Desafío educativo al presidente

La única forma de revertir los problemas en educación es que Vázquez ejerza su autoridad a tiempo

Dada la dócil mayoría del Frente Amplio en el Senado, nadie alentaba la esperanza de que la ministra María Julia Muñoz fuera censurada, ya que, por otra parte, la interpelación por el senador Pablo Mieres tenía en realidad otro objetivo. Basándose en las carencias que se acumulan en la educación pública desde que la alianza de izquierda llegó al poder, el líder del Partido Independiente desafió públicamente al presidente Tabaré Vázquez a que se anime a ejercer su autoridad para atacar ese marasmo de incompetencia y descuido que es la estructura dirigente del sector. El mensaje de Mieres no pudo ser más claro. Afirmó que “el presidente de la República no puede resignarse a pasar a la historia como un presidente que no quiso cambiar la educación”. E insistió en que, para mejorarla, es indispensable cambiar a sus autoridades, de demostrada ineficiencia a lo largo de más de una década.

No hay indicios por ahora de que Vázquez recoja el guante. Al contrario, ha aceptado que sus propios planes de reforma educativa fueran liquidados por el presidente del Codicen, Wilson Netto. La estructura ministerial armada por Vázquez para llevar adelante las reformas de la educación fue rápidamente desmantelada bajo presión de Netto, figura cuya supervivencia al frente de la educación pública solo puede explicarse por los juegos de poder en la interna frenteamplista, aunque sea al costo de hipotecar el futuro del país y de su juventud. Esta perspectiva onerosa se evidenció durante la extensa interpelación de Mieres a Muñoz. El senador opositor detalló los dos acuerdos multipartidarios de 2010 y 2012 sobre reformas adecuadas, pero que el entonces presidente José Mujica dejó caer pese a sus promesas de llevarlas adelante para mejorar la enseñanza pública.

Lo mismo sigue ocurriendo en la segunda presidencia de Vázquez. Su publicitado ADN de la educación, que incluía acciones específicas como la unificación de primaria y secundaria, se esfumó cuando Netto le puso la proa, aunque la ministra haya sostenido ilusoriamente en el Senado que se está cumpliendo. Citó como ejemplos cambios que, como el Plan Ceibal y la enseñanza de inglés, nada tienen que ver con el ADN como lo había definido Vázquez al anunciarlo. Pese al inocuo papel decorativo que caracteriza a la ministra desde que asumió, los 16 senadores del Frente Amplio se alinearon disciplinadamente para respaldarla. No solo defendieron su gestión, por llamar de algún modo a su pasiva ocupación de un sillón ministerial, sino que cayeron en el absurdo de declarar su apoyo a los jerarcas de ANEP, principales culpables del actual desastre.

La actitud de los senadores oficialistas y los baladíes argumentos presentados por Muñoz confirman la inercia gubernamental frente a la inoperancia de las autoridades de la educación pública. La única posibilidad de revertir esa claudicación y frenar el peligro que acecha a Uruguay, relegado a la mediocridad en las pruebas internacionales PISA, es que Vázquez reaccione a tiempo y aproveche los tres años que le quedan de gobierno para imponer el cumplimiento de lo que prometió al asumir, archivado hasta ahora por jerarcas más aferrados a sus cargos y a sus cuotas de poder que a las necesidades apremiantes del país.


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