Despilfarro en obras sin sentido

Es indefendible la incapacidad de una intendencia para programar obras con sólido fundamento técnico, embarcándose en cambio en costosas aventuras sin estudios previos confiables

El despilfarro de no menos de US$ 53 millones en obras mal concebidas y carentes de sentido es el bochorno mayor legado a la Intendencia de Montevideo –y a los residentes que la solventan con sus impuestos– por la anterior administración de Ana Olivera. A tal punto son un fracaso los corredores Garzón y General Flores y el intercambiador Belloni que su sucesor Daniel Martínez acaba de reconocer que nunca hubiera encarado esos intentos de mejorar el tránsito. Pese a la notoria acumulación de ineficacia de las anteriores administraciones del Frente Amplio, es la primera vez en un cuarto de siglo de gobierno de la alianza de izquierda en la ciudad que un intendente reconoce públicamente errores de un predecesor correligionario. Ha sido un sinceramiento elogiable pero que, obviamente, no arregla el entuerto de la era Olivera, cuyos costos aún se están pagando.

“Digámoslo claro”, ha declarado Martínez. “Nunca hubiéramos hecho el corredor Garzón, tampoco el de General Flores y tampoco la terminal Belloni. Pero, bueno, estamos buscando mejorar o mitigar el impacto”. Es una tarea imposible por la congénita malformación de las obras que en vez de agilizar y hacer más seguro el tránsito, lo enlentecen y complican. El caso peor ha sido Garzón. Su costo estimado de US$ 23 millones trepó al final a US$ 39 millones. Se iba a construir en dos años y demandó casi cuatro. Durante todo ese período, gran parte de los comercios de la zona vieron caer su actividad. Y desde que se inauguró en diciembre de 2012, el tránsito de ómnibus sigue igual de lento que antes, los usuarios no dejan de protestar por incomodad y por accidentes y los automóviles particulares huyen a calles paralelas para zafar de los embotellamientos en el corredor.

Igual panorama se plantea con el corredor General Flores, que acaba de ser inaugurado sin acto alguno y en avergonzado silencio. El director de Movilidad de la intendencia, Gustavo Arbiza, admitió el error de la obra porque “tiene el mismo concepto que Garzón”, y se ubicó en un tramo de General Flores que “no era el más complejo”. Y a los US$ 9 millones que costó hay que agregarle no menos de US$ 5 millones estimados para completar el mes próximo el intercambiador Belloni.

Es indefendible la incapacidad de una intendencia para programar obras con sólido fundamento técnico, embarcándose en cambio en costosas aventuras sin estudios previos confiables. El resultado se agrava porque los recursos que se gastaron, y se siguen gastando inútilmente, hubieran permitido mejorar el penoso estado de los pavimentos y otras obras para mejorar el caótico tránsito montevideano. Marcos Laens, edil de la Concertación, señaló que, de acuerdo con la Rendición de Cuentas de 2015, se cumplió apenas con la mitad de los objetivos fijados para construcción y mantenimiento de pavimentos en la capital, mientras los recursos seguían volcándose en los proyectos inútiles de la administración Olivera. Los cinco gobiernos anteriores del Frente Amplio han oscilado, con mucha pena, poca gloria y escasas excepciones, entre los errores y la inacción. El sexto muestra al menos el reconocimiento de previas claudicaciones por incompetencia gobernante, generadora de un pesado fardo financiero y operativo que restringe otras urgencias que la población montevideana necesita y que persisten desatendidas.


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