Diario de viaje de un nómade

Luis Fabini prepara un libro sobre su proyecto de casi diez años, Vaqueros de las Américas
Hay un pájaro y una ventana. El carpintero pretende atravesar el vidrio y entrar a la casa a la fuerza, una y otra vez. Es una escena habitual que a través del lente del fotógrafo Luis Fabini cobra un dramatismo poderoso. Las alas desplegadas del ave y sus patas flexionadas como garras son todo intensidad y poder, incluso en los momentos de tregua, cuando el ave reposa y hasta parece que trama algo.

Es esta escena simple –parte de su serie de fotos Woody Woodpecker– la que reduce lo esencial del trabajo del fotógrafo uruguayo radicado en Nueva York: la intensidad, la fuerza y lo icónico de la imagen. Fabini pasó cerca de una década fotografiando gauchos, chagras, cowboys, llaneros, chalanes, charros, huasos: los vaqueros de América. Desde Uruguay, Chile y Argentina hasta Estados Unidos, recorrió nueve países y convivió con ellos para mostrar la conexión entre el hombre, su tierra y su caballo.

¿Qué relaciona a un pájaro con los hombres a caballo? No se trata de un postulado sobre la libertad, sino que tiene que ver con el ojo que los mira. A través del lente de Fabini, ambas – una situación cotidiana y la forma de vida de un grupo humano – adquieren la misma potencia.

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Carpintero Uruguay 2015©Luis Fabini

Posted by Luis Fabini Photographer on martes, 20 de octubre de 2015

Sin un lugar fijo

La primera foto que sacó Fabini fue con una cámara Kodak que su padre le regaló de niño, antes de emprender viaje a través de la cordillera de los Andes para llegar a la Amazonia peruana. Al ser hijo de un diplomático, vivió su infancia entre mudanzas y la cámara se convirtió en su diario de viaje. Es ese nomadismo lo que lo une con los vaqueros: "Vivo donde estoy", dice.

Y su proyecto Gauchos de más de dos años en Uruguay empezó así, en el norte de Salto, con US$ 20 en el bolsillo y el objetivo de andar a dedo. Así lo cuenta el fotógrafo, quien suele relatar el momento de revelación que tuvo al encontrarse con un hombre a caballo que, ante la interrogante ¿qué es un gaucho?, contestó: "Un gaucho es el terrón que pisa". Esta frase reduce uno de los conceptos que el fotógrafo destaca de estos personajes, la adaptación al terreno. Así sea el calor del desierto o la humedad del pantano, estas personas están curtidas por la tierra y se amoldan a la geografía en que habitan.

Son miles los kilómetros que distancian a estos hombres entre sí y la rudeza lo que los une, pero hay otra cosa que todos tienen en común: el caballo. "El caballo transforma al domador así como el domador transforma al caballo. El domador se va sensibilizando a lo que la bestia quiere", afirma el fotógrafo.

Comunión silenciosa

Pueden pasar entre 15 y 20 minutos en que fotógrafo y fotografiado no intercambien palabras. En las imágenes de Fabini no hay instrucciones ni dirección. Esos minutos son de pura conexión, o como él mismo llama a ese intercambio, una "comunión silenciosa". "No me interesa la cáscara, me interesa el carozo", explica y agrega, "lo fundamental es no identificarte para poder ver lo que es aparentemente obvio pero que la mayoría de los seres humanos no vemos porque estamos permanentemente proyectando sobre todo".

El proceso es comparable a la acción de surfear una ola, "estás en el momento, al 100%, en esa intensidad casi cósmica", explica. Así, puede pasar meses conviviendo con los personajes que protagonizan sus imágenes. Y en cada punto del mapa, ya sea con vaqueros, chagras o llaneros, el proceso comienza siempre con una adaptación.

ESTE SÁBADO. Es el último día para visitar la exhibición de Gauchos en la Galería Pueblo Garzón
"Cada tipo de vaquero me recibió de forma diferente", explica. En Ecuador, con el chagra, pasaba el 80% del tiempo a caballo. A una altura de entre 3.000 y 5.000 metros, estos hombres deben reunir el ganado salvaje en condiciones extremas y por eso Fabini se vio obligado a seguir el mismo camino.
Con los vaqueros de Texas, Estados Unidos, le llevó tres viajes al estado para lograr que lo invitaran a un rancho. Tuvo que asistir a numerosas reuniones de la asociación de cowboys local para, luego de mucha producción, conseguir la aceptación del grupo.

No hay jinete que no se caiga, dice Fabini y unas 11 costillas rotas en dos caídas, una muñeca rota, perder el sentido de la orientación en los Andes ecuatorianos junto con los chagras o estar a punto de ser atropellado por un toro encolerizado, fueron algunos de los gajes de este oficio. Casi como andar en auto en Montevideo, bromea.

Luis Fabini
Luis Fabini pasó una década conviviendo con hombres de a caballo por toda América
Luis Fabini pasó una década conviviendo con hombres de a caballo por toda América
Cuanto más complicadas sean las circunstancias de trabajo, mejor puede ser el resultado. La lluvia, el frío o el calor, las muchas horas de aburrimiento o formas de cocinar diferentes que le podrían revolver el estómago a cualquier uruguayo sensible, todos son solo desafíos que ponen a prueba la pasión y el compromiso. Es ahí que se generan los lazos y las conexiones o que se dan las circunstancias para que las fotos impacten tanto como las vidas de estas personas. Eso se logra solamente con tiempo, dice.

Antropología de jinete y fotógrafo

Si bien prefiere no catalogar su trabajo bajo una etiqueta, Fabini niega ser un fotorreportero. Su trabajo, dice, no es contar historias, sino obtener una imagen icónica, que sea "potencia e impacto". Así, las imágenes de estos hombres hablan de ellos a través de su vestimenta, sus expresiones, su trabajo y la geografía en que se mueven.

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Gaucho uruguayo, parte del trabajo de dos años que el fotógrafo hizo en Uruguay antes de viajar por América
Gaucho uruguayo, parte del trabajo de dos años que el fotógrafo hizo en Uruguay antes de viajar por América
"Salí en búsqueda del gaucho y me encontré a mi mismo como fotógrafo", sostiene. Es que el compromiso que requiere este tipo de trabajo termina convirtiéndose en la identidad del artista.
Luis Fabini planifica en décadas. Para los próximos 10 años, ya tiene pensados sus trabajos. Seguirá profundizando en la relación de los jinetes con sus caballos en partes de Europa e incluso Asia Central, donde espera encontrarse con los Dukha, un pueblo nómade de Mongolia que usa renos para transportarse y depende de ellos para subsistir.

A su vez, su trabajo con los Vaqueros de América será condensado en un libro cuya publicación, a manos de la editorial Greystone Books, está prevista para abril de este año. Con textos del antropólogo Wade Davis, será publicado en diferentes partes del mundo en inglés, alemán y español.
El resultado de los primeros dos años de su trabajo con los gauchos en Uruguay se exhibe ahora en la Galería Pueblo Garzón (Camino Sainz Martínez, Garzón) y hoy es el último día para visitarla. A partir de el 25 de enero estará expuesto en la Casa de la Cultura de Maldonado (Rafael Pérez del Puerto 745 esquina Sarandí).

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