Disyuntiva chavista en el Mercosur

La postergación de la transferencia de la presidencia semestral del Mercosur a Venezuela pone a Nicolás Maduro ante una disyuntiva

La postergación de la transferencia de la presidencia semestral del Mercosur a Venezuela pone a Nicolás Maduro ante la alternativa de democratizar su régimen o arriesgarse a ser radiado del bloque regional. La presión fue sellada por el canciller brasileño José Serra en su visita de algunas horas a Montevideo. Actuando en línea con la posición de Argentina y de Paraguay, Serra logró el acuerdo de nuestro gobierno para postergar hasta agosto el cambio en el timón mercosureño que actualmente maneja Uruguay. La excusa oficial para diferirlo fue que Venezuela todavía tiene pendiente llenar algunos de los requisitos que deben cumplir los miembros plenos del bloque, condición a la que ese país accedió recién en 2012, 22 años después de la creación del Mercosur.

La realidad es otra. Detrás del apretamiento de torniquete, inicialmente reclamado por Paraguay y luego respaldado por la canciller argentina, Susana Malcorra, está mantener a la Venezuela chavista al margen a menos que cese en sus arbitrarios arrestos absolutistas y se realice este año el referéndum convocado por la oposición para reducir el mandato de Maduro. El mandatario venezolano quiere postergar la consulta para el año próximo porque, en caso del previsto triunfo de la oposición, en vez de nuevas elecciones su período sería completado por su compinche vicepresidente.

El presidente Tabaré Vázquez y el canciller Rodolfo Nin Novoa eran partidarios de mantener la fecha original para pasar la presidencia del Mercosur a Venezuela. Pese a que el gobierno ha enfriado hace mucho tiempo sus relaciones con el desastroso régimen chavista, adujo razones jurídicas para respetar la fecha original del cambio de mando. Es posible que también pesaran en esa posición las simpatías que muchos sectores del Frente Amplio siguen demostrando por el chavismo, pese a que ha conducido a su país al colapso económico y, sobre todo, al quiebre descarnado de la institucionalidad democrática.

Pero el gobierno uruguayo mal podía resistir la opinión coincidente de los otros tres miembros fundadores del Mercosur, especialmente de nuestros dos grandes vecinos, de los que dependemos en buena parte para empezar a salir del actual estancamiento económico a través de exportaciones a ambos mercados y acceso a otros. El gobierno del presidente Mauricio Macri no solo ha levantado las restricciones proteccionistas que nos había impuesto el kirchnerismo, sino que también es un posible trampolín hacia el tentador Acuerdo del Pacífico. Y Serra, por su parte, anunció la intención brasileña de llevar enancado a Uruguay en sus actuales planes de expansión comercial hacia África y Asia.

El futuro de Venezuela en el Mercosur está ahora en manos de Maduro. Su presencia en el bloque es irrelevante y más bien perjudicial. Pero obviamente es deseable aunque poco probable que, como precio para seguir perteneciendo, el autócrata caraqueño acepte el referéndum revocatorio este año y atenúa sus desmanes contra la oposición. Y en cualquier opción, es vital para el aún incierto comienzo de reactivación económica de Uruguay aprovechar los buenos vientos que soplan desde Argentina y Brasil para ampliar mercados de exportación y concretar acuerdos de intercambio con otros países y bloques, así sean bilaterales o en conjunto con los otros miembros fundadores del Mercosur, en un posible fortalecimiento de un bloque hasta ahora inoperante.


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