Haciendo cosas raras
Si por estos días ve escrito en El Observador guion sin tilde, Catar con C y exmucama todo junto, no es que nos hayamos peleado con el idioma, la verdad es que nos estamos aggiornando
Mensaje error
06
2012
Por ahora, aggiornando la seguiremos escribiendo así pero vaya uno a saber por cuánto tiempo. Algunos palabras primas hermanas de la mencionada no han corrido la misma suerte. Paparazzi perdió una zeta y ahora es paparazi y graffiti perdió una efe. Todo esto es símbolo de que en la Real Academia Española estaban aburridos y se les dio por iniciar una campaña de castellanización y actualización de nuestro idioma.
Es cierto que los guardianes del idioma en ocasiones utilizan criterios discutibles. También es correcto que su representatividad se ha puesto en duda porque, al fin y al cabo, quienes hablan la versión menos popular del castellano (los españoles) terminan imponiendo sus criterios a un continente entero. En este caso hay que romper una lanza a favor de la RAE, porque si fuera por representatividad ya tendríamos que estar usando ahorita en lugar de ahora y chavo cada vez que queramos decir botija, porque los mexicanos conforman la mayor comunidad de hispanohablantes, en especial si contamos a los que viven en Estados Unidos.
Por lo tanto, al fin de cuentas hay que hacerle caso a la RAE. Bueno, no siempre. En nuestro caso hemos decidido que gays lo seguiremos escribiendo con “y griega”. Gais se lo dejamos para los españoles.
A continuación compartimos la fatwa que la sección de corrección de El Observador emitió para que en la redacción todos hablemos y, sobre todo, escribamos en el mismo idioma.
Basado en la publicación en diciembre de 2010 de la nueva edición de la Ortografía de la lengua española, El Observador decidió adoptar algunos de los cambios propuestos.
Las palabras guion, rio, truhan se consideran monosílabas y se escriben siempre sin tilde (no confundir con río, que sí lleva tilde). Solo se escribe siempre sin tilde, al igual que los pronombres demostrativos (este, esta, etc.).
Todos los cargos se escribirán con minúscula, incluido el papa y sus sinónimos. En cargos y profesiones se admiten las formas presidenta, gerenta, intendenta, jueza. Excepciones: la canciller, la portavoz.
Algunos topónimos que se han castellanizado son: Bahréin, Catar, Dubái, Shanghái, Sídney. (También vale recordar que en castellano decimos Pekín y no Beijing.)Aunque no está completamente actualizada, puede resultar útil esta lista de países y capitales con sus gentilicios según la grafía recomendada por la Real Academia Española (RAE).
Se castellanizaron las palabras espagueti, grafiti, paparazi, por lo que sus plurales respectivos son: espaguetis, grafitis, paparazis. En cambio, se escriben sin s los test y los kibutz.
Por otro lado, decidimos introducir un cambio en lo referente al modo en que se escriben las cifras en El Observador y comenzará a usarse el signo € en lugar de la palabra euro.
María José Caramés@caramajo
06
2012
Es un hecho, el periodismo no tiene buena prensa. Pero es fundamentalmente desde el ámbito político que se promueve la idea de que las redacciones de los diarios son lugares tan siniestros como Mordor. Bueno, la verdad es que no somos la aldea de los Pitufos, pero tampoco somos los orcos.
Sin embargo, es muy difícil hacerle entender a algunos políticos –y sus afines- que el periodismo no se hace de la misma manera que la política. Sobre todo porque, como decía el difunto canciller alemán Konrad Adenauer, “en política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno”.
Pero volviendo al universo de J. R. R. Tolkien, los periodistas tampoco somos elfos. No es que no seamos lindos, sino que no somos perfectos. Convivimos con el peor compañero de trabajo, el error y para colmo está atornillado a la silla. No hay jefe, por ilustre que sea, que tenga el poder de despedir al error de la redacción.
Y el Error es un tipo jodido, porque te hace quedar como siniestro cuando en realidad fuiste víctima de un razonamiento obtuso.
En el armado de la edición de sábado tuvimos un ejemplo claro de esto que cuento. La ilustración principal era un avión de Pluna y una de nuestras notas principales tenía que ver con el hecho de que no estaba claro quién se iba a quedar con el control de la aerolínea ante la eventual salida de Leadgate de la sociedad. Cuando comenzamos a probar ideas de título, aparecía de forma recurrente la palabra “piloto”. Fue entonces cuando la editora de cierre hizo notar que por ese camino íbamos derecho a los dominios del señor de los errores. El afán de encontrar un título “redondo”, nos había hecho pasar por alto que había dos pilotos desaparecidos –aún lo están- producto de un accidente aéreo. Ese día, si la palabra “piloto” hubiera sido utilizada en otra cosa que no fuera una nota sobre el operativo de búsqueda, habría resultado una cruel frivolidad y una falta de respeto hacia las familias involucradas en el drama.
Buscar una conspiración en una equivocación es un trabajo obsesivo que requiere esfuerzo y dedicación. Lamentablemente el periodismo honesto no tiene ese tiempo, está preocupado por un enemigo más sutil e implacable: el error. Y ese sí, que no pierde tiempo en Twitter.
06
2012
Detrás de cada niño que uno ve con la camiseta celeste, ondeando una bandera uruguaya o con la foto de un jugador de la selección, hay un padre que estuvo sumergido en la más profunda de las depresiones futbolísticas. Es decir, para el adulto promedio uruguayo es difícil lidiar con el optimismo de los más jóvenes.
Entonces cuesta explicarle a un botija de hoy que un empate no es la muerte, que hay cosas peores. Como ser goleados por los mismos venezolanos en el Centenario, o terminar las eliminatorias metiendo más números que Lorenzo en una calculadora o implorando a los argentinos que no nos maten a goles para llegar al repechaje. Los pibes de hoy no saben de derrotas. Derrotas, lo que se dicen derrotas, eran las de antes.
Los diarios de los años oscuros destilaban melancólicos titulares y hasta exploraron los confines del idioma español para expresar lo profundamente mal que estábamos cada vez que la celeste marchaba al bombo.
Pero desde Sudáfrica las cosas van sobre rieles. Conseguimos un honroso cuarto puesto en el Mundial, ligamos de rebote un curso intensivo de filosofía zen (“el camino es la recompensa”), ganamos en sentido deportivo, ganamos la Copa América y, algo fundamental, perdimos miedo de ir al estadio.
Nuestros titulares destilaban buena onda en la previa del partido con Venezuela. Por ejemplo, el sábado titulamos -con mucho viento en la camiseta- “Hoy juega el líder”. Y en la calle la discusión era por cuanto le ganábamos a la vinotinto.
Pero después del mal trago del empate nos volvió la vieja resaca de melancolía. “Vulnerables” titulamos el domingo en tono de comedia de la tarde. Y el martes, algo extraviados, dijimos: “En busca de la mística”.
Ahora bien, si la mística se te pierde por un empate, ¿a dónde se iría si el resultado hubiese sido una derrota? Por suerte, la montaña rusa emocional corre por cuenta de los hinchas y los periodistas. Afortunadamente -y tal como lo mostró la foto de tapa del martes- a Forlán, Suárez y compañía parece que todavía no se les perdió nada.
Simón Gómez es editor jefe de El Observador. @simondiceno Jimena Abad es editora de cierre de El Observador.
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