Diego Rebella: el mapa y el territorio

Alaska, su tercer disco, se define por las conexiones, los amigos y la ciudad. Ideas e histerias de un músico obsesivo que vuelve con banda propia y se presenta el sábado en la Vaz Ferreira

Satán o el despertador. Las seis de la mañana son incómodas, no importa el lugar. Camiones que chillan, ferias que son zonas de guerra, tipos tan tristes que “no logran ni embocar al mear”, Montevideo, “provincia de humanos tristes” que no se entera ni de que la Tierra estalla. Gente que no lee ni los diarios. Es raro pensar con un arranque así que Alaska, el tercer disco de Diego Rebella en su etapa solista, es el trabajo en el que este músico conecta por fin con la ciudad, con referencias más cercanas. Uno en cuyo proceso –y amigos mediante– percibió que quería llevar su musica a algo más próximo. Conectar con eso más próximo no necesariamente tiene que traducirse en un disco homenaje a Montevideo lleno de clichés: hablar en serio de Montevideo y estar dentro de ella de verdad también es odiarla un poco.

El dato es importante porque el Diego Rebella que habita Alaska –ya disponible para escuchar en este link de Bandcamp, en breve en físico- traduce una nueva intención para quien es uno de los cantutores más activos de la escena emergente local: que en algún momento sus canciones sean tan de Montevideo como las de Fernando Cabrera, las de Garo Arakelián o las de Gonzalo Curbelo en La Hermana Menor, quizá un camino que antes no pensaba en recorrer y que a lo mejor –avatares de llegar a la treintena y de mirar más al lugar en que se vive– marque aún más el futuro de sus canciones. Lo dice él mismo:  “Creo que Tussi (Curbelo) escribe maravillosamente en uruguayo, de temas de los uruguayos: del pan a 50 pesos, del buquebús. No comete la pedantería que cometía yo de escribir en inglés pero en español. En ese estilo, Fede Graña también escribe en un lenguaje de barrio que es una maravilla, que es auténtico. Yo envidio mucho eso, pero sucede que aprendí que lo envidio hace poco. Hay gente que sigue escribiendo en español neutro y yo no digo que eso esté para nada mal. Lo que pasa es que yo descubrí que quería hablar más de acá, de mi barrio, de los bares, de hacer referencias a eso. La parte más montevideana de Cabrera me rechinaba, ahora es todo lo contrario”.

La presencia de Rebella dentro del circuito musical uruguayo podría localizarse en 2006, cuando con Sinatras editaba Subibaja, un disco con  intensa búsqueda tras el sonido de Radiohead y Pixies, el grunge y el Britpop dentro de una banda que también integraba en batería el productor Guile Berta (2 graffitis por su trabajo con Mandrake Wolf y los Terapeutas). No era fácil relacionarse explícitamente con Montevideo en esos días y Rebella no encontraba las conexiones. Después de todo, también eran también años en los que sus coetáneos Astroboy estaban a punto de editar un disco llamado Big for the city en el que explicitaban más bien un deseo de salir de la ciudad, de su entorno.

Pero hacer foco solamente en esa reconexión de Rebella es apenas una parte del cuento. Médico de profesión en ejercicio y músico estable de la banda de Franny Glass además de flamante tecladista de La Hermana Menor, Rebella procesó el desarme de Sinatras optando por una carrera solista y despojada de la electricidad y el ruido, con su voz y su guitarra al frente y unas canciones de dormitorio registradas en los discos Guadalupe 1994 y La vida en los árboles. En él conviven muchas de esas referencias anglosajonas (Bill Callahan, John Cale, Wilco) a las que hoy suma otras locales como Eduardo Darnauchans de un tiempo a esta parte es una de las que referencia con más énfasis. “Creo que en Alaska hay un intento por desmarcarme de discos anteriores y que es menos buscado e intencional y más fuerte de lo que me había propuesto. Los dos discos anteriores son difíciles y oscuros, pero son los que yo quería hacer, son los que me trajeron acá. Pero este es el primer disco del que estoy realmente orgulloso”, explica.

Hay razones para estarlo: Alaska comienza con Mañanas, un relato agresivo, histérico de cosas que Rebella odia de su barrio Sur que paradójicamente corona extrañamente con el que probablemente sea el estribillo más amigable que haya escrito hasta ahora. El disco avanza de ese estilo más minimalista hacia uno más cargado de efectos, ruidos y recursos en el que de la mano de la producción de Ezequiel Rivero (ex LHM y Amelia, probablemente uno de los productores locales más activos de los últimos años) se suman una cantidad de instrumentos y efectos. En vivo, esa responsabilidad recaerá sobre una banda que integran el propio Berta, el ex Closet Germán Pérez, Julieta Garrido, Germán Deniz y Christian Clark, formato del que el compositor asegura no volverá a separarse por un tiempo:  “(Antes) Hubo un intento de celibato, de ascetismo, de volver a la guitarra y a la voz. Lo hice durante uno, dos, tres años. Volví a pensar en canciones para banda, cosa que no volví a hacer, y armé una banda para tocar. Y no tengo planes de volver a desarrollar un formato unipersonal en el tiempo cercano. Este disco está propuesto desde ese lugar. Me dí cuenta de todo eso al final. El próximo disco voy a hacerlo con la banda, vamos a componer todos”.

Rebella lo vive con la expectativa de un nuevo comienzo, algo que no es poco para alguien que cada vez que termina un disco cree que será el último. “Me aburrí mucho en la anterior etapa. Creo que este proceso del nuevo disco me hizo cerrar lo anterior y darme cuenta de que lo que realmente me interesaba era la electricidad, el volumen. Además, hay que decirlo, toqué en mil lugares con mucha exposición y no pasaba nada con la gente, no pasó nada”.

Alaska es un disco que tiene buenas chances de ser un paso adelante en ese sentido: al salirse de la guitarra y voz, la música de Rebella gana en complejidad y uno vuelve a recordar que –como pasaba en Sinatras– su voz es capaz de no perderse en el marco de una banda sonando fuerte o con cosas más sintéticas de fondo, algo que pasa en Mientras el día explota, una canción que incluso recuerda a algunos trabajos del productor Danger Mouse con Beck.

Pero si el nuevo escenario montevideano, las instrumentaciones y la produccíón son una novedad hay que decir también que el ADN compositivo de Rebella no cambia demasiado a la hora de las cosas de las que quiere hablar: en su descripción de sensaciones y sentimientos se cuelan referencias poderosas fácilmente emparentables con llegar a los 30 años, la condena al trabajo rutinario o el paso a la socialmente aceptada “adultez” (“A los treinta, ¿qué es lo que querés? ¿Los créditos de la película?” canta en Somos los que cenan solos) en el marco de una mirada casi siempre relacional la mirada es ante todo relacional: la mayoría de las veces en una canción de Rebella –incluso en una oda a la pereza veraniega vernácula como lo es Carnaval- aparece una referencia a algún tipo de vínculo (amigos, familiares, parejas) en cuyo nombre a veces se cuelan imágenes más oscuras, si se quiere siniestras.

El proceso de gestación del disco, dice el músico, fue (y en general es, aclara) devastador y cargado de ansiedad. Ansiedad que evidentemente no se va tras el proceso: cada vez que Rebella se refiere al disco que está presentando ya habla del próximo, es un reflejo suyo habitual. “Es que cada vez que termino un proyecto pienso que es todo lo que tengo para dar”, se justifica. “Tengo unas crisis de confianza bárbaras. Creo que no me voy a poder volver a sentar a escribir una canción digna de compartirse. Y la reacción es agarrar la guitarra como un enfermo hasta que algo salga. Y el efecto es como el de un sedante. Me quedo tranquilo con que ‘hay algo’. De hecho, a Guile (que produjo sus discos anteriores) y a Ezequiel los atomicé. A Eze le dije ‘no quiero morir con un disco de diez canciones’ cuando me dijo que quería sacar algunas de las que estaban”.

Parte de esto tiene que ver con que Rebella no siente que tenga el sentido de la dirección artística que tienen otros colegas suyos como Franny Glass o Pau O’ Bianchi. “Ellos tienen todas sus decisiones estéticas tomadas. Yo no estoy ni cerca de poder alcanzar esas seguridades”. Sin embargo, lo que sí ha hecho Diego Rebella en este disco es exponerse a experimentos que en general funcionan bien. La nueva amplitud de miras parece sentar además las bases de un universo sonoro mucho más amplio y menos previsible, algo que incluso parece evocar el instrumental que lleva el nombre del disco, una especie de música de amaneceres. Lo que queda claro con este disco es que Rebella también ya está encontrando una forma de sublimar mejor esas inseguridades, inconformismos e incapacidades de soportar la frustración que señala como propias y hacer que de todo eso queden canciones cada vez más importantes.

 

Diego Rebella se presenta mañana en la Sala Vaz Ferreira, a las 21. Entradas en locales de Redpagos y en Tickantel.


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