Diyab: "Sé bien lo que estoy haciendo y voy a seguir este camino hasta el final"

El liberado de Guantánamo que está en huelga de hambre dijo que tiene esperanzas de ver a su familia para el Día del Musulmán, el próximo viernes

El exrecluso de Guantánamo, Jihad Diyab, sigue adelante con su huelga de hambre. Hace 28 días que no come y diez que no toma agua, para reclamar el reencuentro con su familia.

"No puedo enfocar bien, a veces me olvido de cosas y a veces no sé qué es lo que estoy haciendo. Me duele todo el cuerpo, particularmente los riñones. Siento tanto, tanto frío, y me siento muy débil. Mi cuerpo no está bien", describió Diyab durante una entrevista con La Diaria.

Vive en una casa del centro y en los últimos días se ha pasado acostado sobre un colchón en el suelo. La luz de la habitación le provoca dolor en los ojos y por tanto tuvieron que ponerle una lámpara más débil. A su costado tiene una alfombra que usa para rezar y una computadora con la que habla con su familia a través de Skype, describió La Diaria.

"Quiero decir algo y que los medios lo sepan: yo he pasado por una huelga de hambre en Guantánamo. Hay alguna gente de aquí que se pregunta cómo estoy vivo o cómo no entré en coma después de tanto tiempo sin comer ni beber. Sí, hay estudios médicos sobre eso, pero es teoría, no práctica como la que hice en Guantánamo. Me alimentaban forzadamente, pero no comí por 32 días y no tomé nada por 15 días. El último día estaba practicando deportes y de pronto me desmayé", dijo Diyab.

El sábado, el hombre había aceptado internarse en el Hospital de Clínicas, pero cuando llegó se negó a recibir atención y luego volvió a su apartamento "contra voluntad médica", contó la directora del hospital, Raque Ballesté.

En cuanto al motivo de ese cambio de opinión, Diyab señaló que una vez en el centro de asistencia lo pusieron en una habitación alejada, y no le cayó bien. "Cuando me llevaron me di cuenta de que me pusieron en un lugar alejado de la gente, como si quisieran que esté solo, lejos del mundo. Eso no me gustó, y me volví a casa", expresó.

"Oh, Alá, el matrimonio de mi hija va a ser el mes que viene y no podré ir, y estoy triste por eso. Y los extraño mucho", Jihad Diyab

"Yo sé que algunos medios no creen, o ven raro que pase diez días sin agua, pero es porque no lo practicaron. De todas formas yo sé bien lo que estoy haciendo y voy a seguir este camino hasta el final, porque deseo reunirme con mi familia en el lugar que quiero. Nadie me puede parar y no me importa lo que digan", agregó Diyab.

Cuando reza, el refugiado le pide a Alá -el dios de la religión musulmana- que pueda reencontrarse con su familia. "Le estaba pidiendo ayuda para encontrarme con mi familia pronto. Le pedí que me diera la paciencia para poder atravesar lo que estoy haciendo, y le dije a Alá que tengo esperanzas en que es el Día del Musulmán, que es el viernes que viene, me encuentre con ellos. Le dije: 'Oh, Alá, el matrimonio de mi hija va a ser el mes que viene y no podré ir, y estoy triste por eso. Y los extraño mucho'", concluyó en diálogo con La Diaria.

La semana pasada, un grupo de amigos de Diyab lo grabó en su casa, acostado, luego de haber sido dado de alta del Hospital Maciel, a donde fue ingresado ayer por la noche como consecuencia de su medida de protesta.

"Estuve preso bajo tortura durante 13 años por culpa del gobierno de Estados Unidos, que llegó a un arreglo con Uruguay. Me trajeron con la promesa de ver a mi familia y siguen jugando el mismo juego que estaban jugando en Estados Unidos, con más torturas y más prisión aquí en Uruguay", dijo en ese momento.

A fines de agosto Diyab viajó a Venezuela. Según dijo su objetivo era reencontrarse con su familia, pero al llegar a la embajada uruguaya en Venezuela, quedó detenido y fue deportado a Uruguay.



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