“Dirigentes sindicales deberían mirarse en ese espejo de D’Elía”

Para el ministro de Trabajo, José Bayardi, el corporativismo gremial da lugar a los desvíos

¿Por qué se generan este tipo de desvíos por parte de dirigentes sindicales, como lo ocurrido en ASSE?

Nosotros seguimos reivindicando la presencia y la participación de los trabajadores en el compromiso con la gestión. Es importante desde el punto de vista de la construcción democrática. (Pero) siempre hay un peligro, y es un peligro que se aventó cuando se resolvió la representación en el Banco de Previsión Social. ¿Cuál es? El del corporativismo. La representación no debe ser algo corporativo de los trabajadores, sino algo que gestione en el marco del interés general.

¿Ese corporativismo prepara el terreno para ese tipo de desvíos?

Sí. El corporativismo puede tener un desvío que no es sancionable, que justamente es el desvío corporativo. El favorecer el interés de determinados trabajadores por encima del interés general, como podría ser en materia de salud. Quien participa de la gestión de un ámbito como ASSE, lo que tiene que pensar no es en el interés corporativo de los trabajadores, sino en el marco del interés general. Puede haber cierta tendencia hacia el corporativismo. Punto dos: puede haber cierta tendencia en utilizar el mecanismo de representación en el ámbito de gestión como un instrumento al servicio de fortalecer el poder sindical de quien está ahí, o de quienes integran esa corriente interna.

Construye poder

Serían desvíos no sancionables penalmente, pero sí que atentarían contra el papel que debe tener un gestor, que en este caso viene del lado de los trabajadores, pero que debe primar de alguna manera el interés general a la hora de gestionar. Un gestor, en el área que sea, tiene que poner sobre la mesa el interés general, en tanto gestor público. Esto es independientemente del estilo.

¿Para el caso de Alfredo Silva influyó su estilo de conducción?

Puede ser. Se lo cuestionó por su estilo de gestión, y su posicionamiento en el ámbito institucional, hablando fuera de lo penal. En estilos tenemos particularidades, pero esto también generó malestar desde el punto de vista del colectivo que terminaba siendo administrado. Y eso generó una serie de problemas, y en su momento intentaron ser atemperados con dos decisiones, que el presidente de la República tomó y no deberíamos soslayar. Una con el relevo de las autoridades designadas políticamente en ASSE. Y también por una iniciativa que el Parlamento no terminó de sancionar, que da doble voto al presidente para los casos de empate, en la medida que la representación institucional en el directorio quedó expresada por tres designados políticamente (uno de la oposición) y el resto de usuarios y trabajadores. Pero eso fue sancionado en una de las cámaras del Parlamento.

Intenta decir que Mujica tomó algunas decisiones a tiempo para que se cortara la corrupción en ASSE.

Tomó acciones. No se puede decir que no. Uno puede decir hoy que no fueron suficientes...

¿El expresidente de ASSE, Mario Córdoba, tuvo responsabilidad?

Complicidad de ninguna manera, porque afectaría desde el punto de vista ético y moral a Córdoba, que es buena persona. Es un lírico de cómo deben funcionar las instituciones.

¿Su pecado fue dejar hacer?

Claro. Entendió o creyó que podía construir gobernabilidad sobre la base de cierto respaldo sindical, en función de dejar actuar al representante de los trabajadores. Eso fue un error. ¿Ok? No hay que construir gobernabilidad sobre bases que no den legitimidad del proceso de funcionamiento de un colectivo, como puede ser en este caso el directorio de ASSE. Pero fue la voluntad de sacar cosas adelante, y del lirismo del director Córdoba.

Tampoco se reglamentó la ley de ASSE, lo que permitiría establecer mecanismos claros de elección.

Habría que haber interpretado la ley, sobre qué es un representante de trabajador de ASSE. Esto está en discusión ahora. Se abren alternativas, pero después todo siempre está en discusión. Hacerlo o no con elecciones, trabó la reglamentación. Deberíamos admitir que hay complejidades dentro del movimiento sindical, producto del crecimiento. O sea de la expansión del movimiento sindical, y muchas veces de la inexperiencia adentro del movimiento sindical. Y a veces de soslayar la historia del movimiento sindical, porque este país, y sus dirigentes sindicales, deberían tener un enorme orgullo y enorme reconocimiento a la dirección sindical y a la conducta ética de los dirigentes.  A veces desde muchos sectores se ha hablado mal de lo que ha implicado el movimiento sindical y los dirigentes de este país, pero todo sabemos y todos homenajeamos, y todos reconocimos al compañero José D’Elía. Y este país debería tener orgullo, y debería… no sé si una mezcla de orgullo y tristeza, de que hubo un dirigente sindical reconocido por más de 30 años, que el Parlamento tuvo que votarle una pensión graciable. Y si uno lo comparara con otros dirigentes sindicales del continente y de la región, vería que la impronta ética de los dirigentes sindicales y de los padres fundadores del PIT-CNT estuvo cortada por esta tijera. Por lo cual, los nuevos dirigentes sindicales deberían, todos, mirarse en ese espejo de D’Elía.

Si se despierta D’Elía, ¿qué diría de la corrupción sindical?

No te puedo decir, porque no quiero invocar lo que pensarían los que ya no están. Pero los que estamos deberíamos mirarnos en ese espejo, en los padres fundadores de la unidad del movimiento sindical y los que tiñeron con su impronta generaciones. Deberían dejarse teñir por esa impronta todas las generaciones.

Y usted, como militante sindical, de izquierda, ¿cómo digirió este asunto justo siendo ministro de Trabajo?

Yo no dramatizo más de lo que debo. Si lo dramatizara diría que se debería vivir como una enfermedad terminal que no tiene cura. Pero la naturaleza humana siempre se va a medir en grises, y siempre hay que tender a ir a la parte más blanca de los grises cuando se está en la gestión. Puede haber desviaciones que no necesariamente opaquen lo que ha sido la historia del movimiento sindical. No me cambia mayormente la valoración que tengo del papel de la historia del movimiento sindical, y de la enorme mayoría de los dirigentes de este país.

El otro día Tabaré Vázquez dijo que nadie está “vacunado” contra la corrupción. ¿Para un hombre de izquierda es duro asumirlo?

No, no. Si la naturaleza humana estuviera carente de desviaciones, no necesitaríamos normas. Creo que siempre hay que estar alerta a que se puedan dar espacios de desviación que lleven a que la naturaleza humana lleva adentro a nuestro Jekyll y Hyde (en alusión a los dos extremos, el bien y el mal).

¿Se complica ahora para levantar el dedo y acusar?

Todo depende. En realidad lo que uno no debe tener es cola de paja. Si uno tiene cola de paja no puede levantar el dedo para nada. De lo contrario a uno no le debe temblar el pulso para llevar adelante las acusaciones que tenga que hacer. La generalidad siempre es desacertada. Todos debemos ser más cautos, porque no estamos vacunados ante la eventualidad de que puedan existir actos de corrupción, desvíos de poder, o comportamiento ético inadecuado.


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