Dibujo tu nombre

En guaraní o en chino mandarín, depende de las circunstancias
No sé si todas las personas tendrán sueños imposibles. Yo tengo uno recurrente: hablar todos los idiomas y dialectos de manera perfecta, con el acento de los nativos. Es como si pretendiera no ser extranjero en ninguna tierra.

Es un buen sueño. El hecho de que sea imposible no hace más que confirmar su excelencia. Me gusta, además, el hecho de que no parece tan ambicioso: no implica dinero ni poder sino conocimiento.
Aunque si se lo analiza un instante queda claro que es muy ambicioso, que convertiría a quien poseyera tal don en una suerte de deidad, capaz de hablar el idioma de todos los hombres.

Un paso más y ya sería capaz de conocer todas las raíces y entender todas las posturas frente a la vida. De cualquier forma, creo que sería una satisfacción muy personal, íntima, que no ayudaría demasiado al mundo ni a mí mismo. Quiero decir: de nada sirve que yo comprenda si nadie me acompaña.

Probablemente, si postulara ese personaje de acento universal para un relato, no habría manera de encontrar un final feliz. Pronto adquiriría fama de engreído, entraría en problemas cada vez que quisiera aclarar las cosas y finalmente acabaría solo, excluido por la muchedumbre, celosa de sus mentiras y conflictos.

Tal vez debiera beber de la fuente de la ignorancia para sobrevivir en la oscuridad colectiva. De todas formas me sigue pareciendo un sueño glorioso. Lo recordé cuando leí este poema, titulado Sy: "Ahai nde resa / ha mitãnguéra oma'. / Ahaí nde juru / ha mitãnguéra opuka. / Ahai nde réra / ha mitãnguéra oñe'".

"Sy" quiere decir madre, en guaraní. Traducido al español, el poema queda así: "Dibujo tus ojos / y los niños miran./ Dibujo tu boca / y los niños sonríen. / Dibujo tu nombre / y los niños hablan".

El texto ganó el primer premio este año en el concurso internacional que organiza la editorial Nobel, de España, con el pomposo título: "El mejor poema del mundo". Su autor es el poeta paraguayo Cristian David López.

Yo creo que el poema tiene sus raíces en la antiguedad clásica. Esa madre del título es el origen de todo pero ella misma es "dibujada". El dibujo final es la esencia, el nombre, y eso da lugar al lenguaje y con él, a la civilización y la historia.

"Dibujo tu nombre" es "escribo" y en este caso es "encuentro la palabra mágica que da origen a todo". La lengua es "materna".

El poema es como una canción de cuna invertida. El niño dibuja el nombre de la madre y entonces habla y los niños que leen el poema saborean ese milagro, el lenguaje. Y hasta se puede postular un círculo virtuoso en el que la madre mira y sonríe.

Me resulta curioso el detalle de que el guaraní no tiene escritura original. Se usan los signos del alfabeto occidental para dibujar sus significados. Sin embargo, Cristian David López dice "Ahai nde réra" (ajaín derera), "dibujo tu nombre", en una de sus dos lenguas maternas, el guaraní.

El idioma está en la esencia de la cultura. Las arbitrariedades de uno y de otra están relacionadas de forma íntima. Por eso siempre envidié esa cualidad de la cultura paraguaya, que se expresa en dos idiomas, lo que equivale a decir que se manifiesta de dos maneras, que tiene una cultura de doble raíz.
Y de ahí a soñar: '¿por qué no dominar todas las lenguas y deleitarse con el sabor original de todas las culturas?' hay un paso muy corto, aunque ese pasaje esté vedado en la realidad.

La buena noticia es que encontré una luz de esperanza en una nota que apareció en la web de BBC Mundo. Un australiano tuvo un accidente de tránsito y cuando salió del coma solo hablaba chino mandarín.

El hombre había olvidado el inglés y recordaba el chino que había aprendido en su temprana juventud, aunque con mucho más fluidez de la que tuvo nunca en ese idioma.

Tal vez el camino sea tener un accidente en cada sueño y recuperar un idioma diferente cada día, un idioma aprendido en alguna reencarnación remota. Por ahora, debo conformarme con balbucear perplejidades en mi lengua materna.

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