Disyuntiva mesiánica en Bolivia

¿Seguirá Morales en el poder?

El presidente boliviano Evo Morales enfrenta el domingo un intento incierto de engrosar la lista de gobernantes cuyas veleidades mesiánicas los impulsan a tratar de eternizarse en el poder. La cuenta iniciada por tantos dictadores fracasados en la historia de América Latina se amplió en años recientes a presidentes populistas electos en forma legítima pero que hundieron a sus países y empobrecieron a su población, como el venezolano Hugo Chávez, su sucesor Nicolás Maduro y la argentina Cristina Fernández de Kirchner. A Morales, el primer mandatario indígena en el continente desde el mexicano Benito Juárez a comienzos del siglo pasado, le ha ido un poco mejor, pese a ser declarado seguidor del ruinoso socialismo del siglo XXI inventado por Chávez.

Ha impuesto autoritarismo contra la oposición, el sector empresarial y los medios. Pero sobre la base de la nacionalizada industria petrolera triplicó el Producto Interno Bruto en sus 10 años en el poder y logró que la economía creciera 4,8% el año pasado, índice inusualmente alto en la región. Ha mejorado además las tradicionalmente penosas condiciones de vida de las etnias quechua y aymara, que conforman el 75% de la población y han sido la base de las espectaculares mayorías con que fue electo en 2005 y reelecto para dos períodos más. Pero el respaldo a su intento de asegurarse una tercera reelección se ha agrietado por desgaste personal y denuncias de corrupción en gran escala en su entorno, que involucran el manejo de un fondo de desarrollo indígena y a una expareja del presidente. Hasta los cocaleros, gremio al que perteneció Morales y que fue su trampolín hacia el poder, se le han puesto en contra porque se ha debilitado la posición de Bolivia como tercer productor mundial de coca, detrás de Perú y Colombia.

El resultado es que solo un 28% de los bolivianos está de acuerdo con asegurarle a Morales seguir en el poder por lo menos hasta 2025, según una encuesta realizada para cuatro diarios de las principales ciudades del país. Un 47% se pronunció contra una tercera reelección, en tanto hubo un 25% de indecisos. Este sector definirá el anhelo presidencial de aferrarse a la presidencia en un referéndum sobre reforma constitucional el domingo. Pero la respuesta ciudadana está lejos de las mayorías superiores al 60% de los votos con que ganó sus dos reelecciones anteriores. Morales ha logrado un sostenido crecimiento de la economía, a diferencia de lo hecho por sus antiguos aliados del chavismo venezolano y el kirchnerismo argentino, y le ha dado a Bolivia una década de estabilidad gubernamental, que contrasta con su historia turbulenta de constantes revoluciones y golpes de estado.

Pero le ha llegado el momento de reconocer el error de querer eternizarse en el poder. Los gobiernos, no solo los de veta autoritaria sino también los democráticos, se desgastan con el paso de los años por sus propios errores y por la tentación a los desvíos corruptos, generados por la ilusión de impunidad y que, a la postre, siempre se pagan. Lo mejor que le puede pasar a Bolivia es el rechazo al intento de Morales de entronizarse en la presidencia, dejándolo concluir su período a fines de esta década para que se produzca luego un recambio ordenado de gobierno. De lo contrario se repetirá su triste historia de una institucionalidad comprometida por el error de un dirigente de creerse la única figura insustituible para salvar al país.


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El Observador

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