Descubren una fórmula imposible para terminar con el insomnio

Un ejercicio de respiración cercano a la matemática promete salvarnos de las pastillas y de la leche tibia con miel

“¿Qué es el insomnio? Es ensayar con magia inútil una respiración regular,  es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa”.

 El insomnio es eso y muchas otras cosas sobre las que se ha escrito profusamente. Es, antes que nada, una fatalidad. Porque uno puede elegir hacer del insomnio algo habitable pero no puede impedirlo. Pensadores de toda laya han elogiado las horas de la alta noche y también lo ha hecho Cacho Castaña quien en una de sus canciones propone entoldar Buenos Aires para lograr una oscuridad perpetua.

Pero, como todo lo que no se puede evitar, el insomnio es una verdadera molestia. Hasta ahora. Porque del corazón de la  Harvard Medical School llegó el doctor Andrew Weil para otorgarnos, sin costo alguno, la fórmula que está haciendo furor entre aquellos a los que azota el desvelo. A continuación copio el ejercicio tal como lo propone el doctor Weil quien ha sido tapa de Time, y de otras publicaciones de renombre, y escribió bestsellers como La felicidad te está esperado y Las fuentes de la eterna juventud. Bajo su propia responsabilidad, haga la prueba de realizar los ejercicios a medida de que los va leyendo:

 “El ejercicio de respiración es absolutamente simple, casi no requiere tiempo, no requiere ningún equipo y se puede hacer en cualquier lugar. Aunque se puede hacer el ejercicio en cualquier posición, es mejor sentarse con la espalda recta. Coloque la punta de la lengua contra la cresta de tejido justo detrás de los dientes frontales superiores, y manténgalo allí durante todo el ejercicio. Exhale con los labios alrededor de su lengua; trate de fruncir los labios ligeramente si esto le parece torpe. Exhale completamente a través de la boca, haciendo un sonido de zumbido. Cierre la boca e inhale tranquilamente por la nariz a un recuento mental de cuatro. Aguante la respiración durante un conteo de siete. Exhale completamente a través de la boca, haciendo un sonido de silbido a una cuenta de ocho. Esta es una respiración. Ahora inhale de nuevo y repita el ciclo tres veces más para un total de cuatro respiraciones.

Tenga en cuenta que siempre debe inhalar tranquilamente por la nariz y exhalar por la boca de forma audible. La punta de la lengua se mantiene en posición todo el tiempo. La exhalación toma doble de tiempo que la inhalación. El tiempo absoluto que gasta en cada fase no es importante; la relación de 4: 7: 8 sí es importante. Si tiene problemas para contener la respiración, acelere el ejercicio pero mantenga a la proporción de 4: 7: 8 para las tres fases”.

Así termina esa receta ideal. Un verdadero prodigio matemático. El énfasis puesto en la medida exacta del tiempo de cada expiración e inspiración nos anoticia de que, si uno se excede o se queda corto, no le va a servir de nada. Entonces, deberá contar exactamente el paso del tiempo. Y no puede mirar las agujas de un reloj ya que para dormir hay que tener los ojos cerrados.

Si ya es difícil dormirse contando ovejas –solución mítica que posiblemente nunca nadie haya intentado- esa triangulación de segundos parece depararnos una vigilia permanente en la que inhalaremos y exhalaremos como un poseído.

Hasta el más increíble de los antiguos milagros de San Agustín se antoja más creíble que esta receta salida de las entrañas mismas de la ciencia moderna. Pero nos la propone el doctor Weil y los doctores Weil –expertos en la autoayuda, que es la peor manera de ayudarse- hace rato que vienen despertando a sus pacientes para recordarles que se olvidaron de tomar la pastilla para dormir.


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