Discurso de Macri: un mensaje a la tropa propia

En su discurso ante el Congreso, Macri sorprendió por su tono confrontativo
Pasaron 15 meses desde su asunción, pero Mauricio Macri no renuncia al uso de la "pesada herencia" en cada evaluación política.

Su discurso de apertura del año legislativo, el miércoles, dejó la sensación de que, lejos de atenuarse, el ánimo confrontativo y la polarización con el kirchnerismo serán la base de la estrategia política en este 2017 electoral. Después de todo, fue el mismo presidente quien atribuyó muchos de los eventos políticos recientes –como la escalada de protestas sindicales o las denuncias en su contra por el "affaire Correo"– a un temprano arranque de la campaña para las legislativas de octubre.

El clima electoral fue indisimulable en la sesión inaugural. Se notó en el tono del discurso presidencial y en la actitud de la bancada opositora que fue previsiblemente munida con carteles acusatorios al gobierno. Y se notó en la predisposición mutua a la chicana.

Hubo frases de Macri que parecieron deliberadamente hechas para provocar la irritación kirchnerista, como la alusión a que no había asumido su cargo para que le "hagan un monumento", o a la apuesta a la colaboración y no "a los liderazgos mesiánicos".

Sin nombrarla una sola vez, la sensación que dejó el discurso fue que Cristina Fernández de Kirchner estaba presente en cada alusión. Desde la gran cantidad de veces que se mencionó la palabra "corrupción" hasta las alusiones a la falsificación estadística en el Indec o la crítica al "relato" de un modelo que se enfocaba en "regalarnos el presente para robarnos el futuro", todo tuvo un destinatario claro.

Así lo interpretó la bancada peronista, que respondió con abucheos o con referencias a los puntos débiles del macrismo. Así, cuando Macri habló de la corrupción en la obra pública, se escuchó corear "Correeo, Correeo...". La respuesta de la bancada oficialista era aplaudir fuerte para tapar esas voces críticas.

El presidente, con sonrisa socarrona, dejaba entrever que tenía claro cuáles serían las consecuencias de cada una de sus frases.

Arenga a la propia tropa

En definitiva, el discurso tuvo todos los componentes de un mensaje de campaña: por un lado, dirigido a levantar la moral de la "propia tropa" y, por otro, marcar el adversario con el cual se está dispuesto a polarizar el espacio político.

Estuvieron los argumentos defensivos con los que la militancia macrista espera contestar a las acusaciones de corrupción o de preferencia a empresas vinculadas con la familia Macri. Fue en ese marco que se habló sobre la ley de responsabilidad empresaria y sobre un protocolo que establezca cómo actuará el Estado ante situaciones en los cuales se pueda sospechar conflicto de intereses entre el presidente y sus empresas.

Las primeras reacciones dejaron entrever que el mensaje había sido eficaz. Elisa Carrió elogió que Macri "no quiere saber nada con lo que significa un conflicto de interés". Y si algo le dejó "gusto a poco" fue que la confrontación con el kirchnerismo no haya sido más explícita. "Si yo hubiese sido presidente y doy un discurso, daba nombres y apellidos de los que robaron", afirmó.

Macri no quiso llegar tan lejos. No lo necesitaba, con una agenda judicial que marca un intenso trajinar por los tribunales para la familia Kirchner. En todo caso, lo que dejó en claro es que, con una caída de su propia imagen en las encuestas no por causa de la economía sino de los sucesos recientes, su preocupación es recuperar la fidelidad de quienes lo votaron en 2015.

Un arma de doble filo

La estrategia de acusar a la oposición por "poner palos en la rueda" y los recordatorios a los puntos oscuros del peronismo pueden tener su rédito político interno. Pero implican también un riesgo: a fin de cuentas, el macrismo sigue siendo una minoría y necesita pedir prestados los votos a esos mismos sectores a los cuales está fustigando.

Quedó en claro ese riesgo cuando el diputado Felipe Solá, uno de los principales dirigentes del Frente Renovador que dirige Sergio Massa, se mostró decepcionado por la falta de autocrítica del presidente.
"Nosotros queremos colaborar, pero es difícil acercarse a quien solo se autoelogia", afirmó. Y recordó que, en contraste con el objetivo macrista de llegar a la "pobreza cero", lo que ocurrió en el primer año de gestión fue un empeoramiento en los indicadores sociales.

Desde el kirchnerismo, la respuesta fue previsible. En una estrategia de "espejo", no solo se responde con acusaciones de corrupción al macrismo, sino que se copia el léxico: un comunicado de La Cámpora definió el discurso de Macri como "una hora de relato".

Lo cierto es que no hubo, en lo que respecta estrictamente a la agenda parlamentaria, grandes propuestas para este año, salvo por la reforma tributaria a aplicarse en 2018, con la cual se espera cambiar la modalidad de reparto de impuestos entre la nación y las provincias y, sobre todo, disminuir el rojo fiscal.

Más bien, la idea que dejó el discurso es que Macri se preocupó por hacer una firme ratificación de la línea económica. Fue en ese capítulo cuando el presidente estuvo más lejos de una autocrítica o duda. El ajuste del año pasado, las subas tarifarias, el "apretón" monetario, la devaluación y el posterior proceso de retraso cambiario fueron justificados como parte de un plan de normalización y despegue económico.

El mensaje, en ese caso, fue que lo peor había pasado y que, a partir de ahora, el camino será de crecimiento. Llamó la atención el lugar destacado que ocupó el Banco Central y sus metas de inflación en el discurso presidencial, todo un síntoma de la confianza que Macri deposita en Federico Sturzenegger para el éxito de su programa.

Para Macri, las metas del Central son el dato fundamental a partir del cual los sindicatos deben regirse a la hora de negociar los aumentos salariales. Y también, en este caso, el auditorio primordial al que se dirigió el presidente fue el votante de la coalición Cambiemos. El mensaje fue que no hubo una equivocación en la línea, sino que se tomaron al inicio las medidas desagradables pero imprescindibles.

"Superamos lo más difícil de esta transición y el país está cambiando. Argentina se está poniendo de pie", afirmó Macri.

El mensaje entre líneas fue que, a partir de ahora, se empezarán a ver los frutos, en forma de indicadores económicos y de votos para el oficialismo. Exactamente lo que querían oír los funcionarios y los militantes macristas en un momento en el que las encuestas marcan una pérdida del apoyo popular.

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