin, pero hay algo que estaba tapado ahí. No quiero sonar pretencioso diciendo que había algo Tarkovskiano en él, como paños que se van sacando y cuando ves lo que hace hacia el final trazás una línea y se te configura una nueva realidad sobre ese tipo.

Alguna vez dijo que no era de sumergirse en ambientes particulares para captar a su personaje. Sin embargo, acá hizo un cambio físico notorio.

Fue un pedido de Caetano, que apenas me vio me dijo que engordara unos kilitos. No me preocupé mucho, simplemente liberé restricciones y habré engordado seis o siete kilos. Y para mí está buenísimo el someter los sentidos a algún tipo de experimento. En este caso fue estar gordo y bajo el sol, con transpiración real. Eso me ponía en un estado diferente, que aunque no sea propio del personaje me ayudaba a permanecer en ese viaje durante todo el rodaje. Lo que digo es que cuando pienso en los trabajos que más me gustan, estos no son necesariamente los del asesino serial o de la persona con discapacidades, figuras extremas que por ahí te dan más oportunidad de lucir ciertos dotes. Pero eso no necesariamente implica que se logren personajes más profundos o humanos.

¿Le costó sacarse a un personaje oscuro que atraviesa una historia terrible?

No, solamente sacarme los kilos. No creo en aquello de que el actor se mete en el personaje, aunque en un punto siempre sucede algo de eso. Pero no implica que yo piense o actúe como el personaje, sino que hay algo ahí. El personaje se conecta con una zona tuya, que no necesariamente es consciente, y por ahí estás un rato imbuido en eso. Y recién cuando salís te das cuenta.

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