Dinero sin control

El cierre del Cambio Nelson abre la interrogante sobre el funcionamiento y la fiscalización a empresas que operan en la actividad de intermediación financiera

Maximiliano Montautti / Miguel Noguez

Depósitos en una casa de cambio que pagaba más intereses del que ofrecen los bancos. La acción era habitual y utilizada por varios empresarios de Maldonado, aunque ese tipo de intermediación financiera no le es permitida a las casas de cambio y a los locales de cobranza, según la normativa vigente.

Todo funcionaba bien hasta que el miércoles 22, de forma repentina, Cambio Nelson en Maldonado dejó de operar. Se adujo que el cierre era por "reorganización empresarial", aunque el desencadenante del hecho fueron las deudas millonarias del propietario del cambio, Francisco Sanabria. El jueves 23, el empresario abandonó el país con rumbo a Miami. Pero el incidente dejó planteadas algunas interrogantes.

La primera es si existe una especie de "agujero negro" en la actividad de intermediación financiera con actores que operan libremente, pese a estar regulados por normas del Banco Central del Uruguay (BCU). La segunda pregunta es que, si solamente una casa cambiaria manejaba la cantidad de plata que se denuncia –al menos US$ 5 millones–, ¿cuánto dinero estará operando por fuera del sistema formal?

Ayer, viernes 24, en entrevista con El Espectador, el presidente del BCU, Mario Bergara, sostuvo que "no se puede estar detrás de todas las personas del país para ver si alguien le da plata a un amigo para que se la maneje". Y añadió que los "mal llamados depósitos" no figuraban en los libros de contabilidad del cambio, por lo que no pudieron ser detectados.

A partir de las declaraciones de personas que se vieron afectadas, Bergara dijo que "podría haber actividades de ese tipo (arregladas) directamente con el titular de la institución", y no con el cambio como empresa regulada por el BCU.

El BCU tiene controles más estrictos con las instituciones de intermediación financiera, como bancos y cooperativas financieras, debido a que estas, al estar habilitadas a recibir depósitos, pueden asumir riesgos sobre el dinero de sus clientes. Y el papel del BCU es mitigarlos.

Sin embargo, para aquellas compañías que no pueden recibir depósitos, el control está focalizado en impedir el lavado de activos, algo que "no está sobre la mesa en este caso", según la autoridad monetaria. Por otra parte, en diálogo con El Observador, el director ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados del Uruguay (ABPU), Jorge Ottavianelli, respaldó los controles realizados por el BCU.

"Los cambios no pueden captar depósitos y por lo tanto los controles están mucho más orientados al tema del lavado de activos, que es el único riesgo con respecto a la evaluación del sistema que tiene el banco. Fuera del lavado de activos, si el cambio quiebra es como cualquier otra empresa, habrá acreedores que se van a ver perjudicados", señaló.

"Los bancos tenemos controles muy estrictos porque esencialmente captamos ahorros y por la propia gestión de los bancos transmitimos confianza en la plaza. Si hay alguna persona poniendo dinero fuera de los bancos, está tomando otros riesgos", afirmó Ottavianelli. El ejecutivo añadió que "los fraudes y las ilegalidades son muy complejos de detectar en cualquier tipo de negocios".

En los últimos cinco años el BCU recibió solo una denuncia sobre recepción de depósitos en casas de cambio y no se aplicaron sanciones.

El jueves 24, inspectores del organismo se presentaron en la sucursal central de Cambio Nelson en Punta del Este para efectuar una revisión de la documentación existente, que sigue siendo analizada por funcionarios de la autoridad monetaria.

Una denuncia

Fuentes allegadas al caso señalaron a El Observador que Sanabria reconoce deudas únicamente por US$ 5 millones. Además, afirma que no realizaba actividad financiera y que solamente manejaba dinero de los clientes para pagar sus cuentas.

Por otro lado, antes de abandonar Uruguay, el jueves el empresario llegó a un acuerdo para saldar la deuda con Redpagos que ascendía a unos US$ 2,5 millones. Para ello traspasó a la firma algunos bienes de su propiedad como forma de pago.

Las fuentes añadieron que el empresario tiene una sola denuncia en su contra por un cheque sin fondos por US$ 90 mil.

Sanabria tiene cierre de fronteras preventivo y hasta ayer por la noche no había orden de captura para él.

Clima complicado

La sensación térmica en San Carlos es muy alta, más allá de la temperatura ambiente.

Los ánimos no son los mejores y cada noticia o versión que circula por las calles hacen que el humor de los damnificados por el cierre de Cambio Nelson empeore. Una muestra de ello ocurrió el viernes sobre el mediodía.

Según supo El Observador, un grupo de personas llegó hasta la casa de la segunda esposa del fallecido Wilson Sanabria, padre de Francisco. Quisieron ingresar a la fuerza e incluso lograron sortear el portón de entrada al predio. La mujer no se encontraba en la casa, pero sí había allí otras personas que avisaron a la Policía.

Poco más tarde, varios agentes llegaron hasta el lugar para dispersar al grupo de damnificados. Eso es una muestra del clima que se vive en torno al cierre de Cambio Nelson.

Una fuente al tanto de la situación comentó a El Observador que la casa cambiaria operaba como un banco.

"Era una especie de paraíso fiscal. Las cuentas que se abrían no son embargables. Entonces, mucha gente que no podía operar en el sistema financiero formal se movía ahí", señaló.

El protocolo de cierre incumplido

Cuando una casa de cambio decide cerrar debe informar a la Superintendencia de Servicios Financieros con un preaviso de 15 días hábiles. Esa comunicación debe ir acompañada de un testimonio notarial de la resolución adoptada por los accionistas en la que también debe figurar la fecha de cese y sus motivos.

También están obligadas a informar el lugar y la persona que será responsable de la conservación de los libros sociales originales y todo otro comprobante vinculado con su operativa, entre otros requisitos. Una vez cumplido el trámite el BCU procede a la devolución de la garantía. Para funcionar, los cambios deben constituir una garantía a favor de la autoridad monetaria por un monto no inferior a 600.000 UI (unos US$ 75.000 a valores actuales), que se incrementa en 300.000 UI por cada una de sus dependencias. Esas garantías se liberan cuando se produce el cese de la actividad siempre que se haya cumplido con las obligaciones con el BCU. Todo ello no ocurrió en el caso de Cambio Nelson.



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