Desde el Búnker de EEUU

Una mirada desde dentro de la embajada, sobre hechos que marcaron la agenda
Rubek Orlando entró a trabajar en la embajada de EEUU en 1977 y pocos meses después de retirarse luego de tantos años al frente de la oficina de prensa, decidió escribir el libro "Desde el Búnker".

Ahí narró detalles de las características de los once embajadores y 5 encargados de negocios con los que les tocó trabajar, decisiones que se tomaron en esa representación blindada de la rambla, la venida de los presos de Guantánamo, de lo que en realidad se enteró por la prensa, y cuenta cómo fue el vínculo de algunos diplomáticos con militares en años de la dictadura uruguaya (1973-1985).

Luego de trabajar para el hoy desaparecido diario La Mañana, y tras un viaje a EEUU, se le ofreció desempeñarse como director de prensa de la embajada. Al llegar, hacía poco que el embajador Lawrnce A. Pezzulo, había abandonado el país, y la sede estaba a cargo de Dames Cheek. El primer embajador con el que estuvo Orlando fue Lyle Lane, un diplomático de carrera que nombró el presidente Jimmy Carter.
"Son en general poco conocidas la intervención y la incidencia de diplomáticos de EEUU durante la dictadura militar a favor del retorno a la democracia y el respeto a los derechos humanos", comienza diciendo el autor en el capítulo "La transición".

"Durante la época del presidente Carter, y como consecuencia de su política de derechos humanos, la relación entre Washington y Montevideo no era la mejor. Fue durante la administración de Ronald Reagan que las relaciones empezaron a mejorar", recordó.

El presidente Carter le había planteado a (Aparicio) Méndez su preocupación por los derechos humanos en Uruguay, según lo estampó el mandatario americano en su diario personal.

Después llegó a Montevideo el embajador Thomas Aranda quien "entabló un buen vínculo con el presidente (de facto Gregorio) Alvarez quelo visitó dos veces en su residencia de la calle lord Ponsonby, permaneciendo varias horas".

En 1982 James C. Cason, jefe de la sección política de la embajada –ya en el tramo final de la dictadura en Uruguay– "fue declarado persona no grata", "convirtiéndose en el único diplomático de un país no comunista expulsado de Uruguay".

"La medida se produjo justo cuando Uruguay se había convertido en un centro clave de información y logística tanto para Argentina como Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas", contó Orlando.

Días después, Washington respondió con la expulsión del ministro consejero de la embajada de Uruguay en la capital de EEUU.

. En ese año 1982 también llegó a Montevideo, John Graves, un diplomático que había estado secuestrado en Irán. En una entrevista con la Association for Diplomatic Studies and Training, Graves señaló que el ministro consejero, Rick Melton tenía como misión en Uruguay "sacar a los militares, el retorno de los civiles al gobierno y que no hubiera víctimas". "Graves no ahorró críticas al embajador Aranda" que aparecía en público con militares.

Para la era democrática, el primer embajador de EEUU fue Malcom Wilkey, un juez retirado que tuvo una muy relación con el gobierno del presidente Julio María Sanguinetti. Tan buena era, contó Orlando, que prestó su limusina –la única blindada que existía en Uruguay– para la visita del papa Juan Pablo II.

"La familia Bush en Uruguay", "desde Guantánamo con amor" y "el huracán Julissa", son otros capítulos del libro.

Sobre la embajadora Julissa Reynoso, el autor contó que Hillary Clinton, quien en el primer gobierno de Barack Obama era su secretaria de Estado, había llegado a Uruguay para participar de la asunción del presidente electo José Mujica y en un encuentro con el exlíder Tupamaro, le dijo que tenía a la persona ideal para representar a EEUU.

Esa persona era Julissa Reynoso. Orlando destacó que "Julissa" fue la encargada de organizar la visita de Mujica a la Casa Blanca, también fue clave en la llegada a Montevideo de los expresos de Guantánamo, logró la apertura del mercado estadounidense para los cítricos y carne ovina y empezó los trámites para que los uruguayos puedan viajar a EEUU sin necesidad de visa, algo que continúa hoy sin resolverse.

El autor la describe como amante del arte y la cultura uruguaya, muy cercana a Mujica al punto que era de las invitadas a las reuniones que hacía el expresidente en el Quincho de Varela.

Durante sus años en Montevideo dos frases recuerda Orlando para definirla. Una es cuando Reynosso, delante de periodistas, dijo: "soy más de izquierda que muchos del gobierno". La otra fue cuando contestando una pregunta sobre el Mercosur afirmó: "Si tu vecino te roba la vaca, quiere decir que estás jodido".

De hecho, cuando había un problema, Orlando recurría a esa expresión. "Julissa nos robaron la vaca", le decía.

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