Destinan salón de meditación para presos de Punta de Rieles

Afirman que clases de yoga ayudan a cambiar comportamientos
Todo empieza con la respiración. Sigue con un intento de dejar de lado los pensamientos cotidianos y de tratar luego de llevar la mente a un momento presente de calma. Así se dan cada viernes las clases de yoga en la cárcel de Punta de Rieles, proyecto que se realiza desde hace dos años y que contará con un salón especializado dentro de ese centro.

Se trata de una "escuelita" que da un paso más en el proyecto Yoga y Valores, que desde 2014 intenta "transformar la conciencia adentro de las cárceles para buscar convivencias pacíficas" y cambiar las respuestas ante las situaciones cotidianas de los reclusos, explicó a El Observador la directora de Espacio Ombijam y encargada de las clases, Pamela Martínez.

Las clases buscan que los internos encuentren "paz interior" y armonía, algo que a lo que muchos, "acostumbrados a índices de violencia, desde gritos a los conflictos", experimentan como un estado nuevo, aseguró Martínez. Y, partir de ese estado, generar pensamientos, emociones y acciones diferentes.

"Funciona, la rehabilitación existe; lo que no existe son los contextos propicios", dijo Martínez.

Actualmente son un promedio de 20 los presos que practican yoga. Uno de ellos, Julio, se sumó a los talleres hace ocho meses por un problema de salud, contó la encargada de las clases. Según relató Martínez, ese interno logró cambiar su comportamiento conflictivo, "de resolver las cosas a cuchillazos, a los puños y con agresividad", a levantar las manos y decir: "Esto ya no lo resuelvo así: ganaste", respuesta que dio la semana pasada cuando otro recluso lo invitó a pelear.

Consultado por El Observador, el director de Punta de Rieles, Luis Parodi, coincidió en que las clases de yoga, así como otras actividades que se desarrollan en esa unidad –rock, rap, religión– ayudaron a los internos a "ganar en solidaridad, en acuerdos", y "ha mejorado realmente sus condiciones de conviviencia".

Para Martínez, la transformación se nota no solo en el comportamiento sino también en la confianza que los reclusos generan en sí mismos y en la manera en la que se comprometen tanto con el taller como con otras actividades. "De alguna manera, ellos tampoco creían en la rehabilitación, pero cuando pueden ver que hay propuestas, y que se mantienen, empiezan a generar una confianza y una entrega", dijo.

Con lo mismo coincidió Parodi: "La gente que está en esto realmente mejoró su nivel no solo de preso, sino el nivel humano, de voluntad", indicó.

Proyecto Shala


El local, que construirán los propios reclusos, tendrá como nombre Shala, denominación que se utiliza para los centros exclusivos para meditación y yoga. La directora del proyecto explicó que la idea es que esa sala –que será presentada el jueves 13– quede inaugurada en un año y sea un espacio en el que los internos puedan ir a meditar más allá del horario de clase. Una vez que quede instalado ese salón para meditación se agregarán al programa clases teóricas.

Consultada sobre la necesidad de tener un salón especial para las clases, Martínez aseguró que la idea surgió al ver cómo tanto los internos como los funcionarios se interesan por las clases. En el contexto de la cárcel, "es como un oasis", agregó.

"Funciona, la rehabilitación existe; lo que no existe son los contextos propicios", dijo Martínez.

Se trata, agregó Parodi, de "generar las condiciones con un buen lugar, silencio, que sea ordenado en el tiempo y que tenga un contenido. No ocupar el tiempo por ocupar el tiempo, sino que sean cosas significantes".

"No está pensado para que seas un buen preso, está pensado para que seas un buen ciudadano", indicó.

Los talleres Yoga y Valores tienen el respaldo de la Oficina Regional Suramérica del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y, si bien cuando comenzaron eran solo para internos, ahora también se dictan a los operadores y policías.

Se integra además a las familias cuando están de visita, y fuera de la cárcel.

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