Detrás de la pirotecnia

Seguimos sin saber cuáles son las causas de estas crisis, pese a que Uruguay sigue pagando los combustibles más caros del mundo

La comisión investigadora de ANCAP desde 2000 a 2015 ha llegado a su fin. Hablaron los representantes de los cuatro partidos. Ahora habrá que esperar los informes. Y probablemente haya dos, con algunas variantes: el de la mayoría, que dirá que fue una pérdida de tiempo, que no se encontraron irregularidades, que no hay corrupción, que se intentó perjudicar a ANCAP, y el de la minoría, que apuntará a ciertos hechos inexplicables como compra de publicidad por US$ 5.000 a una radio comunitaria que no existía, a una fiesta extravagante para inaugurar una planta, a eventuales sobreprecios en compras de petróleo y en inversiones, a mantener empresas inviables como ALUR, y, sobre todo, a deficiencias de gestión. 

 

Ciertamente que el tema no puede quedar en estos dos o tres informes y tampoco en una eventual investigación judicial. El tema es más grave. ANCAP está en una grave situación económica y financiera. Necesita ser capitalizada en por los menos US$ 800 millones y son millones que pagamos o pagaremos todos los ciudadanos con impuestos. Las pérdidas se socializan. Todos los argumentos a favor del monopolio de la refinación de combustible se vienen a pique. ¿Recuerda el lector cuando a mitad de la década pasada se pensaba construir una refinería moderna y eficiente por un monto de US$ 300 millones? ¿Y que como ello era una suma elevadísima para Uruguay pensamos en asociarnos con PDVSA? Ahora estamos pensando en capitalizar US$ 800 millones o US$ 1.000 millones sin que a nadie en el gobierno se le mueva un pelo y no tenemos siquiera esa refinería como activo.

 

Por lo demás, seguimos sin saber cuáles son las causas de estas crisis, pese a que Uruguay sigue pagando los combustibles más caros del mundo. Astori y Mujica, presidente y vice en la anterior administración, se han pasado la pelota mutuamente de la actual situación, con cartas públicas y diciendo que no se dejarán “correr con el poncho”. El ex presidente de ANCAP, Raúl Sendic, habló hace varios meses de que la causa del déficit era el subsidio del transporte que daba ANCAP y ahora dice que se debe a que los aumentos de los estacioneros no se pudieron trasladar a las tarifas (menos mal, porque ya están por las nubes pese a que el petróleo está por los suelos).

 

La nebulosa persiste, nadie se hace cargo de lo que pasó y, lo que es más grave, no parece haber certeza de que tras la capitalización, ANCAP retome una senda de viabilidad. Es decir, antes de capitalizar nada, debe haber un diagnóstico claro de la situación del ente petrolero y garantías claras de que este esfuerzo no es pan para hoy y hambre para mañana.

 

Para ello, ante todo habrá que revisar, cerrar y/o vender todos aquellos negocios que no hacen al centro de ANCAP y que probablemente están afectando la estructura financiera del ente. Y, en segundo lugar, es preciso dejar de lado las “vacas sagradas” del monopolio de la refinación del petróleo y mirar la situación con racionalidad. Eso implica buscar esquemas como los que propusieron el Ing. Eduardo Blasina y el Prof. Ramos Inthamoussu en la edición de ayer de El Observador y que apuntan, en el primer caso, a licitar el refinado del petróleo, y en el segundo, a que los combustibles tengan un precio máximo en relación a los de la región o, lo que es lo mismo, establecer libertad de importación con un arancel relativamente alto pero estable. En ambos casos, se busca poner coto a “fijar cualquier precio para cubrir pérdidas de ANCAP”. Y ello debería llevar como contrapartida que ANCAP no tenga que mantener bajas las tarifas para ayudar a las finanzas del erario público. O sea, que el precio de los combustibles oscilen con los del crudo, como pasa en casi todos los países racionales. Y el erario público deberá arreglarse sin partidas extraordinarias de las empresas públicas, excepto lo que sea por concepto de dividendos. Como ha ocurrido con ANTEL, que acaba de declarar un resultado positivo de US$ 84 millones para este ejercicio, habiendo financiado sus inversiones con fondos propios y sin deuda. Sin duda, la otra cara del caso de ANCAP, y eso que ANTEL tiene competencia en varias áreas. Mejor dicho, seguramente lo consiguió porque tiene competencia.

En suma, pasada la pirotecnia de ANCAP, Uruguay se debe un muy serio debate sobre sus empresas pública, sobre su método de gobierno y sobre sus relaciones con Rentas Generales. De lo contrario, los ciudadanos y la cadena productiva, seguiremos pagando el pato de la boda, esperando las reformas que nunca llegarán.


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