¿De dónde viene la riqueza?

Hay quienes piensan que es posible continuar con el ritmo de gasto y de crecimiento salarial como si nada, olvidando el verdadero origen de la riqueza

Tiempos de luchas presupuestales aún antes de que el presupuesto sea enviado al parlamento; tiempo de disputas salariales en los Consejos de Salarios; tiempo de huelgas y de conflictividad, tiempo de pérdida de clases, tiempo de discusión permanente: ¿estamos o no en crisis? ¿podemos seguir aumentando el gasto público? Y los salarios ¿pueden seguir creciendo en términos reales a pesar de que el desempleo comenzó a aumentar?

Ernesto Talvi, en la conferencia de CERES del pasado martes, marcó con precisión los desequilibrios generados en la administración anterior, cuando la economía comenzó a enfriarse. El gasto público siguió creciendo como si nada hubiera pasado y se amplió la brecha entre el crecimiento de gasto y el crecimiento de recaudación. Los salarios crecieron a un ritmo dos veces superior al que se hubiera justificado y, como consecuencia, ello repercutió en el crecimiento del empleo, que pasó de un 3,3% anual en la época de bonanza a un 0,7% anual a partir de 2012. Y advirtió sobre la necesidad urgente de corregir esos desequilibrios macroeconómicos y laborales, a expensas de que el país ingrese en zona de riesgo.

Pero estas recomendaciones y otras muchas de otros economistas de diversos ámbitos, suelen caer en saco roto. Y una parte importante del partido de gobierno y de la central sindical piensan y pregonan que es posible continuar con la curva ascendente del gasto público y de los salarios como si nada pasase. Alientan así expectativas falsas que luego será difícil desmontar.

Es una dinámica muy similar a la que se observaba en épocas de los gobiernos de los partidos tradicionales. Solo que en aquellos tiempos, los culpables de que el gasto y los salarios no aumentaran eran el FMI, los grandes empresarios, las multinacionales, los inversores extranjeros que venían con un parche en el ojo y con pata de palo.

Los partidos tradicionales hace tiempo que no gobiernan, salvo en algunas intendencias donde realmente no se han lucido, los inversores extranjeros son bienvenidos, hay un tercer gobierno de izquierda, pero las demandas siguen siendo similares. No se entiende o no se quiere entender de dónde se genera la riqueza. Se sigue pensando que cae de los árboles como las bananas y que no hace falta más que recogerla y distribuirla. Se sigue pensando que el estado puede generar riqueza y por tanto repartirla a manos llenas para satisfacer las apetencias de los intereses corporativos que luchan por su parte de la torta presupuestal. Pero ya sabemos de sobra que, salvo contadas excepciones, el estado no es bueno generado riqueza y empleo productivo. A lo sumo puede distribuir riqueza y muchas veces destruirla con su excesivo intervencionismo. Y si alguien tiene dudas, le aconsejo un viaje a Venezuela, otro a Cuba y otro a Argentina, donde se puede ver lo que podría ser un país rico y que no lo es.

Por otra parte, es muy poco el valor que se asigna a la actividad empresarial, generadora de trabajo, de empleo, de bienes y de servicios. Hace pocos días, el Cr. Enrique Iglesias, destacaba el papel de los pequeños y medianos empresarios en la creación de empleo. Iglesias señalaba que las PYMES son quienes generan alrededor del 90% del empleo del país y que allí es donde hay que trabajar para que prosperen, innoven y crezcan. Este es un dato muy positivo para quienes piensan que los países que fomentan un clima favorable a la empresa privada son los que más se desarrollan pero es un balde de agua fría para quienes piensan que el empleo lo generan multinacionales sin rostro y sin alma, que deben ser estrechamente controladas y, si es posible, rechazadas.

Uruguay no es un país que vea, en general, con buenos ojos la actividad empresarial. Todos quieren un empleo estatal y muchos empresarios quieren un contrato estatal. Pero sin empresarios, pequeños y medianos, que conforman el tejido social de una nación, no hay un futuro auspicioso. Ahora que dejó de soplar el viento de cola, en necesario ponerse a pensar que la mejora de los salarios y de los empleos vendrá de una renovación de la actividad empresarial, que innove, que exporte, que agregue valor a la producción nacional.

Es hora, quizá, que recordemos la aguda reflexión de Winston Churchill: “Muchas personas miran al empresario como al lobo que hay que abatir, otros muchos lo miran como a una vaca que hay que exprimir, y muy pocos lo miran como al caballo que tira del carro.” Exprimiendo al caballo, no vamos a ningún lado.


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