¿Diálogo sin revocatorio?

La mediación propuesta por el Vaticano en Venezuela fracasará si no hay referéndum
El papa Francisco parece haberse equivocado al tirarle un lazo a Nicolás Maduro en Venezuela. Al presidente venezolano ya no le quedaban más artimañas, después de haber agotado todas las chances de seguir dándole largas a un pronunciamiento popular sobre la continuidad de su mandato, que finalmente terminó cancelando hasta nuevo aviso.

En ese momento crítico –con los ojos del mundo puestos sobre él y las voces condenando la decisión–, la sorpresiva intervención de Jorge Bergoglio proponiendo un diálogo con la oposición le cayó, más que del Vaticano, del cielo. Nadie más podía sacar a Maduro de ese brete quemante en que se encuentra.
Sin embargo, a juzgar por las últimas manifestaciones y la volatilidad social que se registra en Venezuela, es posible que no lo salve ni Bergoglio ni Dios. Se ve cada vez más difícil que finalmente se vaya a concretar ese diálogo este domingo en Margarita, propuesto por el Vaticano.
Los líderes de la oposición podrán haber dicho que respetaban a Francisco y que le daban la bienvenida a la mediación de la Iglesia. Pero en las calles la gente no les pide diálogo, les pide el referéndum revocatorio que el gobierno les ha negado. Quieren sacar a Maduro, no sentarse a conversar con él. Sobre todo porque el mandatario venezolano ha utilizado el llamado al diálogo infinidad de veces –cada vez que se ha visto en aprietos–, y siempre resulta en unos tinglados que no conducen a nada más que a descomprimir la presión sobre el gobierno.

De este nuevo llamado al diálogo no podía esperarse otra cosa, después de que el propio Maduro declarara nulo el revocatorio, poniéndole así candado a la última esperanza que tenían los venezolanos de remover al chavismo por la vía de las urnas.

Y la situación en Venezuela ya no se banca más: las penurias económicas, la severa crisis humanitaria, la desnutrición y la mortalidad infantil, la emergencia de la salud, los presos políticos, la inflación por encima del 450%, las colas de cuatro horas para no conseguir un kilo de harina... La lista es interminable. Y así, el miércoles (el día en que debía comenzar la recolección de firmas para el revocatorio revocado), miles de venezolanos se lanzaron a las calles en lo que se dio en llamar la "toma de Venezuela".
Ante ese clamor, los líderes de la oposición no podían seguir apostando al diálogo tan cándidamente como les pide el papa. Y anunciaron que declararán a Maduro en "abandono del cargo"; lo que le notificarán tras una marcha al Palacio de Miraflores el jueves.
A esta altura y en ese ambiente de crispación y agitación social, lo único que podría llevar a las partes otra vez al diálogo sería que Maduro se comprometiera a darle curso al referéndum que acaba de anular, algo que se ve muy difícil. A menos que la idea de Bergoglio sea pedírselo. Cosa que tampoco se ve clara.

Más bien el papa, junto a Barack Obama, en lo que están muy interesados es en que continúe avanzando el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Bergoglio, además, tiene un interés personal (que ha hecho público) en el proceso de paz de Colombia. Y ambas cosas dependen en buena medida de no confrontar a Maduro, que no solo es el principal aliado del régimen cubano, sino también garante de los acuerdos entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC. El propio Timochenko, jefe de la guerrilla, se traslada en aviones de la estatal venezolana Pdvsa.

Tal vez Bergoglio pensó que su sola mediación, su enorme popularidad y prestigio bastarían para calmar las aguas en Venezuela y dejar que Maduro pateara al outball la pelota del referéndum.

El papa sobreestimó su poder de reescribir una historia imposible. Y, sobre todo, subestimó a los venezolanos.

El horno no está para esa arepa. Pero este domingo veremos.

Populares de la sección

Acerca del autor