De crímenes y castigos

Cómo es la reedición de El tigre y la nieve, de Fernando Butazzoni
Esta novela de Butazzoni, publicada por primera vez en 1986, puede considerarse hoy un clásico. Catorce o quince ediciones (el autor no sabe bien cuantas son) atestiguan el hondo calado social que tuvo y tiene El tigre y la nieve, que cuenta la historia real de la uruguaya Julia Flores, sobreviviente del campo de exterminio La Perla, que funcionó durante la última dictadura argentina en la provincia de Córdoba.

En un hecho insólito, casi de trascendencia metafísica, la edición conmemorativa por los treinta años que lanzó la editorial Planeta el mes pasado, coincidió con el veredicto emitido por la justicia argentina el 25 de agosto, que condenó a cadena perpetua a muchos de los responsables militares de ese establecimiento que operó al mejor estilo nazi con total impunidad.

La novela, notable de principio a fin, es un profundo y sentido relato del horror que campeó a sus anchas en la vecina orilla, pero es también un detallado estudio psicológico de la protagonista, una mujer que está lejos de ser el arquetipo de la militante heroica que lo resiste todo por el ideal y sus compañeros.

Porque Julia Flores cede ante las interminables torturas, "canta" para sobrevivir (aunque no delata a compañeros) y además accede a acostarse regularmente con Ernesto Barreiro, uno de los jefes del campo, que la toma como su amante y protegida, lo que a la larga le permitirá salir viva de La Perla.

Pero la novela es mucho más que eso, gracias a una estructura singular que le permite a
Butazzoni iluminar otros muchos aspectos de la realidad de una mujer que, a pesar de que sobrevivió, está como muerta en vida porque no puede escapar de su pasado aunque viva exilada en Suecia, donde conoce al narrador protagonista, del que se enamora y con quien decide compartir la historia de su vida.

El azar junta a los protagonistas en una Suecia que es retratada con maestría por Butazzoni, con esa mezcla de solidaridad estatal modélica e indiferencia absoluta de los ciudadanos hacia los refugiados. El frío, la nieve, las casas todas iguales, el no saber bien porqué están allí, une a la pareja de forma indisoluble y el amor es el denominador común.

Pero poco a poco la pareja comienza a sufrir las consecuencias de la singular terapia que emprenden, donde Julia va contando uno a uno los pormenores de su pasado, buscando exorcizar a los demonios que la carcomen por dentro. La novela alterna constantemente entre el pasado y el presente: al relato de Julia de su primer día como detenida siguen las consecuencias de esa charla con su pareja.

Este ida y vuelta temporal resulta fundamental para no agobiar al lector con un catálogo de atrocidades que si fuera ininterrumpido sería insoportable. De todas formas, hay que decir que el autor maneja con maestría las partes más escabrosas de la historia, no regodeándose en las torturas, sino que opta por dar un panorama general del campo que resulta dantesco y sumamente efectivo literariamente.

Hay escenas magistrales, de gran trascendencia, como cuando Julia, en su primera escapada al bulín del capitán Barreriro (ese hombre que después de torturarla sin piedad dice que la quiere) se mira por primera vez después de meses en un espejo y apenas se reconoce. O cuando otro mandamás, el sádico Dietrich, juega a la ruleta rusa con ella.

El tigre y la nieve es una novela durísima pero al mismo tiempo profundamente humana. Es una denuncia sobre los crímenes de lesa humanidad que asolaron el continente y también un impresionante e imprescindible estudio psicológico sobre la culpa.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli