Decapitaron a Trump

A pocas horas de las elecciones en Estados Unidos, aparece la cabeza de Trump en una caja. Arte con la estética del Estado Islámico o los narcos mexicanos
Desde el pasado 20 de octubre la Galería Unix de Nueva York se mete de lleno en la competencia electoral de Estados Unidos. ¿Cómo lo hace? Exhibiendo un Trump decapitado. El artista español Eugenio Merino adopta la estética del terror de los radicales islamistas y de las bandas narcotraficantes de México y se la toma con el pobre Donald.

La práctica creativa de Merino –nacido en Madrid en 1975- ya había generado revuelo en Madrid por una muestra con la cabeza del dictador Francisco Franco, como si fuera un puchinball. Tanto lío provocó que la fundación que promociona al Generalísimo le hiciera juicio al artista. (Tras 4 años de litigio la fundación perdió y el artista se fortaleció en esa línea de trabajo).

Cuando uno entra a la galería, Trump no es el eje de la muestra. Tampoco lo es una cabeza de Hitler en una vitrina; una cabeza que emerge casi en medio de sobres para carta o de votación. Hay que buscarlo a Trump. Y allí aparece. Está en una caja de embalaje, con la inscripción mercancía "inflamable, contaminante, tarada". Impacta la imagen. ¿Trump dormido? ¿Meditando? ¿Muerto? En todo caso el paquete sugiere que lo que contiene es tóxico. "Es justo lo que le falta al verdadero Trump, la cabeza", dice Merino. El artista ha asegurado que no quería hacer una escultura que le diera realce o destacara al candidato republicano; un "payaso", subraya. Y agrega: "No quería convertirlo en una pieza de arte contemporáneo".

La realidad impactó de otra manera. La declaración de Merino –por lo expresado- parece un poco desactualizada o, por lo menos, ingenua. Trump decapitado ya es una obra del denominado "arte contemporáneo" porque Merino no elige exhibir la cabeza de Doña Dolores, una panadera madrileña que pocos conocen. Al elegir a Trump adopta e incorpora algunas de las claves del "arte contemporáneo", como lo hizo el censurado artista compatriota Julio de Sosa con las imágenes de los senadores José Mujica y Lucía Topolansky.

CUESTIÓN DE LA CABEZA

Decapitaron a Trump
Merino quería reírse de Trump, por eso prefirió montar una pieza más irónica, cuyos referentes llevan a Seven (David Fincher, 1995) y Quiero la cabeza de Alfredo García (Sam Peckinpah, 1975). Pero la acción plástica de Merino no se detiene en las cabezas de Trump, Hitler o Franco. Su cabeza tiene un guion crítico del mundo en donde vive. Y esa hoja de ruta ideológica domina esta muestra. El suelo de la sala está cubierto con moqueta, para subrayar el hecho de EEUU como epicentro del capitalismo. Junto a la cabeza tóxica incluye una moneda del tamaño original de medio dólar, pero en lugar de una efigie de águila aparece un buitre.

Según el diario "El Español", el protagonismo de la sala recae en las 20 banderas originales del G20. Todas están recortadas con láser hasta darles forma de reja. "Las vallas son lo que separa el Primer Mundo de los salvajes", cuenta irónicamente el artista. "El humor es la herramienta para enfrentarme a todo lo que sucede alrededor", añade.

¿Qué espera de la exposición? "Lo único que espero es poder montar otra exposición y poder seguir viviendo de esto en mi vida". Sencillo.


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