De Pittsburgh a París, ida y vuelta

Lo que está en juego es la cuestión entre el populismo barato y la construcción de una sociedad basada en valores de trabajo y solidaridad
Semana curiosa en el ámbito internacional. Trump regresó el domingo de su viaje por nueve países y Angela Merkel (que bueno es recordarlo, está en campaña para las elecciones del 24 de setiembre) generó un terremoto ese mismo día al decir que "los tiempos en los que los europeos podían confiar completamente en otros están quedando atrás".

Se refería a la visita de Trump a Alemania, donde el mandatario estadounidense volvió a criticar el superávit comercial germano, se mostró dubitativo respecto al acuerdo de cambio climático de París de 2015 (del que anunció su salida el jueves 1° de junio) y volvió a recordar a los europeos que no pagan su cuota parte proporcional del presupuesto de la OTAN (EEUU paga el 75%), que fue creada para defender a Europa de las ambiciones de la URSS. También Merkel tenía en la cabeza a Gran Bretaña y las difíciles negociaciones por el brexit, que pueden acabar muy mal si la UE sigue exigiendo 100 mil millones de euros a los británicos para irse.

Con todo, el mayor problema no son las discrepancias, muchas veces lógicas entre los principales países, sino qué tipo de valores están protegiendo y promoviendo las principales potencias. Trump, al anunciar el abandono del Acuerdo Climático de París, dijo: "Fui electo para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París". Y esto es lo preocupante. Primero, porque no hay oposición entre los ciudadanos de Pittsburgh y París (que fue simplemente el lugar donde se firmó el acuerdo, no el que se protegerá del cambio climático). Segundo, porque la frase de Trump demuestra el más grave populismo, ya que solo parece preocuparse de los ciudadanos de su país ("America First") aunque el resto del mundo reviente. Y ello es olvidar que, por más grande y poderoso que sea EEUU, estamos todos en el mismo barco, que es el planeta Tierra, y no hay un "sálvese quien pueda" porque o nos salvamos o perecemos todos juntos. Si no nos convencemos de ello, y fomentamos el nacionalismo, la xenofobia, el primero yo, el rechazo a la inmigración, terminaremos por poner fin a una era que, con todas sus dificultades y defectos, elevó enormemente el nivel de vida de la humanidad, redujo la pobreza y abrió caminos de desarrollo y crecimiento gracias a la apertura económica y social. Y si a alguno le quedaban dudas, allí está el ejemplo de China, que gracias a la globalización y a la apertura al mundo sacó de la pobreza a más de 600 millones de personas.

Más aún, lo que está en juego es la cuestión entre el populismo barato y la construcción de una sociedad basada en valores de trabajo, solidaridad, preocupación por los demás.

Y para los que piensen que esto es ingenuidad, es bueno recordar que durante el viaje de Trump ocurrió un episodio en un tren estadounidense que circulaba por Portland en el estado de Oregón. Producto vaya uno a saber de qué, un hombre de raza blanca comenzó a insultar duramente a dos jóvenes musulmanas que viajaban en el tren. Una tenía 16 años y otra, que usaba el velo, 17. Y como es lógico, hubo gente que se sintió interpelada por ese despreciable hecho. Tres hombres se dirigieron al agresor. Y antes de que pudieran darse cuenta de lo que ocurría, el agresor sacó un cuchillo y atacó a los tres. Uno falleció en el momento; otro, sangrando, fue llevado a un hospital donde murió. El tercero tuvo más suerte y luego de una operación de la garganta, se restableció. El autor del homicidio escapó pero pronto fue detenido por la policía. Nicholas Kristof, columnista del New York Times, escribió un excelente artículo acerca del hecho y acerca de que Trump, tan dispuesto a disparar un Twitter por cualquier cosa, se llamó a silencio sobre esta tragedia. Horas más tarde, la Casa Blanca, desde la cuenta oficial de Twitter del presidente, hizo un reconocimiento a la valentía de los héroes muertos y del héroe sobreviviente.

Estos tres ciudadanos americanos, a quienes Trump quiere defender de los musulmanes, no estaban en París sino en Portland y arriesgaron sus vidas para proteger a dos chicas musulmanas que estaban siendo agredidas. Estos son los valores por los que vale la pena luchar y los que hay que promover: ayudar al prójimo, ser solidario incluso hasta el extremo.

Por eso es muy importante lo que hacen y lo que dicen los líderes políticos. Ellos marcan el tono y fomentan el odio o la ayuda. Por suerte para estas chicas musulmanas, tres estadounidenses que iban en el tren creían en los valores tradicionales de su país y salvaron sus vidas. Por eso, Pittsburgh es importante pero París también lo es. Y más aún Portland, donde circulaba el tren que llevaba un hombre envenenado contra el islam. Tan envenenado y peligroso como los yihadistas del ISIS. Porque si su veneno se esparce en Occidente, será la gran victoria del ISIS.

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