Diversión acuática bajo el puente

Desde hace tres décadas se ubica en este sitio una escuela de deportes acuáticos, que apunta a la divertimiento familiar

Deportes acuáticos en Laguna Garzón

El azul del agua de la Laguna Garzón se funde con el oscuro tono de las nubes que cubren el cielo veraniego. La vegetación que se ve al fondo también toma una tonalidad similar, generando un muro azulado contra el que contrastan los brillantes colores de la vela que impulsa al hombre que practica windsurf. En su trayecto por la laguna se cruza con pequeños catamaranes, stand up paddles e incluso otra tabla, sobre la que navega Laura Moñino.

Laura fue subcampeona sudamericana de la disciplina, pero su profesión es la de ingeniera agrónoma. Además de ese trabajo, gestiona desde hace 30 años la escuela de deportes acuáticos que lleva su nombre. Nacida en Argentina, fue invitada por algunos colegas deportistas a conocer la zona de la Laguna Garzón y la de José Ignacio. Ella conocía Punta del Este pero no esa parte de la costa. Navegó, le pareció "alucinante", y consideró que tenía potencial, aunque era un lugar desconocido.

Al año siguiente trasladó a la zona su escuela, que anteriormente estaba ubicada en Puerto Tablas, San Isidro, en Buenos Aires. En la mañana dictaba clases en La Barra, con los alumnos principiantes, y por la tarde llevaba a los más avanzados a la laguna de José Ignacio. Para esto contaba con la ventaja de que el "edificio" de la escuela era su propio vehículo, en el que llevaba los equipos necesarios.

En ese lugar la escuela comenzó a crecer, ayudada por un "boom" del windsurf. También construyó allí un parador y restaurante en el que se realizaban eventos. Pero cuando la laguna se embancó y el suelo comenzó a subir, generando una reducción de la profundidad del agua, tuvo la idea de desplazar su establecimiento a la Laguna Garzón, donde está ubicado desde hace 25 años.

Actualmente, además de la posibilidad de practicar kitesurf y windsurf, la escuela ofrece stand up paddles, kayaks, barcos a vela y la "alfombra mágica", que permite a los usuarios "caminar" sobre el agua. Moñino reconoce que entre estas actividades hay "modas y tendencias", por lo que los niveles de popularidad de cada deporte son fluctuantes. Actualmente hay un furor por el kitesurf, reconoce, y asegura que es una de las disciplinas que más practica actualmente porque para ella representa un desafío. "Lo aprendí de grande y todavía lo estoy aprendiendo, por eso ahora estoy haciendo mucho kite, aunque no tengo un preferido entre todos los que hay acá", cuenta.

Si bien a la escuela llegan algunos profesionales, la mayoría de los asistentes son amateur. Entre ellos hay varias familias, incluso aquellas de las que fueron varias generaciones. Moñino plantea ejemplos de padres que estudiaron con ella, luego llevaron a sus hijos, y esos hijos, hoy adultos, también llevan a sus descendientes.

El hecho de que puedan asistir personas de todas las edades se ve favorecido por el hecho de que la laguna es un lugar seguro, "se hace pie en casi todos lados, y podés desembarcar con tranquilidad en cualquier orilla", explica Moñino, que aclara, "el puente es el único obstáculo, pero es visible y es fácil de evitar".

El peso del puente


El flamante puente es uno de los aspectos que más preocupa a Laura y sus colegas de la escuela. Si bien establece que no influye en la navegación, sí considera que tendrá un impacto en otros aspectos, que de momento no pueden ser calculados. Por ejemplo, dice, en la fina lengua de arena que separa la laguna del Océano Atlántico; o en el hecho de que cuando la laguna baje tras su crecimiento los sedimentos del suelo queden retenidos y formen bancos que lleven a una situación similar a la ocurrida con la laguna de José Ignacio.

Moñino reconoce, de todas formas, que el nuevo puente atrae una mayor cantidad de visitantes, algo que le parece "maravilloso". La directora de la escuela reconoce que "si el objetivo es posicionar la laguna en el mundo, lo lograron, y ya se ve".

Actualmente se encuentra trabajando junto a varias fundaciones de la zona para realizar talleres y tareas con el objetivo de que "la pertenencia al Sistema Nacional de Áreas Protegidas no sea solo un cartel". Según Moñino, la pertenencia al sistema se tiene que manejar de forma coherente, con apoyo de las intendencias de Rocha y Maldonado. Para eso proponen, por ejemplo, que el tramo de la ruta que pasa por la laguna no sea considerado ruta nacional, sino ruta turística.

Mientras tanto la escuela continúa funcionando con normalidad a la sombra del puente circular, y Laura sigue disfrutando de la laguna como desde que la conoció hace tres décadas. "La laguna significa una forma de vida, de conectarse con la naturaleza y con los amigos y familiares que me vienen a visitar", afirma. "Y es una forma de conectarme con la alegría interior. Cuando estoy triste, angustiada o simplemente aburrida, lo que me saca eso es venir a la laguna a hacer algo, cualquier actividad, o incluso sentarme a tomar mate y mirar los pájaros. Es algo muy especial para mí".

Marilyn, la mascota de los balseros

Laura y el personal de su escuela se están haciendo cargo del cuidado y la alimentación de Marilyn, una perra que pertenecía a los balseros encargados del cruce de la Laguna Garzón. La construcción del puente los forzó a abandonar el sitio, y la mascota, que realizaba los viajes en la barca junto a ellos, se quedó sola. Laura se mostró preocupada por el futuro de Marilyn, porque no puede llevársela a su casa, y luego de Semana Santa la escuela cierra durante los días hábiles. Se busca que alguna organización se haga cargo de su cuidado.

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