Dieta y ejercicio, el mejor remedio contra la acidez

Perder peso es una de las mejores formas de encontrar alivio para el reflujo gástrico sin tener que depender de medicamentos con efectos secundarios
Jane E. Brody - New York Times News Service

Mucha gente prefiere tomar un medicamento en vez de cambiar sus hábitos para combatir una dolencia crónica. Sin embargo, todos los medicamentos tienen efectos secundarios, algunos de ellos peores que la enfermedad que se supone que curan. Puede que algunos considerados seguros cuando salieron al mercado tengan riesgos evidentes solo después de que millones de personas los han tomado durante mucho tiempo.

Ese es el caso de una clase de fármacos conocidos como inhibidores de la bomba de protones, usados actualmente por más de 15 millones de estadounidenses y muchas personas más en todo el mundo para combatir un padecimiento cada vez más común: el reflujo gástrico, llamado generalmente indigestión o acidez.

Se ha descubierto que esos medicamentos están relacionados con un número creciente de complicaciones que van desde deficiencias nutritivas, dolor en las articulaciones e infecciones hasta fracturas de huesos, ataques cardiacos y demencia. Aunque no se cuenta con evidencias definitivas de la mayoría de los riesgos identificados, quienes padecen reflujo gástrico deberían considerar un enfoque alterno, como cambios en la dieta y en los hábitos que pueden reducir los síntomas e incluso reparar los daños.

Síntomas escondidos

La acidez es solo uno de los muchos síntomas del mal de reflujo. No reconocer los demás puede causar daños por no tratarse. El mal de reflujo gastroesofágico puede causar, además, una tos seca persistente, garganta irritada, necesidad frecuente de aclararse la garganta, ronquera, eructos y tos, hinchazón, dificultad para tragar y la sensación de tener un bulto en la garganta.

Si se enfrenta a un síntoma que no puede explicarse de otra forma y el médico no piensa en el mal de reflujo como posible causa, el mismo paciente podría sugerirlo. El examen del esófago puede ser la única manera de averiguar si alguien tiene reflujo gástrico.

El Dr. Jonathan Aviv, otorrinolaringólogo afiliado a la Escuela de Medicina Monte Sinaí Icahn de Nueva York, contrajo un terrible síntoma que resultó haber sido causado por reflujo gástrico. Una noche, de pronto despertó boqueando para tomar aire, sintiendo que lo estaban ahorcando. A su médico le costó trabajo creer que el reflujo gástrico pudiera ser la explicación. Empero, tratar esa dolencia produjo alivio y puso a Aviv en una jornada de un año para aprender a manejarla.

Ahora escribió un libro, "La dieta para cuidar los ácidos", que explica cómo surgen los variados síntomas del reflujo ácido y detalla un programa de curación y prevención que puede ayudar a evitar los medicamentos.

Dieta y ejercicio

Tener sobrepeso generalmente se asocia con el reflujo ácido. Una persona con un índice de masa corporal en el rango de sobrepeso tiene casi dos veces más posibilidades de tener mal de reflujo gastroesofágico que una de peso normal. Adelgazar es una de las mejores formas de encontrar alivio sin tener que depender de medicamentos.

Dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol y evitar bebidas carbonatadas son también importantes medidas de protección. El tabaco y el alcohol pueden aflojar la tensión del esfínter esofágico superior y causar síntomas de reflujo como ronquera, goteo post-nasal y falta de aire, pues irritan la boca, la laringe y la tráquea, explica Aviv.

Comer en gran cantidad, acostarse antes de digerir la comida y hacer ejercicio demasiado pronto después de comer también son hábitos que puede provocar síntomas. A quien sufre de reflujo se le suele aconsejar que haga cinco o seis comidas ligeras al día, en lugar de una o dos grandes, y que evite comer tres horas antes de acostarse a dormir. Para mayor protección, la cabecera de la cama puede estar elevada unos 15 centímetros o más.

Pero aunque algunos alimentos comunes –cebollas crudas, ajo, jugos cítricos, café y chocolate– pueden causar reflujo en gente sin el padecimiento, Aviv y otros expertos hacen énfasis en que cada quien es diferente y el ensayo y error es la mejor forma para detectar los alimentos que enferman al individuo. Los especialistas recomiendan llevar un diario de comidas y bebidas durante una o dos semanas, así como identificar el momento de los síntomas.

Un alimento no necesita ser ácido para causar problemas. Los ricos en grasas pueden ser problemáticos porque requieren mucho tiempo para ser digeridos. Aviv señala que abundan los alimentos que están tratados con sustancias que contienen ácidos para reforzar el sabor y prolongar su durabilidad. De acuerdo con esto, la dieta de "curación" de 28 días que él propone se compone casi enteramente de alimentos naturales y no procesados.

Los ricos en fibra son muy útiles después de eliminar los ácidos, asegura Aviv. La fibra mejora la digestión, reduce la presión en el esfínter esofágico inferior y puede ayudar a perder peso. Una buena fuente de fibras son el brócoli, las zanahorias, las verduras de hojas verdes y manzanas, entre otros. Otros alimentos útiles y ricos en fibras son las almendras, nueces y legumbres.

Si las medidas anteriores no logran controlar el reflujo ácido, quizá sea necesario también tomar inhibidores de la bomba de protones, pero estos deben de usarse en la dosis más baja posible, en el momento adecuado y por los periodos más cortos posibles. Aviv precisó que deben tomarse de 30 a 60 minutos antes de tomar el desayuno o la cena, pero no tomarse como "antídotos".

Más que una molestia

El reflujo gástrico no es solo una molestia. Implica el flujo inverso del ácido gástrico hacia los tejidos de arriba. Se produce cuando el esfínter esofágico bajo, que es un anillo de músculos entre el esófago y el estomago, no logra cerrarse lo suficiente para impedir que el contenido del estómago se desplace hacia arriba. En ocasiones también falla el esfínter superior, situado entre el esófago y la garganta. El reflujo gástrico es un trastorno grave que puede y debe tratarse para evitar los síntomas y alejar consecuencias que con el tiempo pueden ser fatales. El mal de reflujo gastroesofágico, que es el baño continuo de los tejidos suaves del esófago con el corrosivo ácido gástrico, puede llegar a dañarlos gravemente y, con el tiempo, causar cáncer del esófago, que suele ser fatal.