Dignificar el cuidado de la vejez

La tragedia en unhogar de ancianos es un eslabón doloroso en la compleja cadena de atención a personas de edad avanzada

La tragedia en el hogar de ancianos Época Dorada es un eslabón doloroso en la compleja cadena de atención a personas de edad avanzada que, por diferentes razones, no pueden pasar sus últimos años en la calidez confortable del entorno familiar. Si pese a las dificultades financieras el gobierno despega en la forma prevista el Sistema de Cuidados, bandera programática del presidente Tabaré Vázquez, tendrá que concentrarse en esa situación. Tanto el Piñeyro del Campo, donde jaurías de perros salvajes atacaban a los internos, como las casas de internación de nivel medio y bajo que atienden a ancianos de recursos escasos, cumplen una función descuidada por el resto de la sociedad, aunque lo hacen restringidas por las propias limitaciones de sus estructuras.

Existen muchas instituciones privadas de primer nivel para internación segura y confortable y eficiente cuidado sanitario de adultos mayores. Pero su costo las torna prohibitivas para la inmensa mayoría de los ancianos que, por decisión propia o de sus familias, deben refugiarse en residencias en el ocaso de sus vidas. Este es el sector de la sociedad en que apremia la atención gubernamental. Los trámites burocráticos de habilitación por el Ministerio de Salud Pública o Bomberos tienen que agilizarse para evitar las demoras que ahora se utilizan como excusas para explicar la muerte de ocho ancianos quemados.

Pero más importante es que los organismos involucrados en el tema, tanto el Sistema de Cuidados como el Ministerio de Desarrollo Social y otras instituciones, vuelquen los recursos indispensables para asegurar condiciones mínimas pero adecuadas de cuidado a personas ancianas que, además, muchas veces están aquejadas por dificultades psíquicas, de movilidad u otras formas de discapacidad. Los hogares, aun los que funcionan sin fines de lucro, se nutren de los aportes, generalmente magros, de las jubilaciones o pensiones de los internados o de lo que puedan pagar sus familias. Pero cuando no es suficiente, es responsabilidad del gobierno completar los recursos necesarios y, sobre todo, mantener una permanente vigilancia inspectiva sobre las condiciones de internación.

Envejecer y morir con dignidad es un derecho natural que se cumple a medias en virtualmente el mundo entero. Uruguay no es la excepción, pero tampoco figura en los peores lugares del planeta en este campo. Sin embargo, si Vázquez está en condiciones de cumplir lo prometido con su Sistema de Cuidados, puede mejorarse considerablemente. El incendio y las muertes en la residencia Época Dorada fueron causados probablemente por un accidente o un descuido, facilitado por la carencia de personal suficiente para vigilar y asistir a los ancianos internados en el lugar.

Situaciones similares pueden volver a darse en otros lugares, a menos que se actúe con prontitud y decisión en apuntalar un sistema disperso y complicado, que incluye organismos estatales e instituciones privadas con características muy diversas, desde lujosos centros residenciales hasta hogares paupérrimos, a veces clandestinos. Una pronta acción efectiva del gobierno es esencial para ayudar a evitar o al menos reducir el peligro de nuevas tragedias. Y es indispensable, sobre todo para asegurarles a quienes deben refugiarse en esos centros de internación una diaria existencia digna en el período final de sus vidas.


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