Desatino tributario

Solo la irrealidad que impera en algunos dirigentes puede concebir volcar más recursos fiscales en un sistema educativo que cada día funciona peor
Si prosperara la desatinada iniciativa de tres sectores del Frente Amplio de volver a aumentar impuestos para asignar más recursos al desfondado barril de la educación pública, el resultado será averiar aún más la estructura productiva privada, de la que depende el crecimiento y la generación de empleo. El Partido Comunista, la Liga Federal y el Partido por la Victoria del Pueblo anunciaron en forma conjunta la intención de incluir en la próxima Rendición de Cuentas un incremento del Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE) y del Impuesto al Patrimonio. El diputado Sergio Mier adelantó que el objetivo es "buscar recursos para la educación", llevando del 4,5% al 6% del Producto Interno Bruto el presupuesto actual.

El proyecto enfrenta, afortunadamente, enormes escollos para salir adelante. Por un lado, el gobierno está obligado a frenar la expansión del gasto ante las duras restricciones financieras que enfrenta por el despilfarro de las dos administraciones frenteamplistas previas. Por otro, difícilmente prospere aunque el gobierno lo promoviera, al haber perdido el Frente Amplio su mayoría parlamentaria automática en Diputados.

Y solo la irrealidad que impera en algunos dirigentes puede concebir volcar más recursos fiscales en un sistema educativo que cada día funciona peor, reacio a reformarse y sin ofrecer garantía alguna de mejoramiento que justifique mayor gasto.

Al contrario, las señales negativas se siguen acumulando. El escándalo más reciente fue la falta de cupos para el ingreso de estudiantes de primer año de secundaria repetidores, con exámenes pendientes o provenientes de colegios privados. Ante las denuncias del sindicato de profesores, el Consejo Directivo Central de ANEP primero miró para otro lado durante varios días de silencio y luego intentó traspasar la culpa al Consejo de Secundaria, en el típico ejercicio de pasarse la pelota para eximirse de responsabilidad.

Un problema parecido se vivió con las inscripciones en UTU. Primaria, por su parte, anunció con bombos y platillos que la repetición bajó el año pasado a un mínimo histórico del 4,7% de los estudiantes. Pero diluye su impacto la conclusión de reputados técnicos del área de que se han bajado las exigencias para pasar de año, con el fin de mostrar un mejor resultado.

Entre tanto el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) anunció que para 2018 completará un informe sobre los presuntos logros y la situación general de todo el sistema educativo, después de que se realice este año otra versión de ese carnaval ideológico conocido como Congreso Nacional de Educación. Todo parece una broma de mal gusto. El estado pavoroso de la enseñanza rompe los ojos sin necesidad de más estudios o debates politizados.

En vez de perder tiempo en buscar logros inexistentes y enredarse en argumentaciones improductivas, lo que corresponde es poner en marcha las reformas que todos conocen y que aprobaron los sucesivos gobiernos frenteamplistas, aunque sin la capacidad para ponerlas en práctica.

En este panorama, la intención de volver a aumentar impuestos es una amenaza directa a la recuperación del crecimiento. Esta meta ya está en duda, entre otros factores, por los recientes ajustes fiscales, con incrementos tributarios y tarifas de servicios públicos infladas artificialmente por el gobierno que, además de castigar a los hogares, también dificulta el funcionamiento de todo el aparato productivo con la energía más cara de la región.

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