Danilo Astori: El ADN de Seregni

“La política es una actividad humana noble. Tenemos que defenderla de aquellos que la desprestigian”

Danilo Astori es hijo de la academia, de los tumultuosos años 1970, de la resistencia a la dictadura, y protagonista de varias transiciones, entripados y sapos mal digeridos que tan solo se perciben o intuyen en las sombras de los episodios que le tocó vivir.

Líber Seregni lo llevó en 1989 a la fórmula presidencial y a ser el primer candidato al Senado de todas las listas. Astori tenía entonces un idilio con el Frente Amplio (FA), coalición que festejó como una hazaña la conquista de la anhelada intendencia de Montevideo por parte de un casi desconocido oncólogo, hincha de Progreso y amante de la pesca y el boxeo.

A pesar de la ruptura sufrida ese año con sectores que exigían un cambio ideológico, la doble candidatura presidencial y la caída del socialismo real, el Frente Amplio mantuvo su electorado y, con la Intendencia, probó el sabor agridulce del poder.

Desde ese punto de quiebre, Astori se convirtió en defensor a ultranza del FA contra lo que interpretó un intento de Vázquez de sustituir dicha coalición por el Encuentro Progresista, una alianza más amplia con escindidos del Partido Nacional y otros sectores.

Además de ello, rechazó la candidatura a la intendencia en 1994 para fundar su propio sector político, Asamblea Uruguay. ¿Fue un error estratégico de cara a sus posteriores aspiraciones presidenciales? Habría más de una respuesta a esa pregunta incómoda.

También se aferró al liderazgo de Seregni, luego herido de muerte en 1996 cuando Vázquez desautorizó su apoyo a la reforma constitucional que instaló el balotaje y las candidaturas únicas a la presidencia, una reivindicación histórica de la izquierda. Astori y Seregni creyeron necesaria una renovación de posturas ideológicas que pasaba por evitar una confrontación sistemática hacia el gobierno de centroderecha, como defendía Vázquez.

Luego de desplazar a Seregni de la presidencia del FA, Vázquez le ganó a Astori la interna frenteamplista por la candidatura presidencial en 1999 por 82 % contra 18 % de votos. Ese golpe pudo haberlo noqueado, pero Astori se levantó.

El triunfo interno de Vázquez legitimó su estrategia de confrontación y ampliación de las fronteras del FA desde el Encuentro Progresista a la Nueva Mayoría, con la que ganó las elecciones de 2004 con mayoría absoluta. Pero un factor clave para ese triunfo fue el anuncio anticipado de que Astori sería el ministro de Economía en caso de triunfo. Sería la garantía de estabilidad y confiabilidad para el mundo de los negocios, una cualidad que se reflejó en una encuesta de Cifra de 2013 cuando el 60% de los blancos y el 55% de los colorados dijeron preferir un equipo económico liderado por el astorismo antes que por el mujiquismo.

Fue un pacto de compadres y un preanuncio del apoyo de Vázquez a la candidatura presidencial de Astori en 2009. El expresidente cumplió, pero los caminos de la política muchas veces no siguen la línea recta.

Astori fue el hombre fuerte del gobierno de Vázquez y muchas veces se lo comparó con la figura de un primer ministro. La reforma tributaria que instaló el impuesto a la renta, la reprogramación de los vencimientos de deuda y la financiación del plan de emergencia y el sistema nacional de salud se cuentan entre sus logros. Uruguay creció durante diez años a tasa china y mejoraron los indicadores sociales, de pobreza, indigencia e igualdad que la izquierda reivindica como logros y la oposición al viento de cola.

En 2009 las cosas no salieron como Vázquez y Astori habían planeado. Mujica se presentó a la interna como candidato presidencial y obtuvo el 52% contra el 39,7% de Astori y el 8,28% de Marcos Carámbula. Astori volvió a absorber el golpe y aceptó la candidatura a la vicepresidencia. Desde allí trató de construir la mejor relación que pudo con el presidente.

Supervisó un equipo económico jaqueado por posiciones más radicales afines al mujiquismo desde la OPP y logró mantener la confianza de los agentes económicos. La caída de PLUNA y el affaire que terminó con dos prominentes figuras astoristas procesadas por abuso de funciones fue uno de los golpes que no pudo asimilar y que los pagó en votos. Volvió a ocupar el ministerio de Economía en el segundo gobierno de Vázquez y ha sido el encargado de poner el freno al gasto, aplicar un ajuste fiscal y exponerse a la crítica de los sindicatos y buena parte del FA por recortes presupuestales y pautas salariales elaboradas bajo el signo del achique.

A lo largo de su vida política Astori asumió funciones y papeles que entendió necesarios para fortalecer al Frente Amplio a costa de soportar insultos inmisericordes y muchas en contra de su propia conveniencia.

En esas muestras se vislumbra el ADN de Seregni.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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