Desde el jardín

Los efectos del cambio climático se hacen sentir y se requieren acciones
Luego de varios meses tengo la oportunidad de llegar a mi otro jardín. El costero. El que debe adaptarse al viento salitroso, a los vientos intensos, a la escasísima materia orgánica del arenal. Ese jardín bello en su capacidad de construirse desde la adversidad.

En ese jardín la estrategia es la de construcción de trincheras. Esas que hacen los cactus con las espinas de la cruz para generar micromundos en las pocas partes silvestres que le quedan a la costa. En ese círculo natural los cobertores del viento permiten que se desarrollen árboles que recibirán a aves que construirán nidos y que fertilizarán la tierra, bah, la arena en realidad, pero que de a poco empieza a volverse más fértil y permitir que la sucesión botánica continúe.

En ese territorio atrincherado por acacias y cactus que es mi jardín, el mes de agosto suele permitir solo un paisaje muy austero. Árboles sin crecimiento a la espera de que en octubre la situación permita nuevos brotes, flores y frutos.

Pero en este agosto el verde del pasto encandila, el rojo de los plumerillos genera un contrasta con el verde, impacta y alegra, los brotes anaranjados de los arazá muestra que están plenamente convencidos que la primavera ha llegado de firme. Otra visión que alegra, pero también desata el alerta. Pobres de ellos. El viento gélido llegará y volverá negras a las hojas tiernas. ¿O ningún frío más vendrá y tendremos el invierno más caliente en décadas?

No son solo los arazás los confundidos. Dos cactus columnaresCereus también han emprendido el crecimiento que habitualmente empieza en octubre; ya emiten dos vigorosos brotes. Yo trato de no preocuparme con el calentamiento global.

Pero pensando en términos evolutivos sé que es muy probable que mi jardín sea algún día arrasado por el mar. Creo altamente probable que en un plazo de tiempo que no puedo determinar, seamos la inversa de Holanda. Me lo recuerda la erosión de la orilla, a la que los vecinos responden atrincherando sus ranchos cada vez más cerca de la barranca. Sé que ya es lo que les ha pasado a los habitantes de las islas Vaunatu, en el Pacífico: se los lleva el agua.

Y creo que en ese futuro en el que el mar ha ganado unos metros a la costa muy probablemente se salinizaran las tierras arroceras. Y sé además que esos serán problemas menores comparados con los que afectarán en otras zonas del mundo. Será ese el mundo que vea mi hijo? O será el que vean mis eventuales nietos? Llegaremos a tiempo de evitarlo? Serán mis preocupaciones infundadas?
Bajo a la playa pues, basta de pensar y vayamos a disfrutar de esta tarde hermosa. Gente pescando.

Mucha gente. Gente con el torso desnudo, otros de manga corta. Ya he viso la escena en julio y vuelvo a verla a comienzos de agosto. Decidimos ir a Piriápolis. Heladerías repletas. La democracia costera uruguaya, gente de todos los estratos sociales disfrutando de un fin de semana de casi verano. No tiene porqué ser cambio climático. Pero este invierno sí que ha sido raro.

Las vacas no lo pueden creer. Llegan gorditas y felices a lo que habitualmente es un mes difícil. Por primera vez el verde ha persistido en los campos naturales cuando ya el rebrote llega. Las praderas sembradas producen tanto que el problema es como consumir tanto forraje. Casi ausencia de heladas, un invierno subtropical.

Regreso por la carretera. Leña de oferta a $ 3.000 la tonelada, la que estaba a $ 5.000. Pienso en los productores de trigo, cebada, frutales, que precisan del frío invernal para lograr buenas producciones.
Vuelvo a la vida urbana. Leo noticias. Donald Trump ha sugerido que no se hable más de cambio climático. Que ahora debe decirse "eventos climáticos extremos". Recuerdo a Orwell. Las palabras negando la realidad por orden del Poder. Mientras el Gran Hermano de Corea del Norte a punto de apretar el botón.

Leo, en New York Times que un informe oficial de su propio gobierno le ha dicho que el impacto del cambio climático es claro y notorio en su país.

"La temperatura promedio en los Estados Unidos ha aumentado rápidamente y drásticamente desde 1980, y las últimas décadas han sido las más cálidas de los últimos 1.500 años, según este informe federal sobre el cambio climático que está a la espera de la aprobación de la administración Trump.
El proyecto de informe de científicos de 13 agencias federales, , concluye que los estadounidenses están sintiendo los efectos del cambio climático en este momento.

"La evidencia de un clima cambiante abunda, desde la cima de la atmósfera hasta las profundidades de los océanos", dice un borrador del informe al que accedió The New York Times.

Cualquiera que sea la ideología política que tenga el timón de Uruguay en el futuro, ser un país ejemplar sacando carbono de la atmósfera y ubicándolo en el suelo, donde significa más fertilidad, debe estar muy arriba en la agenda. De carbono gas calentante a humus refrescante. Poco importa para la mayoría de los temas que alguien se defina más a la izquierda o más a la derecha, las inundaciones y los temporales afectan a todos por igual.

Sigo leyendo y me entero que "entre los hallazgos más significativos del estudio se encuentra que es posible atribuir algunas situaciones meteorológicas extremas al cambio climático.

El campo conocido como "ciencia de la atribución" ha avanzado rápidamente en respuesta a los crecientes riesgos derivados del cambio climático, dice el informe. Determinar si realmente algo es atribuible al cambio climático. Como este invierno que se va casi sin frío.

Y me pregunto entonces si la nueva "ciencia de la atribución" tendrá respuestas para dar ante estos fines de semana de verano que he visto en pleno invierno y cuya tibieza agradable contrasta con el futuro terrible que presagian.

Si como país no le mostramos al mundo lo que es secuestrar carbono, no estaremos dando un buen ejemplo.Al mismo tiempo, si sacamos abundantemente carbono y nos va bien como economía, seremos un ejemplo para el mundo, como en otros temas, trazabilidad, plan ceibal, libertades, ya lo somos. Pienso en el renovado interés que el pastoreo rotativo y regenerativo está teniendo entre muchos ganaderos. Imagino valorizar a la carne uruguaya aún más.

La más sana del mundo para los consumidores y el planeta. La de los animales más felices y respetados del mundo. La ganadería y la agricultura con puentes verdes, contra el cambio climático. Me entusiasmo. El modelo de la oportunidad uruguaya en el siglo XXI es mostrar en pequeña escala lo que pueden ser para el mundo las necesarias soluciones de gran escala.

Y si lo hacemos bien, las olas del mar no invadirán mi jardín y mis nietos podrán comer los frutos del mismo mandarino que me alegra todos los inviernos. l


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