Dilma: golpe de Estado no, un hurto puro y simple

La destitución está cargada de razones políticas y no jurídicas

Aunque seamos ajenos a la crisis que vive Brasil y nos separen con el gigante del norte abismales diferencias culturales y políticas, de alguna forma las reacciones generadas en Uruguay tras la remoción de Dilma Rouseff, tienen cierto símil con las causas de esa decisión tomada por el Parlamento brasileño. Basta revisar las reacciones en las redes sociales para darse cuenta: los izquierdistas contra el impeachment y la mayoría o muchos de los que no son de izquierda a favor. Política, de jurídico, nada

El Frente Amplio defiende al venezolano Nicolás Maduro pero critica la remoción de Dilma, fue uno de los argumentos oídos y leídos. En primer lugar, lo que haga el Frente Amplio no tiene que ver con la justicia o no de lo que ocurrió en Brasil.

Además, un partido, como una persona cualquiera, a la hora de emitir dos juicios, puede cometer dos errores, dos aciertos, o un acierto y un error. O sea, quienes cuestionan la actitud dual de la izquierda uruguaya también podrían pensar que el Frente le erra con Maduro pero, quizás, acierta con Dilma. Pero no, esta hipótesis los adversarios de la izquierda no la manejan. Política, de jurídico, nada.

Bien o mal, el camino seguido por el Parlamento de Brasil está contemplado en la Constitución de ese país. Por lo tanto no se puede decir que fue un golpe de Estado. Ahora bien, a quienes les gusta comparar a Venezuela con Brasil: Maduro fue elegido por las urnas, o sea que no se puede decir que sea una dictadura. ¿Aquello no fue golpe porque la Constitución lo ampara pero lo de Maduro es dictadura aunque lo haya elegido el pueblo? Otra vez, política, de jurídico, nada.

Ante el argumento de que Dilma tuvo 53 millones de votos y a su sustituto, Michel Temer, nadie lo votó para presidente, surgen voces que dicen que también fue elegido porque Dilma lo escogió para acompañarla. Es cierto, tanto como que en Uruguay Luis Lacalle eligió en su momento a Gonzalo Aguirre como vice y una vez en el gobierno se le dio vuelta y pidió la renuncia del equipo económico, o en Argentina Cristina Fernández eligió a Julio Cobos de compañero para que luego le pagara con un "no positivo". O sea, los presidentes a veces se equivocan al elegir al compañero de fórmula, pero en Brasil esto estuvo adobado con que el partido de Temer, el PMDB, rompió relaciones con Dilma por diferencias...políticas. De jurídico, nada.

Temer está sospechado de actos de corrupción, mientras que las razones de la destitución de Dilma están, a juicio de una legión de expertos, en el terreno de las irregularidades administrativas: maquilló balances, no robó. De 513 diputados que votaron en primera instancia por el juicio político, 299 tienen causas judiciales.

La remoción de Dilma no fue técnicamente un golpe de Estado. Un golpe habría estado rodeado al menos de cierta importancia institucional, en algunos casos de impronta marcial. Acá no. Acá las diferencias entre la constelación de 35 partidos con representación política y la debilidad institucional en que se encontraba la presidenta abonaron el terreno para que un grupo donde abundan los bandidos se hiciera con la presidencia. Por el perfil de la mayoría de los opositores, más que un derrocamiento fue un robo, un afane vulgar, político. De jurídico, nada.


Comentarios

Acerca del autor