Desafíos estratégicos del gobierno y la oposición

El FA está obligado a acordar con la oposición, que por primera vez tiene la posibilidad de articular una mayoría en la Cámara de Representantes.
Por Adolfo Garcé*

El brusco cambio de escenario provocado por la ruptura del diputado Gonzalo Mujica con el Frente Amplio colocó al gobierno y a la oposición ante nuevos desafíos. El FA está obligado por primera vez desde que asumió el gobierno nacional a acordar con la oposición. La oposición, a su vez, por primera vez tiene la posibilidad de articular una mayoría en la Cámara de Representantes. De lo que hagan y dejen de hacer unos y otros no solo dependerá la dinámica política de estos tres años. Aciertos y fracasos tendrán consecuencias en 2019, en el cada vez menos previsible desenlace electoral.

El objetivo central del gobierno desde el punto de vista legislativo es obtener la aprobación de la Rendición de Cuentas. En el acierto o en el error no suscribo el enfoque analítico que se ha venido divulgando (por cierto, provocativo, inteligente, sofisticado) según el cual lo mejor que le pueda pasar al gobierno es que no se apruebe la ampliación del gasto en la Rendición de Cuentas para asegurar el control del déficit fiscal y, de paso, responsabilizar (culpar) a la oposición. Si el FA quiere volver a ganar la elección tiene que ser capaz de cumplir una parte significativa de sus promesas de campaña.

Tiene que obtener resultados relevantes en temas como educación, seguridad y sistemas de cuidados. No puede llegar al 2019 simplemente exhibiendo que logró disminuir el déficit fiscal y mantener el grado inversor. Si me permiten emplear algo de jerga del oficio, éstas son condiciones necesarias pero no suficientes para maximizar la probabilidad de ganar la elección. Además de esto, tiene que lograr conciliar promesas con realizaciones, e incrementar el bienestar de los electores.

Por eso, creo que es un acierto en términos estratégicos lo que se ha propuesto el presidente Vázquez (que nadie se confunda: es mucho mejor corriendo maratones que carreras de 100 metros). En 2016, a tres años de la elección, impuso el trago amargo del ajuste fiscal para equilibrar cuentas y generar recursos. En 2017, con estos recursos, impulsa la ampliación del gasto en políticas sociales apuntando a que sus efectos en la población se hagan sentir en los dos últimos años del mandato.
También es un acierto, si mi interpretación es correcta, el procedimiento específico mediante el cual procura conseguir estos objetivos. Yo sospecho que, como hace diez años, pretende terminar su gestión colocándole la banda presidencial a Danilo Astori, su mano derecha. No pudo hacerlo al finalizar su primer mandato porque sobrestimó su "influencia directriz" y subestimó el poder de José Mujica. Ahora viene recorriendo otro camino: evita sistemáticamente que Astori choque con la bancada del FA y con la "fuerza política". Es más: así como el ministro de Economía fue el protagonista del ajuste fiscal, a mediados de este año seguramente sea el actor central de la ampliación de recursos para políticas sociales. De villano a héroe en 12 meses. Mientras tanto, a lo Neymar en el Camp Nou, Mujica entretiene al público multiplicando amagues y gambetas.

El nuevo escenario político genera también oportunidades del lado de la oposición. Si el análisis previo es correcto, es decir, si ni el presidente ni su partido están resignados a perder el gobierno pese a las dificultades, si tienen una estrategia política bien pensada y la vienen desplegando pacientemente como vengo de sostener, también la oposición está obligada a hacer un esfuerzo extraordinario para desplazar al FA en la elección de 2019. El gran desafío que tienen es construir un discurso coordinado que articule crítica sistemática y propuesta programática. Lo primero, lo más obvio, lo vienen haciendo. Lo segundo, lo más difícil, no. Hasta la fecha circulan, sin mayor visibilidad, dos enfoques respecto a cómo ir construyendo un discurso alternativo coordinado entre los partidos de oposición. Algunos líderes proponen generar la convergencia programática en instancias extraparlamentarias (seminarios multipartidarios, reuniones de expertos de los distintos partidos, etcétera). Otros, como Luis Lacalle Pou, proponen aprovechar que el FA quedó en minoría en el parlamento para darle (como mínimo) media sanción a proyectos de ley acordados entre los diputados de la oposición. Por cierto, ambos enfoques (el parlamentario y el extraparlamentario) no son opuestos. Podrían, perfectamente, ser implementados a la vez. Dado que los principales líderes de la oposición (a excepción de Edgardo Novick) están en el Senado, la alternativa de la coordinación extraparlamentaria es las que les da más protagonismo. La coordinación opositora en la Cámara de Representantes, a su vez, los protege más en caso de fracaso.

En todo caso, gobierno y oposición están obligados a hilar fino. El FA no puede dar por segura su victoria en 2019. Va a tener que remar y mucho si quiere retener el poder. En un contexto de escaso dinamismo económico está obligado a cuidar los equilibrios fiscales y, al mismo tiempo, a cumplir sus promesas electorales de "no detener" la ampliación de las políticas sociales. La oposición, a su vez, no puede simplemente sentarse a esperar que el FA fracase. Está obligada a demostrar que podría gobernar mejor que el FA. Por ahora, exhibe solamente buenos solistas. Los arreglos corales brillan por su ausencia.

*Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República / adolfogarce@gmail.com