Despido del jefe del FBI genera crisis democrática en EEUU

Nixon era hasta ahora el único presidente en cesar a un funcionario que lo investigaba
Por Edward Luce, Financial Times

Richard Nixon tardó cinco meses en despedir al individuo que lo estaba investigando. Donald Trump lo hizo en menos de cuatro. La diferencia es que Nixon hizo muy poco para esconder sus motivos por hacerlo.

En cambio, Trump dice que despidió a James Comey por haber manejado mal su investigación de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Aun tomando en cuenta los estándares de Trump, esta explicación no es creíble.

Trump le está pidiendo al pueblo estadounidense que crea que "despidió y destituyó" al director del FBI por haber tratado injustamente a Clinton.

Claro que se trata de la misma oponente, de quien Trump dijo que debió haber sido encarcelada por el mal manejo de sus correos electrónicos.

Ahora aparentemente Clinton se ha convertido en la víctima de una investigación poco profesional y Trump se mostró dispuesto a corregir la situación.

La destitución de Comey supuestamente fue provocada por la revelación de que no había descrito adecuadamente su decisión de abrir de nuevo la investigación de los correos electrónicos de la exsecretaria de Estado, una movida que muchos creen que favoreció a Trump en las elecciones presidenciales.

Comey, quien hasta el martes por la noche estaba supervisando la investigación de la presunta colusión de la campaña de Trump con Rusia para influenciar las elecciones del año pasado, sólo reveló su error la semana pasada.

Por su parte, Trump había puesto reparos a la labor del director del FBI mucho antes de la revelación de Comey. La semana pasada, Trump tuiteó: "El director del FBI James Comey fue lo mejor que pudo pasarle a Hillary Clinton, porque le dio un pase gratis por sus malas obras". O sea que de hecho Comey ya se había convertido en un blanco de Trump.

Las implicaciones son dramáticas. Como cualquier otro escándalo federal de EEUU, los detalles se están sumando pero los elementos básicos son sencillos.

Al despedir al responsable de la única investigación de Rusia realizada por la rama ejecutiva, Trump ahora llevará a cabo una búsqueda para el reemplazo de Comey. ¿Cuántas posibilidades hay de que seleccione a una figura independiente que continúe con la investigación que dejó Comey?

Jeff Sessions, el fiscal general –quien se vio forzado a recusarse de la investigación de Comey debido a sus contactos no revelados con el embajador de Rusia– asesorará a Trump en su búsqueda.
Este fue el mismo embajador con el que Michael Flynn, el primer asesor de seguridad nacional de Trump, tuvo conversaciones grabadas en secreto por el FBI.

La filtración del contenido de estas conversaciones había causado el despido de Flynn.

El punto importante es que Trump despidió al hombre que lo estaba investigando.

La "masacre del sábado por la noche", de Nixon, el momento en el que despidió a Archibald Cox, el fiscal especial, era hasta el momento el único antecedente.

Hay tres consecuencias. La primera es que habrá cada vez más llamadas para que un fiscal especial se encargue de la investigación de Rusia y la campaña de Trump.

Nixon se vio obligado a hacerlo, al igual que Bill Clinton. Pero Trump se resistirá a hacerlo. Sólo los republicanos pueden obligarlo a tomar ese paso.

Mientras, se intensificará la presión sobre los republicanos para defender la integridad del sistema judicial de EEUU.

Y si un senador republicano como John McCain rompe filas, otros también lo harán. Hasta el momento la línea partidista sigue firme pero comienzan a verse algunas grietas.

La segunda consecuencia es que Trump ya no podrá descartar la narrativa sobre Rusia.

Será difícil para el presidente lograr mucho mientras se cierna la sombra de Rusia sobre su administración. Pero es poco probable que haya realizado esta movida si hubiera pensado que dejar a Comey en su cargo era menos dañino que despedirlo.

Ya que Comey fue culpado por inclinar la elección hacia Trump, el ahora exjefe del FBI intentó salvar su reputación. Ahora que ya no está en su cargo, otros en el FBI tal vez tomen la iniciativa.

Vale la pena recordar que Nixon fue derrocado por Mark Felt, un funcionario descontento del FBI, quien filtró los detalles sobre su encubrimiento de Watergate al Washington Post.

Evidentemente, la noción de que la administración Trump se estaba "normalizando" es totalmente prematura. Estamos entrando en el territorio de Nixon.
La tercera consecuencia es la repercusión de estos acontecimientos en Moscú, que ya había dejado claro su deseo de contaminar la democracia de EEUU.

En ese sentido, el martes por la noche Vladimir Putin anotó otra victoria. Porque el presidente estadounidense tomó una medida que normalmente se asocia con un gobierno antidemocrático: Trump interfirió en el curso de la justicia. Ni siquiera Nixon llegó a despedir al director del FBI.

Tal vez Rusia no logre un gran acuerdo con EEUU para crear su propia esfera de influencia. Trump difícilmente podría hacer una concesión geopolítica sin provocar a los "halcones" del Partido Republicano.

Pero Rusia ya ganó el premio que buscaba. Con la "masacre del martes por la noche" de Trump, la democracia estadounidene se enfrenta a una crisis cada vez más profunda.

Nadie sabe cuándo y cómo terminará.

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