Defensa de los derechos de la mujer

Urge combatir la violencia de género y la desigualdad laboral
Aunque han quedado en el pasado las épocas en que los derechos de la mujer eran ignorados en gran parte del mundo y se la limitaba a la procreación y al cuidado de la casa, en casi todo el mundo civilizado persisten desigualdades y relegamientos, fundamentalmente en el campo laboral. Esta injusticia forma parte de la protesta internacional que se realiza hoy simultáneamente en 30 naciones, por iniciativa de una organización feminista argentina. En Uruguay hay un paro y posterior marcha por el Centro de Montevideo, organizados por el PIT-CNT y varias organizaciones sociales.

El movimiento en nuestro país está dirigido primordialmente contra la violencia de género, reflejada en los frecuentes casos de mujeres asesinadas o agredidas por hombres. La protección contra estos hechos es apremiante. Pero debe asegurarse como parte de políticas más efectivas de generalizada seguridad ciudadana, incluyendo en el caso de las mujeres el control de potenciales agresores mediante las tobilleras electrónicas y estricta observancia policial y judicial de los protocolos existentes –pero a veces descuidados– cuando hay denuncias.

Urge, además, combatir la desigualdad laboral que persiste en Uruguay, área en la que ocupamos un vergonzoso puesto 91 entre 144 países relevados en un reciente estudio de la Organización parta la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Estamos detrás de 19 países en América Latina y el Caribe, superando en América del Sur solo a Paraguay. A pesar de que las mujeres constituyen el 63% de los asalariados con educación terciaria, ocupan apenas el 10% de cargos en directorios y gerencias de las principales empresas. Y en general sus salarios son 20% inferiores a los de los hombres en funciones de igual responsabilidad. Esta injusticia no es solo uruguaya, ya que existe en la mayoría de los países desarrollados. En Estados Unidos, por ejemplo, la OCDE estimó que recién en 2070 se cerraría la brecha salarial, en tanto que llevará más de dos siglos, en 2297, alcanzar esa meta en Alemania.

En Uruguay estamos lejos de la situación en Islandia, Noruega y Suecia, donde los salarios femeninos se equiparan o son muy cercanos a los de los hombres. Es en este campo donde debe concentrarse la defensa de los derechos de la mujer, buscando igualdad de oportunidades para acceder a cargos directivos y a recibir igual remuneración que los hombres por funciones similares.
Es la mejor forma de reconocer el relevante papel de la mujer en la sociedad moderna, en la que ha contribuido en forma decisiva tanto en el campo laboral como en el de la dirigencia política. Y todo ello sin descuidar su insustituible papel en la organización familiar.

Obviamente apremia defender la seguridad de mujeres amenazadas por la violencia de género, tema en el que ya existen instrumentos idóneos que, a diferencia de lo que ha ocurrido a veces, deben aplicarse sin desvíos ni descuidos. Pero es en el creciente papel femenino en la vida económica y otros campos de los países y en su estabilidad social donde es prioritario avanzar, por elementales exigencias de sentido común y justicia.

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