De gatos y perros, elogios de los pies de seda

La Nobel Doris Lessing dedica una obra deliciosa a los felinos
Una de las posibles formas de dividir la sociedad es entre perreros y gateros. A lo largo de las décadas, en mi familia hemos sido bastante perreros, salvo mi hermana Pilar, una gatera absolutista. Tiene un gato blanco de pelo sedoso y bigotes largos como antenas, desde hace casi diez años. Inseparable compañía. Con el tipo de cariño que predica y que exige un gato. El que intente traducir o comparar los comportamientos y los subsiguientes sentimientos de un gato con los criterios de un perro errará el tiro, y tendrá una imagen equivocada de la relación entre el amor y el pequeño felino.

Aun a riesgo de contradecir lo antedicho y entre enormes comillas humanas, uno podría decir, con ojos perrunos, que el perro es más sincero, más abierto, más transparente, incapaz de maldades. Un espíritu constantemente alegre, cuyo símbolo se sintetiza en la lengua colgando como exclamación de una sonrisa, que sabe acompañar los momentos más tristes con una enorme carga de empatía. Si bien todo esto es cierto, al colocar las coordenadas dentro del criterio gatuno, la operación no es exactamente inversa. Con mi hermana aprendí que los gatos también poseen su porción de transparencia, de apertura, de empatía y de bondad dentro de su aparente frialdad y distancia.

De hecho, por momentos sus actitudes son demasiado humanas. El gato reacciona de una forma en que el perro sería incapaz: el gato se ofende.

¿Cuántos gatos han abordado el mundo de los libros, de la mano de sus dueños gateros o de sus odiosos autores perrunos que los desprecian? Desde aquel minino negro que Edgar Allan Poe hizo volver de las tinieblas hasta los poemas de la argentina Alejandra Pizarnik, los gatos poblaron algunas excelentes páginas o descansaron en el regazo de célebres autores que meditaron la narración de sus libros bajo su atenta mirada: de Jean Paul Sartre a Jean Cocteau y Colette (que escribió la frase "no hay gatos comunes"), de Julio Cortázar a Jack Kerouac, Ernest Hemingway o William Burroughs. La lista continúa con gracia como la curva de la cola del gatito que despierta con las primeras luces del día...

Entre esta selecta lista se destaca la prestigiosa escritora Doris Lessing, premio Nobel de Literatura en 2007. En 1967, Lessing publicó un libro titulado Particulary cats, traducido al español como "Gatos ilustres", que Lumen acaba de publicar en español en un hermosa edición con dibujos de la catalana Joana Santamans.

Lessing vivió buena parte de su vida acompañada por gatos, desde su infancia en granjas de Rodesia hasta los sucesivos apartamentos que ocupó en París y Londres, entre otras ciudades. Más allá de los cambios en el paisaje, doña Doris siempre tuvo cerca la presencia silenciosa y súbitamente tempestuosa de dos gatas, una negra y otra gris, rivales y hermanas, dueñas de momentos únicos que quedaron estampados en las páginas de la escritora.

El libro es un elogio a los pies de seda. Lessing capta el gesto, la mirada, el salto propicio, el pájaro que llega como ofrenda y queda tirado bajo una ventana. Gatas preñadas, gatos salvajes en la noche, desenfreno y lujuria sobre las tejas. La inteligencia y la delicadeza, la dosis precisa de violencia, el arte de caminar con garras con guantes de pelusa, de contemplar el silencio con actitud trascendente.

La prosa de Lessing es simple, porque no se necesita más. Los que quieran competir con ladridos y diarios salivosos en las fauces, que jueguen otro juego. ¿No será que el espíritu gatero está esperando en algún recodo del tiempo?

Ficha del libro

Título del libro: Gatos ilustres

Páginas: 160

Precio al público en Uruguay: $ 790

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