Definirse sobre la marihuana

El camino que corresponde ante una ley probadamente mala, como la que legalizó la marihuana, es derogarla
El camino que corresponde ante una ley probadamente mala, como la que legalizó la marihuana, es derogarla. Pero el presidente Tabaré Vázquez sigue limitándose a postergar su plena vigencia, aunque admitiendo al mismo tiempo que el tema aún no está definido, al revés de lo sostenido por un jerarca del área. Las dilaciones resultan en parte de los enredos y traspiés de esta norma desatinada, pergeñada por su antecesor José Mujica. Consecuente con su acendrada defensa de la salud de los uruguayos, demostrada en las restricciones al tabaco y al consumo excesivo de alcohol, Vázquez declaró en España que "no hay que consumir drogas", ya que todo estupefaciente es perjudicial, así se trate de los menos nocivos. Y afirmó que si bien "hay que cumplir la ley que hay", se hará "evaluando los resultados que vayamos obteniendo".

Los resultados negativos ya están a la vista, lo que debe impulsar la definición que Vázquez dijo que está pendiente. El consumo aumenta en forma constante sin la contrapartida, ilusoriamente prevista por Mujica, de que incidiría en bajar el recurso a la pasta base. El contrabando sigue floreciente, como lo demuestran las frecuentes incautaciones de una fracción de lo que ingresa clandestinamente al mercado. Los cultivadores hogareños plantan cuanto quieren, ya que no existe el control inspectivo para limitar a todos a las seis plantas que fija la ley.

La inmensa mayoría de las 1.200 farmacias del país siguen negándose a vender la droga, por dos razones fundadas. Una es el temor a represalias de los narcotraficantes que verán disminuido su negocio. La otra es imponerles la contradicción ética de que una rama comercial dedicada a expender productos que protegen la salud tenga ahora que vender una droga que la perjudica. Y los problemas de seguridad ya han aparecido. Dos trabajadores de una de las instalaciones de producción autorizadas fueron sorprendidos hace pocos días cuando robaban marihuana que iría al mercado clandestino.

Vázquez dijo que la venta en farmacias se posterga para el año próximo, después de varios cambios de fecha durante 2016. Y pese a que el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Diego Olivera, afirmó que "estamos realmente en la etapa final", el presidente lo dejó en blanco al dictaminar que "estamos en una etapa todavía no definitoria del tema". La definición que anticipa Vázquez solo puede ser la derogación de una ley perniciosa y fracasada. No es una empresa fácil, ya que hay sectores de la sociedad que la defienden y el gobierno ya ha dedicado recursos fiscales y esfuerzos para armar la estructura de libre venta de la droga. Pero hay factores que la facilitarán.

La mayoría de los uruguayos se oponen a la legalización, como lo indicó una encuesta realizada cuando Mujica lanzó su proyecto hace cuatro años. El tema, por otra parte, cruza fronteras partidarias, ya que existen opiniones encontradas en cada partido. Dentro de cada uno hay legisladores favorables a la ley pero también otros, probablemente la mayoría, que están en contra.

Una acción directa de la legislatura o incluso la convocatoria a un plebiscito abren vías de derogación de la ley. Es el camino que le corresponde tomar al presidente como defensor de la salud pública, asumiendo frontalmente no solo los riesgos sanitarios de la drogadicción sino también la imposibilidad de controles adecuados y los peligros en materia de seguridad.

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